Un puente natural escondido en Tucumán: el espectáculo de un mirador a base de roca y cerros

Una de las joyas locales se encuentra guardada del acceso multitudinario. Tras una aventura, es posible llegar a una párabola obra de la erosión y dle tiempo.

Un tesoro natural en San Pedro de Colalao. Un tesoro natural en San Pedro de Colalao. Fuente: ConsejoalViajero

Quién sabe cuál es la ingeniería utilizada por el entorno virgen para construir un inmenso arco que se erige en la altitud de los cerros, pero el Puente del Indio es esa obra que carece de cálculos matemáticos. Esculpida por las manos del tiempo y la perseverancia del agua, su arquitectura forma una parábola que le sirve de portarretrato al cielo y al verde de las montañas que de a poco se diluyen en la llanura de San Pedro de Colalao.

A apenas unos 95 kilómetros de la Capital de Tucumán, en la comuna de Trancas, se encuentra este tesoro, inaccesible hasta concluir una caminata de unas seis horas. Su formación, elevada en la cumbre, encuadra las laderas de las Cumbres de Santa Bárbara, una de las maravillas escondidas de la zona.

Un sendero entre coníferas y arroyos

Para llegar al Puente del Indio se debe realizar una caminata algo extensa y de una dificultad media. No hay paso desperdiciado en este recorrido, ya que la flora comienza a envolver con su majestuosidad desde un inicio. Los bosques perennifolios se erigen cubriendo el firmamento, emulando los paisajes de la Patagonia. Los arroyos acompañan el compás de las pisadas.

El trayecto hacia este monumento silvestre es una invitación a la desconexión. Partiendo desde las cercanías del zoológico de San Pedro de Colalao, el camino obliga a vadear el río Tipas y el arroyo Angostura, un preludio húmedo y fresco que marca el ritmo de la aventura. Si se elige la época seca, el vehículo puede avanzar hasta la entrada de la estancia de pinos, pero desde allí, el protagonismo es exclusivo de las botas de trekking.

El ascenso final y un mirador único

A medida que se gana elevación, la vegetación se espesa y el mapa se vuelve difuso. El último kilómetro es, quizás, el que más pone a prueba la atención del visitante: las bifurcaciones se multiplican entre las sombras de los árboles y el uso de un track de navegación se vuelve un aliado indispensable para no perder el rumbo en las faldas de las Cumbres de Santa Bárbara.

Aunque la exigencia general se mantiene en un rango medio, el Puente del Indio guarda su mayor desafío para el final. Los últimos 200 metros son un ascenso vertical que no da tregua. Allí, la técnica se vuelve rudimentaria pero efectiva: avanzar "haciendo cangrejo", pegado a la roca, es la única forma de superar los tramos más escarpados. No es un terreno apto para quienes sufren de vértigo, pero es el peaje necesario para acceder al santuario.

Al llegar, la recompensa es una panorámica total. La formación rocosa, esculpida por la erosión implacable del viento y el agua, se revela como un mirador infinito. Allí arriba, el paisaje de la provincia se muestra en toda su dimensión, confirmando que esta es una de las joyas más auténticas y poco reconocidas del norte de la provincia.

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