“En Tucumán veía un techo”: era becaria del Conicet, se mudó a Boston y ahora es experta en datos

Daniela González estudió biotecnología en la UNT, hizo carrera científica pero decidió romper el camino tradicional. Esta historia forma parte de la serie “Qué estudiar hoy | Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma”.

DESDE ESTADOS UNIDOS. Daniela González decidió seguir su propio destino, por fuera de su provincia. / CORTESÍA DANIELA GONZÁLEZ DESDE ESTADOS UNIDOS. Daniela González decidió seguir su propio destino, por fuera de su provincia. / CORTESÍA DANIELA GONZÁLEZ
Victoria  Reinoso
Por Victoria Reinoso 27 Marzo 2026

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A más de 7.000 kilómetros y con una pantalla de por medio, Daniela González cuenta cómo es trabajar en el exterior. No se fue por curiosidad. Se fue porque sintió un límite. “En Tucumán veía un techo. No importaba cuánto me formara, había cosas que no podía hacer”, plantea. Biotecnóloga oriunda de Lules, formada en la Universidad Nacional de Tucumán, becaria del Conicet y hoy especialista en ciencia de datos aplicada a la biología en Boston, su recorrido condensa una tensión cada vez más frecuente: estudiar, especializarse y aun así no encontrar condiciones para desarrollarse.

A los 34 años, su vida ya es una sucesión de decisiones incómodas: cambiar de rumbo en plena carrera científica, emigrar con dos hijos y apostar por un campo que ni siquiera estaba en su radar cuando empezó. Esta historia forma parte de la serie “Qué estudiar hoy | Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma”, que recorre las tensiones entre formación, empleo y futuro en (o fuera de) Tucumán.

LEJOS DE TUCUMÁN. Daniela González, biotecnóloga tucumana, hoy trabaja con inteligencia artificial en Boston tras dejar la carrera científica tradicional en Argentina. / CORTESÍA DANIELA GONZÁLEZ LEJOS DE TUCUMÁN. Daniela González, biotecnóloga tucumana, hoy trabaja con inteligencia artificial en Boston tras dejar la carrera científica tradicional en Argentina. / CORTESÍA DANIELA GONZÁLEZ

“Me di cuenta de que no tenía las herramientas suficientes”

“Cuando terminé el secundario no sabía qué quería hacer”, recuerda. Probó con la idea de medicina, descartó biología pura y eligió biotecnología casi por intuición. “Era algo nuevo, me llamó la atención”, cuenta.

Ese “algo nuevo” terminó marcando todo. Se recibió en 2018 y entró al circuito esperado: beca doctoral del Conicet, laboratorio, investigación. El camino estaba trazado. Pero no duró mucho.

En medio del doctorado apareció una incomodidad difícil de ignorar. “Me di cuenta de que no tenía las herramientas suficientes para resolver los problemas que tenía en el laboratorio”, reconoce. Ahí empezó el giro.

Mientras la mayoría seguía el camino clásico —doctorado, postdoctorado, carrera científica—, Daniela hizo lo contrario: empezó a formarse en datos, programación y estadística.

La pandemia terminó de acelerar todo. “No podíamos ir al laboratorio. Necesitaba hacer algo desde la computadora. Ahí me metí en los datos y no paré más”, explica. Lo que empezó como una solución práctica se convirtió en una reconversión total.

DE PEQUEÑA. Desde Lules, antes de encontrar los límites que la empujarían a irse. / CORTESÍA DANIELA GONZÁLEZ DE PEQUEÑA. Desde Lules, antes de encontrar los límites que la empujarían a irse. / CORTESÍA DANIELA GONZÁLEZ

“Yo no quería seguir el camino tradicional”

El siguiente paso implicaba otra decisión incómoda: no hacer postdoctorado. “Yo no quería seguir el camino tradicional. Quería especializarme en datos”, afirma. En ese contexto apareció una oportunidad inesperada: una beca Fulbright.

“Mandé los mismos papeles que me habían rechazado antes. Y esta vez quedé”, relata. Eligió Boston por estrategia. No por casualidad. Es uno de los principales centros globales de biotecnología, un lugar donde la ciencia, los datos y la industria conviven.

Ahí hizo un máster en ciencia de datos, trabajó en una farmacéutica en Kendall Square y hoy se mueve en un espacio híbrido entre academia e industria.

EN EL LABORATORIO. Entre laboratorios, código y nuevas rutinas: así es la vida de una científica tucumana en Boston. / CORTESÍA DANIELA GONZÁLEZ EN EL LABORATORIO. Entre laboratorios, código y nuevas rutinas: así es la vida de una científica tucumana en Boston. / CORTESÍA DANIELA GONZÁLEZ

“La credencial académica ya no es suficiente”

Hoy su rol sería difícil de explicar hace diez años. “¿Viste cuando tomás dos medicamentos juntos y te hacen mal? Yo uso inteligencia artificial para modelar eso y evitarlo”, resume.

Trabaja en la intersección entre biología, datos e inteligencia artificial. Un perfil híbrido que, según ella, ya no es excepción sino necesidad.

“En mi equipo todos son programadores. Yo soy la única que viene de la biología. Ese puente es clave”, señala.

Su experiencia también pone en crisis una idea muy instalada. “Hoy la credencial académica ya no es suficiente. Necesitás diferenciarte”, advierte.

Y describe un mercado laboral más duro de lo que parece, incluso en tecnología: “Los puestos junior prácticamente desaparecieron. La inteligencia artificial está automatizando lo básico y eso sube muchísimo la vara”, sostiene. El resultado es un embudo: más gente formada, menos puertas de entrada.

“Hoy puedo ayudar más desde acá que estando allá”

La decisión de emigrar no fue solo profesional. “Sacrifiqué que mis hijos crezcan cerca de su familia”, admite. La distancia pesa. La vida cambia. “Me encantaría terminar de trabajar, cerrar la computadora y tener a toda mi familia atrás, comiendo un asado”, confiesa. Esa escena simple —cotidiana en Tucumán— hoy es imposible.

Pero también aparece otra lógica: “Quiero que crezcan sabiendo que pueden pertenecer a cualquier lugar del mundo”, reflexiona.

Aun así, Argentina sigue presente. No como nostalgia, sino como problema sin resolver. “Hoy puedo ayudar más desde acá que estando allá”, asegura.

Cuando habla de Tucumán, el conflicto aparece sin rodeos. “Tendría que crear un equipo desde cero. No es solo infraestructura. También hay competencia por recursos escasos. Eso genera egos y dificulta el trabajo en equipo”, analiza.

El diagnóstico es incómodo, pero claro: no alcanza con formar talento si no hay condiciones para sostenerlo. Aun así, no descarta volver. “Me encantaría hacer ciencia de punta en Tucumán. Es mi sueño. Pero tienen que cambiar muchas cosas”, concluye.

“No te quedes solo con lo que te da la carrera”

Para Daniela, la inteligencia artificial no solo cambia trabajos. Cambia cómo pensamos. “Te ahorra tiempo, pero también puede condicionarte en tu forma de pensar. Eso es lo más peligroso”, advierte.

Entre el entusiasmo y la preocupación, su mirada es ambivalente: más herramientas, pero también más responsabilidad.

No habla de vocación romántica ni de carreras “seguras”. “Construí herramientas que te diferencien. No te quedes solo con lo que te da la carrera”, recomienda.

Su historia —como la de tantos hoy— no es la de alguien que siguió un camino trazado, sino la de alguien que tuvo que abrir el suyo.

Producción audiovisual: Agustina Garrocho y Álvaro Medina.

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