BEIRUT, Líbano.- El gobierno libanés está debilitado por una guerra que no ha elegido, acorralado por Israel, que busca destruir a Hezbollah, como por esta formación proiraní, que endurece sus posiciones.
El Líbano se vio arrastrado el 2 de marzo a la guerra regional con Irán por un ataque de Hezbollah contra Israel, cuyas represalias causaron desde entonces 1.000 muertos y más de un millón de desplazados.
Las autoridades libanesas se enfrentan a una elección brutal: “enfrentarse al Hezbollah o ver cómo Israel lo hace en su lugar”, estima Faysal Itani, analista del Middle East Policy Council con sede en Estados Unidos. “Los israelíes han hecho saber” a través de la coordinadora especial de Naciones Unidas en el Líbano, Jeanine Hennis-Plasschaert que quieren “la aniquilación de Hezbollah”. Pero “el desarme del movimiento no puede hacerse de la noche a la mañana”, subraya ella.
El gobierno tomó medidas inéditas desde el 2 de marzo. Ha prohibido las actividades militares de Hezbollah y la presencia de los Guardianes de la Revolución iraníes que, según el primer ministro Nawaf Salam, dirigen operaciones del grupo. El martes, las autoridades decidieron expulsar al embajador de Irán, lo que enfureció a Hezbollah.
Evitar una confrontación
El grupo, según una fuente cercana, pidió al emisario que ignorara la medida y permaneciera en Líbano. Detrás de estos anuncios, sobre todo teóricos, el gobierno quiere evitar una confrontación con el grupo que tiene una poderosa base popular dentro de la comunidad chiita, con el fin de preservar la cohesión del frágil ejército.
“Las autoridades libanesas están preocupadas por preservar la paz civil y no dejarse arrastrar en enfrentamientos internos”, explica la fuente oficial.
“Si se enfrentan (a Hezbollah), hay un riesgo de escisión comunitaria dentro de las fuerzas armadas”, señala Faysal Itani.
El ejército se había escindido sobre bases confesionales en 1976, durante la larga guerra civil. El arsenal del Hezbollah es la manzana de la discordia en Líbano.
El ejército anunció en enero haber completado el desmantelamiento de las infraestructuras militares de Hezbollah entre la frontera israelí y el río Litani, a unos treinta kilómetros más al norte.
Pero resulta que Hezbollah sigue presente en esta región, donde sus combatientes dicen oponerse a la progresión de las tropas israelíes en la zona fronteriza.
Para Israel, el ejército libanés, que se retiró a principios de marzo de zonas fronterizas para no verse arrastrado a la guerra, “ha perdido toda credibilidad”, dice Itani.
Israel ocupó toda la parte entre la frontera y el río Litani, para “garantizar su seguridad”, como hizo en la franja de Gaza.
El líder del grupo proiraní, Naim Qasem, criticó duramente al gobierno porque considera que “criminaliza” la acción militar de su grupo. Otro alto cargo lo comparó con el régimen de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial en Francia, que colaboró con los nazis que ocupaban media Europa.
Hezbollah, que ha pasado bajo el control de los Guardianes de la Revolución, radicaliza sus posiciones, afirma un diplomático occidental. Por el momento, explica una fuente oficial, “el Estado libanés no puede hacer nada más que intentar, mediante contactos diplomáticos, evitar que el Líbano sufra ataques a las infraestructuras esenciales”, explica la fuente oficial.
























