La huella de Independiente: el sueño de un barrio que se hizo club en Tafí Viejo

  • Cristofer Delmidio fundó en 2023 el club Independiente en Villa Dolores, Tafí Viejo, para brindar contención social y deportiva a jóvenes que quedaban fuera del fútbol local.
  • Tras intentos fallidos en 2015 y 2019, el proyecto se consolidó con personería jurídica. La entidad usa espacios públicos y el esfuerzo vecinal para desarrollar su infraestructura.
  • Tras disputar una final por el ascenso, el club busca afianzarse como un faro de identidad barrial que aleje a los jóvenes de la calle y las adicciones mediante el fútbol.

SUEÑO TAFICEÑO. Independiente de Villa Dolores es una realidad, y contiene a decenas de niños que sueñan con jugar al fútbol en su barrio. SUEÑO TAFICEÑO. Independiente de Villa Dolores es una realidad, y contiene a decenas de niños que sueñan con jugar al fútbol en su barrio.
Hace 1 Hs

Caminar por las calles de Villa Obrera en un atardecer taficeño hace que uno comience a entender que algo cambió en el mapa del fútbol tucumano. Además del amarillo y negro tradicional de Talleres, el color rojo empieza a asomarse en las paredes. No es el rojo de San Martín ni de los clubes centenarios que ya conocemos; es un rojo nuevo, fresco, pintado a pulmón en murales que llevan un nombre que suena cada vez más fuerte: Independiente.

En las entrañas de la Villa Obrera se encuentra el sector denominado Villa Dolores. Al llegar a la plaza, la escena rompe cualquier protocolo dirigencial. No hay una oficina ni un escritorio tapado de papeles. Hay juegos para niños con los colores del club, una cancha abierta, el sonido de los tapones contra el cemento antes de pisar el pasto y un hombre de 34 años que corre igual o más que los jóvenes que lo rodean. Es Cristofer Delmidio, el futbolista que en 2023 decidió que ya no era suficiente con soñar: había que fundar una institución.  

La huella de Independiente: el sueño de un barrio que se hizo club en Tafí Viejo

El sueño que necesitó tres vidas

La historia del club fue una carrera de obstáculos que duró casi una década; una obsesión que tuvo que madurar a golpes. "En 2015 lo intentamos por primera vez", relata el mediocampista, quien recuerda que en aquel entonces desconocían los procesos legales y el proyecto terminó diluyéndose por motivos personales.

Hubo un segundo intento en 2019, apostando a las infantiles y al fútbol femenino, pero la estructura todavía era frágil. Recién el 30 de junio de 2023, con la experiencia cosechada en esos tropiezos previos, el proyecto se consolidó definitivamente. El sentimiento venía de mucho antes, de esas tardes en la histórica "cancha de Independiente", un predio popular donde durante décadas se defendió el honor del barrio en torneos amateurs. Hoy, esa manzana es el epicentro del nuevo proyecto.

El nombre fue otra batalla. En Tafí Viejo ya existía un "Club Atlético Independiente" fundado en 1933, lo que generaba un conflicto en la Dirección de Personas Jurídicas. "No nos dejaban usar esa palabra específica", explica Cristofer. La solución fue un giro semántico que hoy es marca registrada: Club Social y Deportivo Los Independientes. Para la ley y los papeles, son Los Independientes; para el barrio y el corazón de los vecinos, son simplemente Independiente.

Una oportunidad para los que se quedaban afuera

Tafí Viejo tiene tres gigantes. Villa Mitre, Talleres y Juventud Unida mandan en el imaginario popular con sus 100 años de historia. Entonces, ¿para qué fundar otro club a pocas cuadras de instituciones ya consagradas? La respuesta es política y social: la contención. "Yo futbolísticamente nací en Talleres, hice todas las inferiores ahí. Los tres siempre se nutrieron de jugadores de acá, pero aun así veía que muchos chicos del barrio quedaban afuera sin jugar, no había posibilidad para todos", sostiene Delmidio.

“Con mi grupo de amigos queríamos dejar una huella, dejar algo para la sociedad, porque si bien esto yo lo fundé, luego pasará a ser puramente de los hinchas”, manifiesta.

La entidad nació para ser el refugio de los que no tenían espacio en las estructuras tradicionales, convirtiéndose rápidamente en una barrera contra la calle y las drogas. "Muchos chicos a los que otros clubes les habían cerrado las puertas, dejaban el fútbol y empezaban a dar malos pasos. Hoy muchos se revalorizan jugando aquí y los vienen a buscar de otros equipos, incluso de San Miguel", asegura con orgullo.

La estructura interna es pura mística de barrio. Mientras Cristofer se encarga de generar juego en la mitad de la cancha, su mejor amigo de toda la vida, Raúl Sarapura, ejerce la presidencia. "Yo no podía ser presidente y jugar, así que él tomó el mando", confiesa entre risas. Pero ser el fundador-jugador en el ascenso tucumano implica tareas que ningún jugador de élite aceptaría: es él quien se encarga de que haya agua para los entrenamientos y, muchas veces, es su propia madre quien lava la ropa del equipo para que luzca impecable el domingo.

Un clásico amistoso

Parecido a lo que sucede en Avellaneda, en Tafí Viejo la cancha de Villa Dolores se encuentra a unos 200 metros del estadio de Talleres. Pese a la naciente rivalidad deportiva, la convivencia con uno de los históricos de la ciudad es de respeto mutuo. "Tenemos una buena relación con Talleres. Ellos nos alquilan la cancha, y al presidente lo conozco de chico. Él nunca me negó nada y me dio el pase de todos los chicos que quisieron venir a jugar acá", explica Delmidio.

Esta armonía se ve en las calles: es normal ver chicos con la camiseta de Talleres en la plaza de Independiente, o pibes con la roja caminando por las inmediaciones de la cancha del "León". Pero el futuro promete una identidad propia y más marcada.

"Muchos hinchas veteranos nos ayudan pero te aclaran: 'yo soy de Talleres', y es entendible. Pero las nuevas generaciones ya dicen que de grandes quieren jugar en Independiente y disputar el clásico con Talleres. De acá a diez años vamos a tener muchos más hinchas", sostiene.

Perder una final, ganar un pueblo

El salto del fútbol de barrio a la competencia federada no fue fácil. Los primeros tiempos costaron porque el nivel de la "B" liguista exige una preparación física y táctica superior.

El 2025 fue el año del gran estallido deportivo. Independiente llegó a la final por el ascenso contra un peso pesado como Ñuñorco. Ese día, Tafí Viejo se tiñó de rojo. "Sentimos el apoyo de toda la ciudad. Se acercaba gente de otras hinchadas a darnos aliento, los vecinos hacían murales y banderas por su cuenta. De eso se trata, que al club lo termine haciendo grande la gente que lo sigue", reflexiona. Aunque el ascenso se escapó, la semilla de la pertenencia comenzó a germinar.

Un legado que corre por la banda

El futuro de la institución se construye hoy entre ladrillos y sueños. Aunque practican en la plaza —un espacio que juran que jamás será privatizado y seguirá siendo el lugar de todos— ya están en marcha las obras para los vestuarios y el cercado perimetral. "Soñando en mi mente, yo creo que se puede jugar acá la Liga en un futuro, quizás con una tribunita y un lugar bien cuidado para que los chicos se bañen", proyecta.

Cuando el sol comienza a esconderse y los jugadores se retiran cansados, Cristofer mira a su hijo Alan, de 8 años, que ya entra a la cancha a calentar con los más grandes. El anhelo máximo no es una copa, sino compartir equipo con él: "Tendré que aguantar hasta los 42 o 43 años por lo menos para poder jugar juntos".

Para Delmidio, el esfuerzo vale la pena si el club trasciende nombres y épocas. "La idea es que esto quede, y que de acá a 100 años se recuerde que hubo un grupo de chicos que se animó y que pudo”, afirma. “Económicamente no ganamos plata, pero ganamos respeto y reconocimiento, y que el barrio se conozca en toda la provincia", finaliza.

En palabras del fundador, la clave es simple: si lo podés ver en tu mente, lo podés materializar. Y, en Villa Dolores, el rojo de Independiente ya es una realidad que nadie puede ignorar.

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