Los jóvenes tucumanos y la espiritualidad: ¿Están alejados o cerca de ella?
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Jóvenes y especialistas de Tucumán analizan en Semana Santa el vínculo de la Generación Z con la fe, marcada por un alejamiento institucional pero una persistente búsqueda espiritual.
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Tras la pandemia y el auge digital, la espiritualidad se diversifica hacia prácticas individuales y redes sociales, pese a la pérdida de sentido comunitario señalada por expertos.
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El desafío futuro de la Iglesia radica en adaptar su lenguaje y acogida a las nuevas demandas de los jóvenes, quienes priorizan el encuentro personal y digital sobre lo dogmático.
Miembros de la Juventud Parroquial)
Claudio Bollini, doctor en Teología y profesor en la UCA, reflexionó en el 2008 que en las grandes ciudades habían tres factores que complicaban el acceso a la fe y a la espiritualidad: la pérdida del sentido de gratitud, la degradación de la idea de comunidad humana y el crecimiento del individualismo y el menosprecio del sentido del misterio. Tres factores que hoy, casi 20 años después de su tesis, parecen haberse trasladado a la mayoría de los sectores de la sociedad tras el avance de la tecnología y el incremento de aceleración en los ritmos de vida.
Visitar una iglesia en 2026 y dar un vistazo rápido tendrá como resultado una postal similar en más de una ocasión: los asientos están ocupados, en su mayoría, por personas mayores. A simple vista da a pensar que los jóvenes están alejados de los templos religiosos y a causa de ello surgen varias preguntas, ¿los jóvenes están lejos de lo espiritual?, ¿los jóvenes ya no creen en Dios?, ¿acaso las nuevas generaciones empezaron a buscar respuestas en nuevos lugares?. La respuesta: sí y no.
“Es una realidad que los jóvenes se alejaron, muchos de ellos ven a la Iglesia como algo viejo y carente de testimonio, además, muchos tienen realidades duras y la falta de oportunidades los desmotiva. Cuando yo era joven, el mundo parecía ser un lugar lleno de oportunidades y lo veíamos de un modo más humano”, dice Roberto Ferrari, obispo auxiliar de Tucumán. Sin embargo, reconoce que en el último tiempo la juventud creyente se ha empezado a expandir y lo graficó con un ejemplo: “Hoy en Tucumán volvemos a sentir la participación, esta semana hubo cientos de jóvenes participando de la Pascua Joven en distintos lugares de la provincia. Estamos hablando de casi 800 jóvenes que se mostraron 100% involucrados y comprometidos con la espiritualidad”.
El ejemplo que pone el obispo no pareciera ser una coincidencia, pues Luis Zazano, cura e influencer, asegura que “desde el 2021 la juventud empezó a acercarse gradualmente a la religión. Además, el efecto postpandemia generó que varios quieran hacerse más estoicos o espirituales”. Según explica, en los últimos años se registró incluso un aumento en bautismos de personas jóvenes en lugares donde la fe parecía haberse debilitado, Tucumán entre ellos.
Entre la fe y la institución
Según una encuesta realizada por el Conicet en 2019, la cantidad de católicos en la Argentina había caído del 76% al 62% entre 2008 y 2019, y de ese total tres de cada cuatro no iba nunca a la iglesia o sólo en ocasiones especiales. En cuanto a la edad, el mayor número de personas sin religión se encontraba en los jóvenes de entre 18 y 29 años, la franja etaria con menor número de católicos (52,5%).
Por otra parte, pasada la pandemia, el departamento PULSAR de la UBA publicó un informe sobre creencias sociales de los argentinos. En este paper se detalla que tres de cada cuatro argentinos creen en Dios, pero solo la mitad reza con frecuencia y que la invocación a las deidades está en baja, especialmente entre los más jóvenes. Sin embargo, también asegura que la espiritualidad no necesariamente necesita iglesias: es emocional, transversal y cultural. El 68% de los encuestados cree en los milagros, mientras que el 39% cree en fantasmas o espíritus. Además, llama la atención el dato sobre la astrología: el 12% de los argentinos consulta el horóscopo, pero el 95% sabe de qué signo es.
Las declaraciones de los curas y los números de las encuestas dejan en evidencia que la espiritualidad para los jóvenes -y para los argentinos en general- empezó a presentar fluctuaciones posterior a la pandemia.
Pero entonces, ¿hay más o menos religiosos? Para responder a esa pregunta se puede recurrir al último informe difundido por el Vaticano en octubre de 2025, que anunció que la tendencia a la baja en la cantidad de fieles había cambiado: de 2024 a 2025 se registró un incremento de más de 15 millones de creyentes alrededor del mundo, siendo América el segundo continente con mayor crecimiento.
Paralelamente, las clases medias y altas han sido permeadas por las espiritualidades alternativas. Más que una estructura religiosa rígida, estas se manifiestan como una “espiritualidad a la carta” que se integra con otros sistemas de creencias. A pesar de que su carácter heterogéneo complica la medición estadística, el auge de disciplinas como la meditación, el yoga o la astrología ha dejado de ser un nicho para convertirse en un fenómeno cultural extendido que puede verse reflejado en redes sociales.
Espiritualidad en la era digital
Para el sacerdote Luis Zazano, las transformaciones culturales también explican el vínculo actual entre juventud y religión. “Los sociólogos hablan de una generación de cristal. Creció el suicidio juvenil y hay una gran ausencia humana. En ese contexto lo espiritual empieza a dar respuestas”, afirma.
Según explica, las preguntas existenciales siguen presentes, aunque muchas veces aparecen con nuevos formatos. “Muchos jóvenes me preguntan qué pueden leer, qué serie pueden ver o qué hacer para sentirse mejor. Hay tres cuestiones que aparecen mucho: la parte afectiva —por qué nadie me quiere—, la identidad —no sé quién soy— y la búsqueda de la palabra”.
El sacerdote, que evangeliza en redes sociales, sostiene que el mundo digital se transformó en un nuevo espacio de encuentro espiritual. “Ya se ha convertido en un espacio de espiritualidad. Hay gente que reza el rosario online, hay aplicaciones para hacerlo. Pero el verdadero desafío de la Iglesia es pasar de lo individual a la comunidad, porque el ADN de la Iglesia es comunitario”, explica.
En esa línea, Ferrari también considera que la cultura digital abre nuevas posibilidades. “El Papa Francisco decía que la cultura digital son las nuevas plazas. Son espacios donde los jóvenes están presentes y donde también se puede hablar de espiritualidad”, afirma.
Sin embargo, advierte que el desafío está en comprender el lenguaje de las nuevas generaciones. “Si algo caracteriza a los jóvenes es que su vida está marcada por los sueños. Como Iglesia debemos aprender a captar esos anhelos y acompañarlos”.
¿Crisis de fe o crisis cultural?
Para la profesora de Teología y Humanística de la UNSTA, María Laura Toledo, el fenómeno es más profundo que una simple crisis generacional.
“La crisis de la espiritualidad no es un problema exclusivo de los jóvenes, sino de la cultura contemporánea en general. El problema hoy es el acceso a la pregunta misma por Dios y por lo trascendente”, explica.
Según señala, la fe no surge de forma aislada sino a través del encuentro con otros. “La fe tiene que ver con el testimonio y con la experiencia compartida. Cuando los jóvenes tienen un verdadero acercamiento a la Iglesia, muchas veces se sorprenden positivamente porque se caen muchos prejuicios”.
La académica también menciona otro factor cultural: la pérdida de la capacidad de contemplación. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han sostiene que la crisis religiosa actual es también una crisis de la atención. En una sociedad dominada por estímulos constantes, la contemplación —condición necesaria para la experiencia espiritual— se vuelve cada vez más difícil.
“Hoy saltamos de un estímulo a otro constantemente. Esa distracción permanente dificulta el encuentro con lo trascendente”, sostiene Toledo.
Lo que dicen los jóvenes
Más allá de los análisis académicos o religiosos, la relación entre juventud y espiritualidad también se construye en experiencias personales.
Para Cristian Urtiaga, de 24 años, la fe está ligada a una convicción íntima. “Creer en lo bueno siempre fue importante para mí. Es algo que me ayuda a crecer como persona y que me da alivio. Cada persona es dueño/a de simplificar y buscar lo que verdaderamente quiere para su vida”, afirma.
Raúl Gómez, de 20 años, coincide en que la fe puede convertirse en un sostén frente a la incertidumbre y lo toma como su identidad. “Muchas veces ser joven y creyente te hace sentir parte de una minoría, pero también lo vivo como algo que me identifica y me da fuerza”. Además, Gómez dijo: “Siento que muchos chicos de mi edad están un poco alejados de la espiritualidad porque viven en un mundo que va muy rápido y deja poco espacio para el silencio y el encuentro interior. Aun así, creo que en el fondo hay una búsqueda, una necesidad de algo más profundo que muchas veces no saben cómo expresar o dónde encontrar.”
Otros jóvenes, en cambio, diferencian entre la creencia en Dios y la institución religiosa. Lázaro Vaca, músico de 22 años, explica: “Creo en Dios, pero no soy un practicante activo. Si tengo que elegir, diría que muchos jóvenes no dejaron de creer en Dios, sino que dejaron de creer en la Iglesia”.
Una postura similar tiene Marcos Dellamaggiora, conductor de Uber de 22 años. “Creo en Dios, pero hoy cuando quiero pedirle algo lo hago desde mi casa. Antes iba a la iglesia, ahora cada uno vive su espiritualidad a su manera”.
También aparecen miradas críticas. Lourdes, estudiante universitaria de 24 años, considera que el problema está en la falta de adaptación de la institución religiosa. “Los valores del catolicismo son muy buenos, pero la Iglesia como institución quedó obsoleta y no encuentra la forma de representar a las nuevas generaciones”. También hizo referencia a la comunidad LGBT, “con la llegada de Francisco la iglesia supo dar un avance enorme pero aun así son muy pocos los miembros de la iglesia que buscan dar contención a la comunidad. Seguimos siendo discriminados y mal vistos por sus fieles mas ortodoxos, deberían renovarse pero es un camino que no todos están listos para tomar. Dios no es quien juzga si no quien perdona y acompaña, los que juzgan siempre fuimos los humanos”
Entre la búsqueda y el desencanto
A pesar de las diferencias, hay un punto en común entre las distintas voces: la búsqueda espiritual sigue presente, pero algo ha cambiado.
Algunos jóvenes la encuentran dentro de la religión organizada, otros en experiencias más personales o en nuevas formas de espiritualidad.
“La mayoría de los jóvenes cree en Dios”, sostiene Toledo desde su experiencia en el ámbito universitario. “Después queda la aventura de descubrir qué relación tener con Él”.
En ese mismo sentido, Ferrari concluye: “No se empieza a ser cristiano por una idea o por una ética, sino por un encuentro”
Cuando se habla de religión y de la juventud es complicado llegar a una conclusión, las aristas son muchas y las experiencias y perspectivas varían según la persona, pero lo cierto es que en un mundo tan cambiante y acelerado, la necesidad de sentido persiste y continúa atravesando a las nuevas generaciones que, a su manera, buscan la manera de entender el mundo y entenderse a ellos mismos.




















