Hija querida: Hay fechas que no pasan, que se quedan latiendo en el alma como el primer día. El 3 de abril es una de ellas. Y aunque el tiempo siga avanzando, vos seguís estando en cada rincón de mi vida. Te nombro, te pienso, te busco. Y en esa búsqueda también encontré un camino: transformar el dolor en lucha, en fuerza, en algo que ayude a otros. Nada de esto borra tu ausencia, pero le da sentido a cada paso que doy. A veces me pregunto cómo serías hoy. Y en esa pregunta aparece Sol Micaela. Fuerte, valiente, creciendo, construyendo su propio camino. Una mujer que avanza, que sueña, que lucha por lo suyo. En ella también estás vos. Tu historia nos cambió la vida, pero también nos enseñó a no rendirnos. A seguir, incluso cuando todo duele. A convertir el amor en motor. Hoy, como cada día, sigo de pie. Por vos. Por todas. Porque hay algo que nunca pudieron quitar: el amor de una madre… y la certeza de que te voy a seguir buscando siempre. Con todo mi amor, Mamá.
Susana Trimarco
comunicacion.fundacionmdla@gmail.com

















