¿“El Pablo Escobar de Brasil”, detrás del crimen de Érika?
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Mayra Álvarez vinculó al narco Luiz Carlos da Rocha, 'Cabeza Blanca', con el asesinato de su hermana Érika en Tucumán tras aportar datos clave sobre su posible implicación.
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Da Rocha, detenido en 2017 y apodado el Pablo Escobar brasileño, es investigado por nexos con el crimen. La hermana de la víctima aportó detalles sobre esta peligrosa conexión.
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El caso revela la posible incidencia de redes de narcotráfico internacional en la región. Se espera que los nuevos testimonios permitan avanzar en el esclarecimiento del homicidio.
UN MISTERIO. El brasileño Luiz “Cabeza Blanca” da Rocha, cuando fue detenido en 2017.
Luiz Carlos da Rocha fue detenido en una ciudad de Mato Grosso en julio de 2017, en uno de los mayores operativos antinarcóticos de la historia de Brasil. Sobra bibliografía sobre su vida y detalles de las operaciones que llevaba adelante, pero nada de lo que fue de su suerte procesal. Es más, no existe información fehaciente sobre si sigue vivo. El femicidio de Érika Antonella Álvarez lo ubicó en Tucumán, provincia que podría haber elegido para ocultarse y seguir realizando operaciones de narcotráfico a nivel internacional.
Sin embargo, la hermana de la víctima, Mayra Álvarez aportó variada información sobre “Cabeza Blanca”. Datos que coinciden con varias investigaciones que se hicieron sobre el llamado “Pablo Escobar de Brasil”. “Cuando ella lo conoció, él tenía otro nombre. Pero como ella era muy curiosa y no le gustaba la falsedad, empezó a investigar y revisar los papeles que él tenía. Se encontró con muchos papeles y documentos que tenían la cara de él, pero con diversas identidades. Uno de ellos decía Luiz Carlos da Rocha. Creo que después encontró algo más y de ahí se agarró para llamarlo Carlos”, explicó. “Él se reía cuando ella le decía que había descubierto quién era”, añadió.
Da Rocha no es un narco más. Fue acusado de dirigir una organización que traficaba unos 5.000 kilos de cocaína por año a países de Europa y, probablemente, Oceanía. Con su organización montó estructuras criminales en diferentes países del continente, especialmente Paraguay, donde fue acusado de montar una compleja red de lavado de activos.
COMPLICADO. Felipe “El Militar” Sosa estaría cada vez más comprometido.
La hermana de la víctima también relató otra costumbre que tienen los narcos cuando están escapando de la justicia. “Érika decía que no tenía un lugar fijo. Alquilaba varios lugares o se quedaba a dormir en la casa de sus amigos o en la de mi hermana. Uno de esos sitios era la casa de El Cadillal. Ahí se hacían fiestas formales; iban personas grandes”, destacó en su declaración.
Carlos Garmendia, representante legal de la familia Álvarez, en un planteo que hizo para que la Justicia Federal investigara la línea narco, habría presentado pruebas sobre estos encuentros. Se trataría de fotografías en las que también aparecerían funcionarios policiales tucumanos y de Santiago del Estero.
Otro dato: por las investigaciones de los brasileños, que estuvieron más de 30 años buscando a Da Rocha, se sabe que el narco se hizo varias cirugías plásticas para poder vivir en la clandestinidad. “Ella nos contó que era de Brasil y que era un gran narcotraficante. No parecía operado, pero sí tenía la cara lisa para ser un hombre de 60 años”, reconoció la hermana de la joven.
Familiero
La familia de Érika también conoció a “Cabeza Blanca”. Mayra relató que en junio de 2024, el narco brasileño los invitó a todos a la casa de la villa turística para festejar el cumpleaños de la víctima. “Esa fue la única vez que él se mostró tanto. Fue al supermercado Comodín a comprar las cosas junto con ‘Anto’ y de ahí pidieron un Uber hasta la casa de El Cadillal”, declaró Mayra.
Según su testimonio, en esa reunión participaron sólo los parientes más cercanos y hasta se quedaron a dormir. “Empezó temprano, a la mañana. Él era muy bueno con nosotros. Él hizo el asado. Se notaba que Carlos era muy de familia. Compartía, hablaba, pero yo mucho no le entendía por el acento que tenía. Pero contaba muchas cosas. Por ejemplo, las comidas y los vinos que había probado”, señaló.
“Esa noche llegó alguien a la casa, pero no entró. Lo buscaban a él, no sabemos para qué. Él siempre hablaba por teléfono, lo hacía en otro idioma, el mismo que hablan en Paraguay. Todo fue tranquilo ese fin de semana”, contó.
Mayra también repitió una y otra vez que “Cabeza Blanca” cuidaba de su hermana. “Nunca le dio droga para que llevara de un lugar a otro porque ella tenía problemas de adicción. Sí le daba marihuana, pero para que consumiera”, destacó. “Érika, en un momento, quería ponerse pechos. Él le dijo: ‘vos dejás de consumir y yo te pago la operación’. Él sí la mantenía económicamente, pero dejó de entregarle plata cuando se dio cuenta de que la gastaba con los transas del barrio. Sólo le daba lo mínimo para que pudiera comer”, reveló en su declaración.
El negocio
Mayra fue la encargada de despejar una de las dudas que se generaron en la investigación: ¿cómo hizo Érika para conocer a “Cabeza Blanca”? “Se la presentó un chico que se llama Omar, que estaba metido en el negocio de las criptomonedas. Él incluso le pagó a mi hermana y a una amiga suya un viaje a Buenos Aires. No sabemos para qué lo hizo”, declaró la joven.
Este no es un dato menor. El fiscal federal Agustín Chit lleva adelante una investigación en la que están acusados cuatro tucumanos de haber lavado activos para el Comando Vermelho, una de las organizaciones narcocriminales más fuertes de Brasil. Según el expediente, ingresaban millonarias sumas de dinero provenientes de diferentes actividades ilícitas al mercado financiero legal. El mecanismo utilizado para concretar la maniobra era, justamente, la compra y venta de criptomonedas.
Al parecer, “Cabeza Blanca”, refugiado en tierras tucumanas, nunca dejó de operar. Un testigo, cuyo nombre se mantiene en reserva, dijo que el novio de Érika era un tipo muy pesado que hacía transportar grandes cantidades de droga a través de vuelos narcos. Según su testimonio, las avionetas aterrizaban en campos de esta provincia y de Santiago del Estero. Al parecer, los investigadores no le dieron mucha importancia a sus dichos por ser una persona que tenía severos problemas de adicción.
Fue la hermana de Érika la que terminó despejando todas las dudas. “Cuando Carlos tenía que hacer negocios pesados, ella estaba presente. Él la presentaba como su pareja y, durante esos negocios, ella le decía cosas como ‘no hagás negocios con este porque te va a traicionar’. Ella investigaba y cuando le daba mala espina algo, le decía y él le hacía caso”, declaró la hermana de la víctima. “Ahí empezó a hacerse de muchos enemigos; entonces, era como que Carlos le mandaba gente para protegerla”, finalizó.
Mañana se cumplirán tres meses del femicidio de Érika. Puede transformarse en un caso bisagra en la historia criminal de Tucumán y de todo el NOA. Su investigación es un indicio más del avance de las organizaciones criminales brasileñas en la región.



























