Cómo la tecnología pasiva podría aumentar el riesgo de sufrir demencia

  • Investigadores vincularon en el American Journal of Preventive Medicine el consumo pasivo de tecnología con un mayor riesgo de demencia tras analizar a 20.000 adultos por décadas.
  • El riesgo radica en la inercia mental frente a pantallas. Sustituir una hora de consumo pasivo por actividades que exijan resolver problemas o crear reduce el riesgo entre un 7% y 11%.
  • La salud cerebral dependerá de la intencionalidad al usar dispositivos. Fomentar la curiosidad y el aprendizaje activo hoy es clave para fortalecer la reserva cognitiva a futuro.

Los expertos advierten sobre la manera en que usamos las pantallas. Los expertos advierten sobre la manera en que usamos las pantallas. (Imagen web)

Estamos conectados aunque no lo queramos. Pese a que por una decisión deliberada nos propongamos mantenernos offline o despojarnos de las pantallas por un tiempo. Y mientras las notificaciones siguen sonando y el televisor aún está encendido de fondo, nuestra capacidad de pensar se va deteriorando, a medida que nada de lo que hacemos, al final, tiene nuestra verdadera intención ni en ella está puesta nuestra facultad de discernir.

Ver la televisión o usar el celular puede no ser el principal problema, sino más bien lo que hacemos con ellos. Para la ciencia existe un abismo entre escuchar música de fondo y cantar siguiendo el ritmo o lo que dictan las letras. La diferencia radica en el esfuerzo. Según un reciente estudio publicado en el American Journal of Preventive Medicine, que siguió a más de 20.000 adultos durante casi dos décadas, existe una distinción crucial entre el sedentarismo mentalmente pasivo y el activo. No es lo mismo estar desparramado en el sillón dejando que el algoritmo de Netflix decida qué vemos, que permanecer sentado frente a un tablero de ajedrez, completando un crucigrama o incluso tejiendo.

El escudo protector contra el deterioro cognitivo

El riesgo no es el descanso, sino la inercia. Los investigadores descubrieron que quienes dedican la mayor parte de su tiempo libre a actividades pasivas —como ver televisión sin interacción o scrollear redes sociales sin rumbo— presentan una probabilidad significativamente mayor de desarrollar demencia a largo plazo. En cambio, aquellas tareas que exigen resolver problemas, interactuar o crear, actúan como un escudo protector para nuestras neuronas.

Leana Wen, experta en bienestar, sugiere que el cerebro se comporta como un músculo: se beneficia del desafío. Cuando nos sumergimos en actividades que requieren atención y procesamiento de información —leer un libro, aprender un idioma o participar en una charla profunda con un amigo—, fomentamos la reserva cognitiva. Esta es, básicamente, la capacidad del órgano para adaptarse y compensar el desgaste natural del tiempo.

Pequeños cambios de cómo usamos la tecnología 

Los números del estudio son reveladores y nos dan una hoja de ruta sencilla: reemplazar apenas una hora de ocio pasivo por una hora de estimulación mental reduce el riesgo de demencia en un 7%. Si a ese esfuerzo intelectual le sumamos algo de actividad física, el beneficio escala hasta un 11%.

¿Significa esto que debemos tirar el televisor o borrar las aplicaciones? No necesariamente. El secreto está en la intencionalidad. Usar la computadora para aprender una nueva habilidad o conectarse genuinamente con seres queridos no cuenta como "tiempo muerto". El enemigo silencioso es el consumo vacío, ese estado en el que el cerebro "se apaga" mientras los ojos siguen abiertos.

La salud cerebral se construye en las pequeñas decisiones de cada tarde. Elegir un pasatiempo que nos obligue a reflexionar, mantener la curiosidad despierta y no permitir que las pantallas nos conviertan en meros espectadores de nuestra propia vida son las mejores inversiones que podemos hacer hoy. Al final del día, se trata de reconfigurar el sistema para que, incluso cuando estemos quietos, sigamos en movimiento.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios