Sexualmente hablando: ¡Qué vergüenza tener novio!

  • Inés Páez de la Torre analiza hoy en Tucumán el sentimiento de vergüenza al formalizar noviazgos debido al cambio en las normas sociales de los vínculos afectivos actuales.
  • La columna de opinión explora cómo la transición hacia vínculos menos estructurados genera una percepción de incomodidad o estigma ante las etiquetas de pareja tradicionales.
  • El texto plantea un escenario donde el compromiso formal enfrenta nuevos desafíos culturales, marcando una tendencia en la reconfiguración de la identidad social individual.

Sexualmente hablando: ¡Qué vergüenza tener novio!
Inés Páez de la Torre
Por Inés Páez de la Torre 12 Abril 2026

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No es exagerado decir que hasta hace -como mucho- un par de décadas, ponerse de novia (¿conseguir un novio?) era uno de los principales anhelos de las solteras heterosexuales. Mientras no tenías novio, buena parte de la energía estaba puesta en cambiar esa situación. Estar sola no era el mejor plan. Y salir con amigas podía ser divertido, por supuesto; pero también -sobre todo- un medio para conseguir un fin: conocer a un hombre, enamorarse y cambiar ese estado civil que, a más de una, le pesaba.

Pero en los últimos tiempos se observa una tendencia opuesta, que con mucha agudeza retrata la versátil periodista Chanté Joseph -escritora, presentadora de podcasts galardonada y productora de contenido digital- en un artículo de aparición reciente en la edición británica de la revista Vogue.

¿Qué plantea? En primer lugar, que se viene produciendo un cambio en la forma en que mostramos nuestras relaciones en internet: lo que antes la mayoría de las mujeres hétero anunciaba con bombos y platillos -como cuando en Facebook se apuraban en poner “en una relación con” en la situación sentimental-, ahora se hace de un modo más sutil: “una mano en un volante, chocar copas en una cena o una nuca anónima”.

Sostiene que, a la hora de publicar fotos, “las mujeres de hoy están ocultando las caras de sus novios como si quisieran borrar el hecho de que existen, pero sin dejar de publicarlas”. Y se pregunta… ¿Es que ahora nos da vergüenza tener novio?

“Me da la sensación de que las mujeres con novio quieren estar a caballo entre dos mundos: uno en el que puedan recibir los beneficios sociales de tener una pareja heterosexual, pero a la vez de un modo que no se vean tan obsesionadas con sus novios que terminen pareciendo bastante perdedoras desde el punto de vista cultural”, señala.

Pero la prudencia en las publicaciones también se debe a una superstición: ni más ni menos que el temor al “mal de ojo”. Es decir, a “la creencia de que sus relaciones felices despertarían unos celos tan intensos en otras personas que podrían acabar con la relación”. Y además, a algunas les preocupa que, de cortar el noviazgo, todas las fotos que postearon se vuelvan un problema más con que lidiar emocionalmente (y es que, si bien es sencillo borrarlas, hacerlo se convierte casi en un acto público; de hecho revisar las fotos de alguien en su perfil es una de las maneras más efectivas de comprobar una ruptura).

“Tener pareja ya no afirma tu feminidad -escribe la periodista-. Ya no se considera un logro y, en todo caso, ahora se ha vuelto más motivo de orgullo declararte soltera”. Y algo de esto confirman los comentarios de sus muchas seguidoras (como de otras influencers): “¿Por qué tener novio parece de republicanos?”, “Los novios están pasados de moda. No volverán a estar de moda hasta que empiecen a comportarse debidamente”, “Es de cutres”, “Ya no es cool”. Y uno de los más lapidarios: “Tener novio suele apagar el aura de una mujer”.

De hecho, muchas creadoras de contenido han comprobado que presentar un novio en las redes sociales… ¡les hace perder seguidores! Y cita a Sophie Milner, quien admitió que sus publicaciones quizá resultaban menos interesantes cuando se involucró en una relación romántica: “Estar soltera te da la máxima libertad para decir y hacer lo que quieras. No les pasa a todas las mujeres, pero me he dado cuenta de que, cuando estamos en una relación, nos volvemos más anodinas y descafeinadas en internet, yo incluida”.

Chanté reafirma, y con razón, lo absurdo de avergonzarse de estar enamorada. Y lo mismo vale para las que buscan el amor y fracasan en el intento (o no quieren intentarlo en absoluto, claro). También advierte respecto a la nueva oleada de mujeres que reivindican y romantizan la soltería. En el sentido de que puede convertirse en la otra cara de la misma e histórica moneda: “Si antes la soltería era un cuento con moraleja (acabarás siendo una ‘solterona’ con un montón de gatos), ahora se está convirtiendo en un estatus deseable y codiciado, otro clavo en el ataúd del centenario cuento de hadas heterosexual que, para empezar, nunca hizo ningún favor a las mujeres”.

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