Tarucas se enredó en sus propios errores y lo pagó caro en Rosario
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Tarucas perdió 39-28 ante Capibaras en Rosario por el Súper Rugby Américas, tras desperdiciar una ventaja de 12 puntos por errores propios e irregularidad en el complemento.
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Pese a un sólido inicio del equipo del NOA, una tarjeta amarilla y el desorden táctico permitieron que los rosarinos remontaran el marcador para entrar en zona de semifinales.
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La derrota impide a Tarucas liderar el torneo y expone su falta de regularidad. El equipo deberá corregir su mentalidad para ser un candidato firme al título en el futuro cercano.
La franquicia del NOA llegó a sacar 12 puntos de ventaja, pero se desordenó en el complemento y lo pagó caro: cayó 39-28 frente a Capibaras
La dualidad de Tarucas no tiene fin. Por momentos, logra victorias asombrosas y se transforma en una aplanadora desde sus forwards, como una especie de “Naranja mecánica” en la que cada engranaje sabe exactamente qué hacer: cuándo acelerar, cuándo defender, cuándo presionar. Pero ese mismo equipo todavía no logra sostener esa versión en el tiempo. Y no se trata de una cuestión de campeonato, sino de lapsos dentro de un mismo partido. La irregularidad aparece en los momentos clave y se traduce en errores que terminan costando demasiado caro. Le cuesta manejar los partidos, entender los tiempos y jugar con el resultado a favor. Eso fue lo que ocurrió en el Hipódromo de Rosario. Tarucas jugó un primer tiempo con el ABC del rugby: avanzar, atacar los espacios y sostener la dinámica. Esa simpleza le permitió irse al descanso arriba en el marcador (21-17). Pero en el complemento, una amarilla en su mejor momento cambió el rumbo. El equipo no logró reponerse, perdió el control del partido y Capibaras, obligado por la tabla, aceleró sin freno. El final fue contundente: triunfo 39-28 para la franquicia del Litoral, que se subió al cuarto puesto del Súper Rugby Américas y expuso, una vez más, la cara más frágil de Tarucas.
Tarucas llegaba con una oportunidad inmejorable: Dogos había perdido contra Yacaré en Paraguay (41-20) y, en caso de ganar, igualaba su línea con 27 unidades. Incluso, con punto bonus, podía superarlo y tomar distancia en la tabla. El escenario era ideal. Del otro lado, Capibaras también jugaba con presión: necesitaba sumar para sostenerse en zona de semifinales. El contexto elevaba el partido, lo volvía tenso, casi de playoff.
Porque cada cruce entre franquicias argentinas arrastra algo más que puntos: historia, roce y una rivalidad que, sin decirlo, empieza a tomar forma de clásico. Y en ese terreno, Tarucas volvió a mostrar su mayor problema: no sostener lo que mejor hace. Ahí está su techo. Y también su deuda.
Es cierto: el equipo de Álvaro Galindo había comenzado concentrado. La misión parecía clara: sumar siempre que se pueda. No arriesgar, sino sostenerse en partido. Ignacio Cerrutti lo había dejado claro a los 2’, cuando decidió patear a los palos en el primer penal que tuvo cerca de los palos rivales.
Capibaras, en tanto, jugaba con otra urgencia: para pelear el campeonato, no hay margen de error. Ese orgullo, esa mentalidad, transformó cada punto de contacto en una batalla. Y, tras el penal de Cerrutti, reaccionó de inmediato: recuperó la pelota cerca de la mitad de la cancha y Bautista Estelles rompió el muro defensivo “naranja” para anotar el primer try del partido. Juan Bautista Baronio sumó la conversión para el 7-3.
El partido ya estaba planteado: un duelo de estilos. Porque mientras las fortalezas de Tarucas se encuentran en las formaciones fijas, Capibaras es un equipo que se siente más cómodo en el juego abierto y en la explosión de sus backs.
Tarucas respondió con una jugada salida del laboratorio de Álvaro Galindo: line pasado, captura de Tomás Dande y una entrada veloz de Estanislao Pregot para quebrar la defensa. El golpe fue inmediato, pero el partido no daba respiro. Lucas Bur devolvió la ventaja para los del Litoral con un try nacido desde el pick and go.
Tarucas volvió a reaccionar: Cerrutti clavó un drop de alto nivel y, poco después, Tomás Vanni apoyó para cerrar un primer tiempo vibrante. El intercambio era constante. Golpe por golpe. Pero la sensación empezaba a instalarse: cada vez que aceleraba, el equipo de Galindo mostraba una jerarquía superior.
La amarilla de Estelles sobre el final del primer tiempo condicionaba demasiado a Capibaras para el complemento. Pero, para Tarucas, era una oportunidad a explotar. Y así comenzó el segundo tiempo: Pedro Coll capturó un rastrón de Cerrutti y puso el 28-16. El partido parecía encaminado. O al menos, eso indicaba el desarrollo. Pero todavía quedaba demasiado en el reloj.
El primer error nació desde el exceso de confianza. La ventaja de 12 puntos duró apenas un suspiro. Capibaras salió decidido a buscar el descuento y, con una jugada poco ortodoxa, Alejo Sugasti apoyó para el 28-22. El golpe fue inmediato. Y el impacto, mayor.
Después llegó la amarilla a Luciano Asevedo por un tackle alto. Y ahí, Tarucas se rompió. No tanto en estructura, sino en lo anímico. Felipe Villagrán lo leyó mejor que nadie y apoyó el try que devolvió la ventaja para los rosarinos. Minutos más tarde, el golpe final: try-penal para Capibaras, que incluso logró doblegar la formación más sólida del equipo norteño: el scrum.
Porque Tarucas no perdió solo un partido. Volvió a perder contra sí mismo. Contra esa versión que aparece cuando todo parece resuelto y el control se diluye.
Ahí está la clave. Y también la urgencia. Porque si logra sostener su mejor versión, está para pelearle a cualquiera. Pero si no corrige esa dualidad, seguirá siendo un equipo capaz de todo. Incluso de dejar escapar lo que ya tenía en las manos.





















