Recuerdos fotográficos: 1915. Onelli, el naturalista que plantó el menhir en el parque
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
Apenas llegado a San Miguel de Tucumán el menhir Ambrosetti desde los Valles Calchaquíes, el 6 de noviembre de 1915 arribó a la provincia el naturalista italiano Clemente Onelli, director del Jardín Zoológico de Buenos Aires. Onelli (1864-1924) había estudiado en Italia paleontología, geología y varios idiomas. Llegó a Argentina en 1888, recorrió el sur con el Perito Moreno y ayudó a marcar los límites argentinos; fue director durante 20 años del Zoo –tenía pasión por los animales- y recorrió el sur del país en busca de un plesiosaurio.
El gobernador Ernesto Padilla le había solicitado que se ocupara de instalar el menhir de 3,10 metros de altura y 1.800 kg de peso en el parque 9 de Julio. En LA GACETA del 3 de diciembre ya se da cuenta del menhir colocado cerca de la casa del Obispo Colombres. En el Archivo General de la Nación se encuentra la foto de Onelli (de saco blanco y sombrero) dirigiendo la instalación del menhir en el parque, con un aparejo. La revista Caras y Caretas registró ese momento en que lo instalaba “estratégicamente, como un reloj solar”.
Onelli ayudaría después a Padilla para erigir en el parque el busto del Obispo Colombres y la placa conmemorativa.
También, a instancias del gobernador, había venido, el 23 de julio de 1915 a dar en el teatro Belgrano una conferencia sobre los animales de caza en la Argentina. En las “Curiosidades de los hombres del Centenario”, del Centro Cultural Rougés, se relató esta visita a Tucumán. Al comienzo de la conferencia, titulada “A rifle, a bola, a perros y a lazo (animales de caza en la Argentina)” elogió largamente a Tucumán y a su gobernador.
Dijo: “Cuando el Creador se puso a organizar el mundo, preparándolo como habitación del hombre, estableció dos puntos de referencia, dos lugares preferidos que sirvieran de modelo comprensible de sus perfecciones: uno lo estableció allá, entre el Tigris y el Éufrates, y lo llamó ‘Paraíso Terrenal’: ese se malogró por la desidia vanidosa del hombre; el otro lo situó entre la llanura inconmensurable y el Aconquija nevado y le llamó ‘Jardín de la República’ ”. Dijo que Dios no quiso que en este jardín hubiera “fauna grosera y salvaje. Puso tan sólo, entre el follaje espeso de sus quebradas, la música de pájaros multicolores y la sabrosa pechuga de las charatas de sus montes”. Concluyó que para evitar el avance indiscriminado del desmonte, “llegó en tiempo el Excmo. doctor Padilla (que, como buen tucumano), siente intensamente el sabor romántico de su tierra privilegiada y se ha constituido en el guardián celoso del Jardín que el Creador le destinó gobernar”.
En la imagen pequeña se ve la caricatura de Clemente Onelli alimentando a un rinoceronte, publicada en Caras y Caretas (21/11/1908).



















