Amenazas en las escuelas de Tucumán: “Si no implementamos prevención, en un año hablaremos de lo mismo o de algo peor”
-
La psicóloga Carmina Varela alertó sobre recientes amenazas en escuelas de Tucumán, advirtiendo que la falta de prevención estructural agravará estos episodios adolescentes.
-
El fenómeno surge por la dilución de límites entre lo virtual y lo real, la búsqueda de pertenencia y antecedentes de amenazas de bomba que no tuvieron un abordaje integral.
-
Se requiere adaptar la educación y el rol parental a las nuevas dinámicas digitales. Sin intervención en los testigos silenciosos, el riesgo de incidentes graves aumentará.
Las recientes amenazas en diferentes instituciones educativas de Tucumán volvieron a encender las alarmas en la comunidad. Para la psicóloga Carmina Varela, el fenómeno no debe leerse como episodios aislados sino como parte de un problema más profundo que, sin intervención, tiende a repetirse.
“Muchas veces estos temas generan un efecto pólvora en un momento y después pasan al olvido. Pero si no implementamos medidas preventivas, dentro de un año vamos a estar hablando de lo mismo o de algo peor”, advirtió la especialista en diálogo con LA GACETA.
En ese sentido, recordó antecedentes similares, como las amenazas de bomba registradas años atrás, y cuestionó la falta de continuidad en las estrategias de prevención. “No se trata solo de qué hacer cuando ocurre una amenaza, sino de cómo trabajar estos temas con los chicos de manera estructural”, remarcó.
El impacto del mundo digital
Varela puso el foco en un cambio central, que es la convivencia entre la vida real y la virtual. Según explicó, los adolescentes crecen atravesados por contenidos digitales que muchas veces diluyen los límites entre lo ficticio y lo real.
“Los chicos pierden noción de hasta dónde llega lo imaginario y qué consecuencias tiene en la vida real”, señaló. En ese contexto, advirtió sobre el consumo de contenidos vinculados a crímenes, violencia o foros sin control, donde “no hay filtros y circula todo tipo de información”.
A esto se suma la influencia de productos culturales (series, videojuegos, redes) que, en muchos casos, presentan al “villano” como una figura poderosa o admirada. “Se instala un imaginario donde el malo obtiene reconocimiento, y eso no surge de la nada”, explicó.
AMENAZAS DE TIROTEOS Operativo en la escuela Normal LA GACETA / FOTOS ANALÍA JARAMILLO
La búsqueda de pertenencia
Otro eje central es la necesidad de integración social propia de la adolescencia. “Empiezan a priorizar pertenecer al grupo de pares antes que cumplir con las normas de los adultos”, indicó.
En ese marco, algunas conductas, como amenazas o mensajes intimidantes, pueden aparecer como formas de ganar visibilidad o reconocimiento. “En el fondo, lo que muchas veces se busca es ser visto, sentirse importante, aunque sea generando miedo”, sostuvo.
Tres perfiles y un punto clave de intervención
La especialista describió tres perfiles que suelen aparecer en este tipo de situaciones:
El ejecutor, quien “pasa al acto” impulsado por angustia, enojo o sensación de exclusión; el agitador, que incentiva o participa simbólicamente, pero no concreta acciones; y el testigo silencioso, que observa, no interviene y tampoco denuncia.
Para Varela, este último grupo es el más numeroso y, a la vez, el más importante para la prevención. “Ahí es donde podemos intervenir. Hay que trabajar para que los chicos entiendan que no ser parte del problema implica ser parte de la solución”, afirmó.
El rol de la familia y la escuela
La psicóloga insistió en la necesidad de fortalecer el diálogo dentro de las familias, aunque reconoció que no siempre es sencillo. “Hay que habilitar conversaciones incómodas, preguntar, escuchar y ayudar a que los chicos dimensionen las consecuencias de lo que parece una broma”, señaló.
También destacó la importancia de construir redes entre padres. “Hoy hay un gran vacío ahí. Es clave comunicarse, saber con quiénes están los chicos, qué hacen, qué consumen”.
Además, aclaró que el control tradicional resulta insuficiente frente a las nuevas dinámicas digitales. “Los adolescentes manejan universos que los adultos muchas veces desconocen. Revisar un celular no alcanza si no hay comprensión de ese mundo”.
Finalmente, Varela planteó que el problema también interpela al mundo adulto. “Estamos intentando relacionarnos con chicos que tienen otra forma de ver el mundo, otro desarrollo cognitivo y nuevas herramientas”, explicó.
En ese sentido, consideró que la psicología y la educación deben adaptarse: “El diálogo sigue siendo la clave, pero necesitamos nuevas formas de llegar. No está alcanzando con las herramientas tradicionales”.



















