El dilema Karina-Caputo

Detrás del ruido de las redes, se enfrentan dos estrategias. Entre acuerdos y confrontaciones, el oficialismo pone en juego algo más que una interna. Se debate no solo un mecanismo decisorio dentro del poder, sino también el porvenir del proyecto libertario

Karina Milei, junto a Martín Menem. Karina Milei, junto a Martín Menem.
Daniel Dessein
Por Daniel Dessein 22 Abril 2026

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En la superficie vemos los chispazos de un conflicto que tiene intensos movimientos subterráneos. Dentro de los escarceos de los últimos días, sobresalieron las declaraciones del biógrafo presidencial, Nicolás Márquez, quien sostuvo que el jefe de Gabinete era un “mitómano” que debía renunciar para dejar de perjudicar al Gobierno. El cruce más áspero se produjo entre dos de las espadas más filosas del espacio libertario. La diputada Lilia Lemoine y el Gordo Dan, líder oficioso de la militancia digital, se tiraron con todo en una discusión en la red X, terreno en el que se mueven sin frenos inhibitorios. La primera acusó al tuitero más cercano a Santiago Caputo de haber apoyado a la legisladora disidente Marcela Pagano y a la vicepresidenta Victoria Villarruel. “Dan, en la vida real vos dejabas caer al Gobierno…Si no bancás a Karina, no bancás a Javier”, disparó.

Este culebrón tuitero –“adolescéntrico” diría Agustín Laje – tiene implicancias políticas serias que nos remiten a viejas especulaciones geométricas. El “triángulo de hierro”, originalmente equilátero y luego escaleno, en estas horas parece sufrir una transformación de su estado. El metal de la figura – que tiene como vértices al Presidente, su hermana y su asesor estrella– parece haber entrado en un proceso de fusión por la altísima temperatura de la discusión interna. Se asemeja, a la distancia, a una de esas figuras derretidas de Salvador Dalí. Nada raro dentro de la historia del surrealismo político latinoamericano; altamente inconveniente para cualquier programa de normalización de un país.

Las designaciones en el gabinete presidencial de Manuel Adorni y Juan Bautista Mahiques fueron leídas como expresiones del avance del karinismo –y del consecuente debilitamiento del caputismo– a partir de las credenciales obtenidas en la victoria legislativa. Conocedores de los pasillos de la Casa Rosada aseveran que no hay supervivencia posible para el asesor ante un enfrentamiento abierto con la hermana presidencial. Se apoyan en las inversiones jerárquicas y las alusiones bíblicas presentes en el relato del propio Milei. La secretaria sería en realidad “el jefe”, y simultáneamente Moisés. El presidente, su mensajero, Aarón. Caputo podría ser Josué. Apenas un asistente, diría Adorni, el vocero afónico.

Otros creen que Milei no puede prescindir de ninguno de los vértices de su triángulo. Es el hijo único y poderoso que evita el divorcio de sus conflictivos progenitores. “Ellos son los padres de la criatura”, dijo en su primer discurso como presidente electo.

Las dos concepciones sobre la trinidad gubernamental están en tensión en estos días.

Política versus economía

“La primera ley de la economía es la escasez; la primera ley de la política es ignorar la primera ley de la economía”. Milei suele repetir como un mantra esta frase del economista Thomas Sowell. Consecuente, la política de Milei se plasma en un silogismo económico: “El gran problema de la Argentina es la inflación, producto de la emisión y correlato del déficit. Sin emisión y con superávit, la Argentina sale adelante”. No hay mucho más. Este razonamiento resume el contrato electoral y el plan de gobierno.

El plan implica que los votantes de 2023 vislumbren la Tierra prometida antes de las próximas elecciones presidenciales. Que “todo no marcha de acuerdo al plan” lo evidencia el Indec. El Presupuesto confeccionado por el Gobierno a fines del año pasado preveía un 10% de inflación para todo 2026. A esta altura, antes del cierre del primer cuatrimestre, esa previsión anual ha sido sobrepasada. También ha quedado descartado el vaticinio presidencial de inflación con un cero adelante en agosto. La capacidad profética mosaica cotiza a la baja. Pero si el Gobierno tuviera que elegir una sola variable para medir el éxito (o el fracaso) de su programa seguiría optando por el índice de precios.

El apuro y la ansiedad presidencial le jugaron una mala pasada. Milei citó en su cuenta de X un paper de un economista para ejemplificar las dificultades de la contención inflacionaria y la monocausalidad del fenómeno. “Aquí se nota la diferencia entre quienes trabajan seriamente, buscando datos y material riguroso y los brutos que opinan sin fundamento” escribió. El autor del trabajo académico, para desgracia presidencial, fue viceministro de Economía de Alberto Fernández. “Estimado presidente. Como autor del paper, la evidencia muestra algo más complejo que ‘solo monetario’… Quizás valga la pena leerlo”, replicó el economista del estudio citado. Falta quien resguarde la palabra presidencial. Hubo risas en Mandrilandia.

El tío y el sobrino

Dentro del funcionariado –oficial y oficioso– hay reminiscencias aparentemente monárquicas –solían usarse epítetos como “el viejo”, “el joven” o “el póstumo” para diferenciar reyes que compartían un mismo nombre–. Pero hay que reconocer que, en el caso de los Caputo contemporáneos, hay más homonimia que lazos estrechos. Por un lado está el superasesor, pariente lejano de Dante, el canciller alfonsinista, y de Nicky, el mejor amigo del ex presidente Macri y beneficiario de los privilegios fiscales de Tierra del Fuego. También es sobrino segundo de “Toto”, el ministro de Economía, ex ministro de Finanzas y presidente del Banco Central del gobierno macrista.

Si bien a los dos Caputo de la actual gestión los diferencian sus áreas de injerencia –uno administra la economía y el otro la estrategia política o, más bien, “antipolítica” –, los une su visión del contexto. Ministro y asesor creen que habría que tejer consensos para bajar las turbulencias que afectan el vuelo hacia la reelección.

Esto implicaría un acuerdo de gobernabilidad –coordinación legislativa y eventualmente alianzas de cara a 2027– con los mandatarios provinciales dialoguistas. Esta política acuerdista, cree el ministro, redundaría en una caída significativa del riesgo país, un acceso fluido al crédito internacional y la capacidad de contención de una corrida financiera preelectoral.

“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”

La máxima latina fue citada por el Presidente, en su estadía en Israel, para apoyar la política del premier Benjamín Netanyahu. Pero puede trasladarse a una posible maniobra gubernamental en nuestro territorio. Lo verdaderamente relevante para la marcha del Gobierno no se juega tanto en los nombres sino en la diversidad de estrategias que acompañan a cada uno de los referentes en pugna.

Este año se recicla la duda entre acuerdo o enfrentamiento con los gobernadores, opciones encarnadas por Karina Milei y Santiago Caputo. Un cristinista “vamos por todo” versus una gradualidad “a la mostaza”, un “paso a paso”: lo agonal contra lo arquitectónico.

Hay dos postales independentistas que grafican las alternativas. La foto del Presidente con los 18 gobernadores en la Casa Histórica en 2024 frente al faltazo presidencial de 2025 seguido por la diatriba radial del 9 de julio en la que acusó a todos los mandatarios provinciales –sin excepciones– de atentar contra los intereses argentinos. Entre un extremo y otro, la Libertad Avanza optó en 2025 por alianzas electorales puntuales y disputas en territorios en los que podría haber acordado. Se impuso Karina y probó el acierto de su consejo con victorias sorprendentes en distritos como la ciudad de Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe. Pero el mileísmo merodeó el abismo, cuyas profundidades esquivó por la asistencia in extremis de Scott Bessent y Donald Trump. Solo con la economía no alcanzó: fue la política internacional la que evitó un final prematuro.

Entre fobia al acuerdo y riesgos del conflicto

¿Predominarán los pactos o los enfrentamientos en los armados electorales de la Libertad Avanza de cara a las próximas elecciones? Hay territorios en los que claramente no hay opción acuerdista con los oficialismos provinciales, empezando por la provincia de Buenos Aires, cuyo gobernador aspira a convertirse en el principal contendiente de Milei. Las alianzas podrían darse, de existir predisposición libertaria, en los distritos gobernados por los mandatarios que viajaron a la Argentina Week: Catamarca, Salta, Jujuy, Corrientes, Córdoba, San Juan, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. Los que faltaron, entre aquellos que habían posado en la Casa Histórica con el Presidente en 2024, fueron Jorge Macri (CABA), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Hugo Passalacqua (Misiones), Claudio Poggi (San Luis), el santiagueño Elías Suárez –sucesor en 2025 de Gerardo Zamora- y el anfitrión, Osvaldo Jaldo. Con dos de esta última lista –Frigerio y Poggi- hubo aproximaciones.

Estas inclusiones y autoexclusiones viajeras –opacadas por el Adornigate- no anticipan necesariamente la arquitectura electoral. Simplemente marcan las fronteras y los movimientos posibles en el mapa del TEG libertario. Mientras tanto, el mileísmo muestra sus dientes y se convierte en una amenaza en todos los distritos. El propósito oficialista de eliminar las PASO –herramienta clave para que el peronismo pueda dirimir candidaturas– requiere votos que controlan los gobernadores cercanos. Esas manos levantadas podrían canjearse contra fondos y una competencia consensuada en elecciones desdobladas. La Libertad avanza con su vaticinio pictórico de un mapa teñido de violeta pero, más cerca de la hora de las definiciones, también podría retroceder y flexibilizar su purismo cromático. Maquiavelo quizás no está tan muerto.

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