¿Qué pasa después de la cárcel? Una apuesta tucumana por la reinserción se proyecta en EE.UU.
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La abogada Agustina Mitre obtuvo una beca en Washington para impulsar 'Renacer sin Barreras', un proyecto de reinserción de exconvictos activo en Tucumán desde 2024.
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Seleccionada entre 150 postulantes, Mitre lidera un equipo de 25 voluntarios que trabajan semanalmente en el Penal de Villa Urquiza para facilitar la vuelta a la sociedad.
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La proyección internacional del proyecto tucumano busca fortalecer políticas de seguridad y disminuir la reincidencia, marcando un hito en la cooperación entre Argentina y EE.UU.
UN PROYECTO TUCUMANO. Unos 25 voluntarios sostienen el proyecto semana a semana. / RENACER SIN BARRERAS
En Tucumán, la mayoría de las personas que hoy están en la cárcel va a volver a la sociedad. El 87% cumple penas cortas, según el Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena del Ministerio de Justicia. ¿Qué les espera cuando salen?
Para la abogada penalista Agustina Mitre (35) la respuesta no puede ser la indiferencia. “Hay que cambiar el imaginario de ‘que se pudran en la cárcel’ y pasar a pensar qué vamos a hacer con esas personas que van a salir”, plantea a LA GACETA. Desde ese enfoque y junto a un grupo, impulsó Renacer sin Barreras, un proyecto que trabaja dentro del penal de Villa Urquiza.
En busca de financiamiento, aplicó a varias becas entre octubre y noviembre. En marzo fue seleccionada para una beca de liderazgo en la Universidad Católica de América, en Washington D. C.: quedó entre 150 perfiles de todo el mundo vinculados a emprendimientos sociales. El programa incluye formación para escalar proyectos y, en junio, una instancia presencial del 19 al 25 en la capital estadounidense.
ABOGADA. Agustina Mitre, abogada penalista, impulsa una apuesta por la reinserción desde el penal de Villa Urquiza. / LINKEDIN
Un proyecto que nació desde adentro
El punto de partida del grupo no es sólo práctico, sino también teórico. Durante años Mitre estudió el concepto de “vulnerable defendant”, desarrollado en Estados Unidos y Europa, que refiere a personas imputadas en situación de vulnerabilidad. “En Tucumán, entre el 80% y el 90% de los presos encaja en ese perfil”, explica. Trayectorias atravesadas por pobreza, exclusión temprana, consumo problemático y falta de contención. “No es para justificar el delito, sino para entender mejor qué estamos haciendo como sociedad”, dice.
Un recuerdo le vuelve con fuerza. En un juicio, un joven pidió la palabra antes de ser condenado. No habló del delito, sino de su vida: dejó la escuela a los 10 años para ayudar a su madre, creció sin contención y pasó por un instituto de menores antes de quedar atrapado en circuitos de drogas y violencia. “Pidió una oportunidad que nunca había tenido”, recuerda Mitre.
Para ella, no es una excepción. “Muchas historias son así y podrían haber sido distintas”. De esa incomodidad nació el voluntariado Renacer sin Barreras.
CAPACITACIÓN EN CONTEXTO DE ENCIERRO. Jóvenes y profesionales sostienen talleres semanales dentro del penal tucumano. / RENACER SIN BARRERAS
“La cárcel tiene talleres, pero no dan abasto”
La iniciativa empezó a tomar forma en 2023. Hoy reúne a unos 25 voluntarios que ingresan semanalmente al penal con talleres y actividades: marroquinería, deporte, espiritualidad, espacios de escucha y educación financiera.
“La cárcel tiene talleres, pero no dan abasto, no hay seguimiento ni salida laboral real. Nadie mide qué funciona”, explica. Y agrega: “El Estado hace un trabajo valioso, pero no alcanza. Este es un problema que también tiene que involucrar a la sociedad, incluidas las empresas”.
Sin herramientas concretas, muchas personas salen y vuelven al mismo circuito. La reincidencia, entonces, no es un accidente, sino una consecuencia de un sistema que en lugar de contener, excluye.
En ese punto, algunas experiencias muestran que otra salida es posible. La Fundación Espartanos registra una reincidencia del 5% entre quienes participan de sus programas, frente a niveles cercanos al 65% sin ese acompañamiento.
RUGBY EN LA CÁRCEL. Una herramienta para construir disciplina, equipo y nuevas oportunidades. / UPAL
“Sentirse vistos es el primer paso para querer cambiar”
El proyecto apunta a romper ese círculo. Por un lado, capacitar durante el encierro. Además, generar vínculos con empresas para que haya empleo cuando llegue la libertad.
La propuesta —todavía en desarrollo— busca que parte de la producción de empresas pueda realizarse dentro de la cárcel. Así, quienes participan se forman, trabajan y tienen más chances de insertarse en el mercado formal.
“Si entre que salen y consiguen trabajo pasa mucho tiempo, muchos vuelven a delinquir porque necesitan sobrevivir. Por eso trabajamos en educación financiera y hábitos”, cuenta.
Pero hay algo más difícil de medir: la reconstrucción personal. “Muchas de estas personas nunca fueron miradas. Sentirse vistos es el primer paso para querer cambiar”, dice.
TALLER DE FORMACIÓN HUMANA. El equipo de Renacer sin Barreras, que impulsa talleres dentro del penal de Villa Urquiza. / RENACER SIN BARRERAS
“Queremos demostrar que esto funciona y poder replicarlo”
El crecimiento del proyecto llevó a Mitre a buscar financiamiento internacional. Este año fue seleccionada para una beca de liderazgo en Washington, donde presentará el plan para escalar la iniciativa.
La propuesta incluye profesionalizar el equipo, sumar especialistas y medir el impacto con datos. En esa línea, proyectan trabajar con el Instituto de Ciencia de los Datos e Inteligencia Artificial de la Universidad de Navarra para analizar el proceso completo —desde la selección hasta la reinserción— y generar evidencia.
“Queremos demostrar que esto funciona y poder replicarlo”, señala. El plan piloto prevé trabajar con un grupo reducido y hacer seguimiento en el tiempo.
TALLER DE EDUCACIÓN FINANCIERA. La educación como clave para no volver al mismo circuito. / RENACER SIN BARRERAS
“Bajar la reincidencia es bajar la inseguridad”
La idea de “reparación social” tomó forma concreta en 2023, durante un evento en Tucumán. Dos personas que habían estado privadas de libertad contaron su experiencia. Al terminar, el público se levantó y los aplaudió de pie.
Pero lo más impactante vino después. Uno de los policías que había detenido a uno de ellos se acercó y le dio la mano: “Me alegro verte así”. La escena condensó lo que el proyecto busca construir.
“Ahí entendí que no alcanza con el castigo. Hay que trabajar el después”, dice Mitre. “Esto no es solo una causa social. Nos conviene a todos. Bajar la reincidencia es bajar la inseguridad”, plantea.
En junio, Mitre viajará a Washington. Mientras tanto, el proyecto sigue funcionando dentro del penal. Afuera, la discusión recién empieza. Porque si el dato del 87% dice algo, es esto: el problema no termina en la cárcel. Empieza de nuevo cada vez que el sistema le da la espalda a quienes quieren cambiar.























