Bill Gentile: “El periodismo es una manera de ser, no un trabajo”
De los hornos de acero en Pittsburgh a las guerras de Centroamérica y Medio Oriente, Bill Gentile repasa su vida y su oficio -su “periodismo de mochila”- y advierte los riesgos de un mundo cada vez más peligroso y complejo, en el que la información se consume en fragmentos y la política redefine los conflictos globales. “Mis aliados en la vida son la gente que trabaja con sus manos”, sentencia.
BILL GENTILE. Periodista y docente, dice que aun con equipos básicos se puede registrar historias poderosas.
En el aire de Pittsburgh, conocida como “La ciudad del acero”, en Pensilvania, allá por los años ‘30, flotaba un polvillo grisáceo y tenaz que se pegaba al olfato. Era el aliento de las chimeneas, el sudor del acero. Sus padres, que habían cruzado el Atlántico huyendo de la precariedad que vivían en Italia, sabían que en Estados Unidos el destino de un hombre se forjaba a golpes de martillo. Allí se instaló su familia para empezar una nueva vida. Varias décadas después, William Frank Gentile estaba predestinado a ese mundo de herrumbre y fuego. Sus padres, tíos y hermanos; todos terminaban enlazados por la industria siderúrgica. Bill -como le llaman sus amigos y colegas- también lo hizo. Trabajó el metal y sintió el calor de los hornos, pero en su interior ya se estaba cocinando otro tipo de fuego.
A los 13 años, Bill cumplía un rito sagrado. Su madre lo mandaba cada semana a buscar la revista Life, pionera en el fotoperiodismo. No era un simple mandado; era una cita con el asombro. Aquel adolescente se detenía a observar las portadas, acariciaba con los ojos la textura de las fotos. Hoy en día, desde su casa en Washington DC atiende el llamado de LA GACETA. Dice que todavía recuerda una tapa de Life con una imagen que le cambió el ADN: dos marines heridos, uno negro y el otro blanco, fundidos en un abrazo de barro y sangre. “Esa fue mi primera lección de periodismo”, dice Bill, con un español transparente que parece haber sido lavado por las lluvias de Centroamérica, donde iba a trabajar más adelante en sus primeros encargos de reportero de guerra. Aquella foto le enseñó que el mundo podía ser un lugar terrible, pero que siempre había alguien allí para rescatar la humanidad del desastre.
Bajo fuego
Bill Gentile es periodista, fotógrafo, director de documentales, e impartió clases en la American University en Washington. Su libro de fotos Nicaragua ganó el premio a la excelencia del Club de Periodistas en el Extranjero de los Estados Unidos. Impulsó el modelo “periodismo de mochila”. “Cuando yo fui a las montañas de Nicaragua -dice-, tenía que llevar mis cosas, así que debía que andar con lo mínimo. Aprendí a llevar absolutamente lo necesario para cumplir con mi función de periodista”.
Es un hombre que nunca soltó la cámara. Su recorrido profesional empezó en 1977 para la agencia United Press International (UPI). Pero fue en 1979 cuando el fuego de la historia lo alcanzó de lleno. En Nicaragua, la Revolución Sandinista estaba pariendo un mundo nuevo entre nubes de pólvora. En aquellos años, registraba el pulso de la ciudad de Managua, que se deshacía y se rearmaba. En medio del caos conoció a su primera esposa, y poco después saltó a El Salvador donde cubrió la guerra civil para la revista Newsweek.
En las montañas nicaragüenses y en los callejones cerrados de San Salvador, Gentile entendió que el periodismo no se hace desde una oficina o un escritorio. “Mis aliados en la vida son la gente que trabaja con sus manos, que arriesga, que defiende a sus familias, y por eso yo siempre estoy más dispuesto a ir a caminar tres semanas en la montaña que estar en una oficina entrevistando congresistas”, remarca. En aquellos tiempos nació el “backpack journalism”, la filosofía de viajar liviano para llegar profundo.
En 2008, Gentile realizó coberturas en el Golfo Pérsico, Irak y Afganistán. También abordó temas como los efectos del cambio climático y las singulares tradiciones culturales de Cuba. “El periodismo es una manera de ser, no un trabajo”, dice el reportero norteamericano, mientras prepara un posteo para Instagram sobre la edición de documentales. A pesar de sus canas, no se ha quedado estancado en la nostalgia de los químicos y el cuarto oscuro. Bill Gentile dice que trabajó en la “época de oro” del periodismo extranjero -aquella donde las revistas enviaban corresponsales con todo pago- y abrazó la tecnología con la fe de un converso. Hoy enseña a sus alumnos que no necesitan una cámara de 5.000 dólares para contar una verdad. Dice que un informe periodístico se puede desarrollar con equipos básicos, más allá de que cada trabajo tiene sus propias exigencias. “Fui a los ríos de Ecuador con un IPhone, metido en botes cavados en troncos, para registrar historias poderosas”, insiste.
Sin embargo, hay una sombra que lo inquieta. Asegura que el mundo que hoy registra su cámara es más peligroso que el de los años ‘80. “En Gaza, el precio ha sido horroroso -advierte-. Más de cien colegas asesinados. Es algo que nunca vimos”, lamenta. Le preocupa la juventud que se informa con “pedazos de Tik Tok”, esa generación que no lee y que consume la guerra como si fuera un videojuego de 30 segundos.
El ajedrez de Trump
Desde su ventana en Washington, Bill mira el mapa político de su país con la misma severidad con la que ajusta el foco de un lente. Critica la administración de Donald Trump. “Lo que está pasando aquí no es lo que está escrito en la constitución del país. No es un país que tiene todos los derechos para los cuales nuestros antepasados han luchado y han perdido su vida por proteger. Esta pandilla de bobos que dominan en la Casa Blanca está arruinando todo eso. Y es posible rescatarlo, pero ese rescate va a costar décadas, no años, sino décadas”, afirma.
Dice que el conflicto con Irán no lo define como una guerra, sino como una invasión. “Una de las secuelas que se presenta después de Irán -resalta- es que Trump está perdiendo el apoyo aquí, bastante rápido; la gasolina está a cinco dólares el galón, todo es más caro y están trabajando como locos para garantizar que ganen las elecciones de este año; creo que esta última campaña de Trump es parte del juego de ajedrez que ha utilizado Israel para poder incrementar su poder en el mundo. La política extrajera de Estados Unidos ha sido servil para el estado de Israel”, afirma.
En medio del conflicto con Irán, Trump dijo que el próximo objetivo estratégico será Cuba. La isla caribeña padece una crisis energética que la desmorona con el paso del tiempo. Ester es su segunda esposa, una cubana que conoció en La Habana en 1991. A través de ella, Bill Gentile vive la tragedia diaria de la isla caribeña. “Con apagones infinitos, el refrigerador vacío, el éxodo del diez por ciento de la población -ennumera-, la situación va a ser peor cuando empiece el verano porque el calor en La Habana puede ser súper fatal. Los cubanos saben vivir, a pesar de las dificultades, pero esto es muy difícil. Los que tienen contactos o conexiones fuera de Cuba son los que salen del país. Los más pobres no pueden. Ester manda cosas incluyendo comida, vitaminas, ropa a sus familiares todas las semanas. Está muy preocupada, es como si tuviera una nube arriba de su cabeza, porque esa sombra no desaparece, es muy triste”, describe.
Bill Gentile sigue moviéndose en el territorio. Si se levanta de la silla, la cámara va con él. Sabe que el periodismo es lo único que nos separa de perder nuestra propia humanidad. Cada tanto, su memoria vuelve a Pittsburgh, a los hornos, a los padres inmigrantes que no tenían títulos universitarios pero sí la sabiduría de suscribirse a Life Magazine. “Esos fuegos nunca se apagan -dice Bill Gentile-; se llevan dentro para siempre”, agrega.
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