En Tigre, Entremuelles: un puente entre el continente y la isla

  • Artesanos y artistas realizaron en Tigre la feria Entremuelles, una propuesta cultural que conecta el continente con la isla para ofrecer un paseo turístico cercano a Buenos Aires.
  • El evento se consolidó como uno de los paseos más elegidos por quienes buscan escapar de la ciudad. La feria no solo exhibe objetos, sino que construye un recorrido vivencial único.
  • Esta iniciativa fortalece la identidad regional y potencia el turismo local. Se espera que el modelo de feria itinerante y cultural siga creciendo como motor del estilo de vida isleño.

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Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística

Hay lugares que parecen hechos para ser recorridos sin apuro. Tigre es uno de ellos. No solo por el delta, por el agua que ordena el paisaje o por esa forma en la que la ciudad se diluye apenas uno cruza el río, sino por ciertos rincones donde el tiempo adopta otra lógica. Calles cortas, árboles que filtran la luz, casas que fueron otra cosa y hoy se reinventan sin perder del todo su memoria.

Antes de convertirse en el destino de escapadas que es hoy, Tigre fue otra cosa. Su nombre remite a los yaguaretés —los “tigres” que habitaban la zona en tiempos coloniales— y que, con el paso de los años, fueron desapareciendo junto con el avance urbano. Pero el territorio mantuvo algo de ese carácter inicial: un espacio difícil de dominar del todo, atravesado por ríos, canales y una geografía que obligó a adaptarse.

En Tigre, Entremuelles: un puente entre el continente y la isla

Durante el siglo XIX, Tigre empezó a consolidarse como un punto estratégico vinculado al comercio fluvial. El delta no era solo paisaje, sino también vía de circulación. La producción de frutas, maderas y otros recursos encontraba en estos ríos su forma de llegar a la ciudad. De ahí nace, por ejemplo, el histórico Puerto de Frutos, que durante décadas funcionó como un verdadero mercado de abastecimiento.

Con el tiempo, ese perfil productivo se combinó con otro. A fines del siglo XIX y principios del XX, Tigre se transformó en un lugar de recreo para las familias porteñas. Llegar hasta ahí implicaba un pequeño viaje, pero lo suficientemente cercano como para repetirlo. Se construyeron clubes de remo, casas de fin de semana y edificios que todavía hoy marcan el paisaje, como el actual Museo de Arte Tigre, que fue sede del antiguo Tigre Club, símbolo de una época donde el ocio comenzaba a organizarse como parte de la vida social.

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Ese doble carácter —productivo y recreativo— terminó por definir su identidad. Tigre nunca fue solo naturaleza ni solo ciudad. Es un punto intermedio donde ambas cosas conviven. Las lanchas colectivas siguen funcionando como transporte cotidiano para quienes viven en las islas, mientras que, al mismo tiempo, el lugar se convirtió en uno de los paseos más elegidos por quienes buscan salir de Buenos Aires por unas horas.

“Me fascina el delta por la naturaleza que tiene que es muy pujante, el río, las corrientes, la cantidad de verde, las mareas que suben y bajan, la forma de vivir y lo misterioso que es. Me gusta ir descubriendo y hay muchos lugares y personas para poder contar historias…”, contó Vero Estrada.

En ese entramado aparece el Boulevard Sáenz Peña, una calle que no necesita demasiado para llamar la atención. Es arbolada y con casas típicas de Tigre que hoy funcionan como bares, galerías y espacios de diseño. Es, en sí misma, un circuito donde lo comercial y lo cultural se cruzan de manera natural. El sábado 18 de abril, LA GACETA Lifestyle estuvo invitada a la Feria Entremuelles. Y algo de esa atmósfera previa —ese aire de paseo sin urgencias— fue lo que terminó definiendo la experiencia.

En Tigre, Entremuelles: un puente entre el continente y la isla

Organizada por Estrada y Sole Benvenuto, la feria reunió a artesanos y artistas —muchos de ellos provenientes de las islas del delta— en una propuesta que no se limita a la exhibición de objetos, sino que construye un recorrido. No hay una única dirección ni un orden impuesto: se trata, más bien, de avanzar y detenerse según lo que aparece.

“Es una feria festival con más de 62 artistas y artesanos que nos presentan sus productos y la idea es poder disfrutar de la cultura isleña que es muy diversa y servirles de puente para darse a conocer”, explicó Estrada.

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Los puestos funcionan como pequeñas escenas. En uno, piezas de cerámica moldeadas en barro conservan las marcas del proceso; en otro, tejidos realizados con fibras naturales dejan ver la trama, el tiempo invertido, la paciencia detrás de cada pieza. También hay joyería, objetos de decoración, textiles teñidos con pigmentos naturales. Todo responde a una lógica común: el hacer manual como valor central.

Ese rasgo no es menor. En un contexto donde gran parte del consumo se vuelve cada vez más inmediato y despersonalizado, ferias como Entremuelles recuperan otra relación con los objetos. Cada pieza tiene detrás una historia, un proceso, una persona. Y eso modifica la forma en la que se mira y, eventualmente, se elige.

En Tigre, Entremuelles: un puente entre el continente y la isla
En Tigre, Entremuelles: un puente entre el continente y la isla

La curaduría —a cargo de Estrada y Benvenuto— ordena ese universo sin volverlo rígido. Hay una selección, una coherencia en los materiales, en las técnicas, en el tipo de producción que se presenta. Pero también hay margen para lo inesperado. Esa combinación es, probablemente, uno de los puntos más sólidos de la feria: lograr una identidad clara sin perder la sensación de descubrimiento.

A medida que uno avanza, la feria se mezcla con la propia dinámica del boulevard. En esa misma cuadra, Conventillo abre sus puertas y propone otra pausa: una mesa armada con productos locales invita a detenerse, a probar, a quedarse un rato más.

Un poco más adelante, Estación Libro suma otra dimensión al recorrido. La librería, con su escala íntima, funciona como un contrapunto frente al movimiento de la calle. En esta edición, además, preparó muestras especialmente pensadas para acompañar la feria. Libros abiertos, mesas intervenidas, pequeñas escenas…

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Las galerías y los cafecitos de la cuadra completan el circuito sin competir entre sí. Cada espacio aporta algo distinto, pero todos parecen responder a una misma lógica de construir una experiencia más que un simple paseo. Y por su parte, la música en vivo aparece como parte del ambiente. Acompaña el recorrido y, por momentos, alguien se detiene a bailar.

“Este año contamos con el apoyo de la municipalidad de Tigre, lo que hizo que más personas pudieran enterarse y llegarse a disfrutar de un paseo maravilloso lleno de creatividad de artesanos locales”, contó Sole Benvenuto.

En Tigre, Entremuelles: un puente entre el continente y la isla
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Hay algo, además, que se repite en quienes participan de la feria, tanto del lado de los expositores como del público: una cierta disposición al encuentro. Las conversaciones surgen de manera espontánea. Se pregunta por los materiales, por las técnicas, por el origen de las piezas. Los artesanos explican, muestran, cuentan. No hay distancia entre quien produce y quien mira.

Esa cercanía es, en definitiva, una de las claves de Entremuelles. Y también uno de sus diferenciales frente a otros circuitos más masivos o más estandarizados. Acá no hay vidrieras que separen, ni una lógica de consumo acelerado.

En Tigre, Entremuelles: un puente entre el continente y la isla
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En esa medida está también parte de su valor. Porque en un contexto donde muchas experiencias tienden a volverse cada vez más grandes, más rápidas y más homogéneas, Entremuelles propone otra cosa. En definitiva, deja ver que, a veces, no hace falta demasiado para que algo suceda. Solo el espacio, el tiempo y las personas indicadas.

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