El teatro tucumano se encamina al peor año en tres décadas

"Enfrentamos el plan económico que padecemos todos los trabajadores y además sufrimos la destrucción de las leyes provincial y nacional", sostiene desde Puerto Libertad.

Teatro Puerto Libertad. Teatro Puerto Libertad.
Hace 4 Hs

Pablo Gigena (Teatro Puerto Libertad)

El mayor desafío de los trabajadores de la cultura y las salas culturales independientes debe ser la guerra a muerte contra las políticas de destrucción de la cultura que llevan a cabo los gobiernos nacional y provincial. Si no resistimos activamente y vencemos, seremos destruidos a corto o largo plazo.

Enfrentamos el plan económico que padecemos todos los trabajadores y además sufrimos la destrucción de las leyes provincial y nacional del teatro, sin presupuesto y sin estructura para un funcionamiento activo. En Tucumán, el monto asignado a la actividad teatral independiente se redujo de $20 millones en 2024 (que ya era bajísimo) a $5 millones el año pasado y en la actualidad, un monto absurdo que debiera invertirse en 10 salas, 10 festivales, 80 obras, giras, publicaciones, etcétera, durante un año. En tanto, en festivales como el del Caballo, en los predios del municipio del gobernador Osvaldo Jaldo, se “gastan” unos $500 millones.

Las salas somos las más afectadas porque tenemos gastos fijos y pagamos montos intolerables e irracionales a EDET, la SAT y gastos edilicios y técnicos, cuando históricamente hemos albergado el 80% de la actividad cultural de la provincia y seguimos siendo el faro del NOA y el eje donde llegan artistas nacionales e internacionales.

No podemos equiparar los valores de las entradas al costo actual de la actividad y menos aún al ritmo de la inflación. Siempre perdemos en la ecuación económica y estamos con el agua hasta el cuello, con bajas en la concurrencia media del público y entradas devaluadas incompatibles con nuestra supervivencia cultural y laboral.

Otra competencia desleal la constituyen los espacios teatrales oficiales con sus propuestas comerciales mantenidas por los gobiernos y no por sus trabajadores. Seguimos de pie con honor y gloria, pero 2026 se viene perfilando como el peor que los últimos 30 años.

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