La Casa Rosada mira a Washington en busca de respaldo
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Milei busca que el gobierno de Trump respalde el reclamo argentino por Malvinas en foros internacionales como la OEA, intentando romper la neutralidad histórica de EE.UU.
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EE.UU. mantiene neutralidad desde 1982 sin avalar a ninguna parte. El Reino Unido no logró que Washington reconozca el referéndum de 2013, manteniendo una ambigüedad diplomática.
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Un giro de EE.UU. hacia Argentina impactaría gravemente la relación con Londres, afectando comercio e inteligencia, aunque podría incentivar a otros países a sumarse al reclamo.
RESPALDO. El presidente Javier Milei buscaría apoyos en la OEA.
La postura de Estados Unidos frente a la disputa por las Islas Malvinas volvió a instalarse en la agenda global, con creciente atención de medios y especialistas en política internacional. De acuerdo con un informe de Todo Noticias (TN) y análisis publicados por La Nación, Washington mantiene desde 1982 una postura de neutralidad: no reconoce formalmente la existencia de un conflicto, lo que implica no avalar el reclamo argentino, pero tampoco convalidar plenamente la administración del Reino Unido, considerada de facto.
En estas décadas, ambas partes desplegaron un intenso lobby diplomático. Sin embargo, por peso histórico y estratégico, Londres logró sostener su influencia en la relación bilateral con Washington. Aun así, en distintos momentos, funcionarios estadounidenses dejaron entrever posiciones más cercanas a Argentina.
En paralelo, el Reino Unido impulsó sin éxito que Estados Unidos reconozca el resultado del referéndum de 2013 en las islas, uno de sus principales argumentos para evitar discutir la soberanía. Ese planteo no prosperó, lo que dejó sin cambios la ambigüedad histórica de la política exterior estadounidense.
Según consignó TN, desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca creció la expectativa en la administración de Javier Milei de conseguir algún tipo de respaldo de Washington. Se trata, sin embargo, de una aspiración más simbólica que concreta, en un escenario internacional marcado por la volatilidad. El propio Milei sostuvo que su gestión logró avances inéditos en el reclamo y que la cuestión Malvinas recuperó centralidad en la agenda global. En ese marco, defendió su estrategia diplomática orientada a sumar apoyos estratégicos y a moverse en un contexto cambiante, con la premisa de que la soberanía “no se negocia pero debe gestionarse con criterio”.
El objetivo argentino apunta a una señal política de respaldo: una declaración de Trump, un comunicado conjunto en una reunión bilateral -ministerial o presidencial- o algún tipo de apoyo en organismos multilaterales, en especial en la Organización de los Estados Americanos (OEA). En cambio, en el ámbito de la Naciones Unidas el margen es más limitado, ya que la cuestión no se vota en la Asamblea General -donde participa Estados Unidos- sino en el Comité de Descolonización, del que Washington no forma parte.
Desde el análisis internacional, los especialistas advierten sobre el impacto de un eventual cambio. Ed Power, del Royal United Services Institute (RUSI), señaló a la BBC que un respaldo estadounidense a la posición argentina sería “bastante significativo”, ya que “podría llevar a otros países a inclinarse también en esa dirección”.
En la misma línea, Garret Martin, de la American University, advirtió en declaraciones a La Nación que el impacto sobre la relación entre Washington y Londres “sería grave por diversas razones” si se concretara un cambio en la postura norteamericana. “Esta situación podría extenderse y afectar a otros asuntos de gran relevancia, ya sean las relaciones comerciales o la cooperación en materia de inteligencia”, señaló.
Así, entre la tradición de neutralidad y las especulaciones sobre un giro, la posición de Estados Unidos vuelve a aparecer como un factor clave en la disputa por las Malvinas.























