AL SALIR DE LA VIEJA IGLESIA DE LA MERCED. El gobernador Ernesto Padilla, de traje claro, y Theodore Roosevelt, que se acomoda el sombrero.
El Tucumán que el ex presidente norteamericano Theodore Roosevelt atisbó el domingo 16 y el lunes 17 de noviembre de 1913 era muy distinto del actual. Tenía los mismos fenómenos climáticos (ese domingo una tormenta ocurrida durante la cena obligó a cancelar una fiesta de primavera con que lo iban a agasajar en la Plaza Urquiza) pero una sociedad con expectativas muy distintas. Tucumán era un polo industrial en crecimiento, estaba a punto de crearse la Universidad y la generación del Centenario trataba de forjar a puro motor la identidad y el futuro. Roosevelt fue recibido con algarabía -encabezó el comité de recepción el gobernador Ernesto Padilla- y dejó una fuerte impresión. Él mismo contó su experiencia en nuestra provincia en una nota que publicó en 1914 en el periódico The Outlook, que reproduciría poco después LA GACETA, y que publicó en 2016 la Fundación Miguel Lillo en el libro “Miradas sobre Tucumán”.
Razones de la visita
Roosevelt aprovechó como un largo paseo esa visita entre el 13 de noviembre y el 4 de diciembre de 1913 por Buenos aires, Rosario, Tucumán, Córdoba, Mendoza y Bariloche, así como por Chile. Pero el viaje tenía varios objetivos. Llegó a Buenos Aires por invitación del Museo Social Argentino a dictar dos conferencias: “Los ideales de la democracia”, en el Teatro Colón, y “Verdades y verdades a medias”. La Universidad de Buenos Aires le otorgó el doctorado honoris causa.
ARRIBO. El visitante, flanqueado por el gobernador Ernesto Padilla y el ministro Gustavo Silvetti.
Hombre de personalidad exuberante, cazador, naturalista, historiador, periodista, Roosevelt (1858-1919) fue presidente de EEUU entre 1901 y 1909. Es recordado por haber ido a pelear a Cuba en la guerra entre EEUU y España (lo declararon héroe); por su mediación en la guerra entre Rusia y Japón (por ello le dieron el premio Nobel de la Paz en 1906) y por su política conservacionista. También, por haber abierto la Casa Blanca a los diálogos con la prensa y por haber distinguido de modo feroz a los periodistas entre los “buenos” y los “muckrackers” (buscadores de basura, aquellos que husmeaban los escándalos de la política). Sobre todo es conocido por el corolario de resignificación de la doctrina Monroe para ampliar la influencia de EEUU por el mundo e impedir que otras potencias viniesen a América. Esto, sin dejar de considerar que EEUU se creía con derecho a la injerencia en todo el continente. Presionó para separar Panamá de Colombia (1903) y fortalecer la presencia de EEUU en el canal de Panamá. Su aforismo del Big Stick (gran garrote) ha quedado grabado: “Habla suavemente y lleva un gran garrote, y llegarás lejos”.
TOMANDO EL TÉ. En compañía de Ernesto Padilla, ministros Colombres y Silvetti y el ingeniero Luis F. Nougués.
Ese ex presidente es el que vino a Argentina y Tucumán. En la Patagonia abrieron un camino entre Bariloche y Neuquén para que él lo recorriera en auto y fue la primera personalidad en navegar por el lago Nahuel Huapi. Así cuenta Yayo de Mendieta en “Se cumplen 110 años de la primera vez que un ex presidente navegó el Nahuel Huapi” (30/11/2023). En todo el recorrido lo acompañaron personalidades argentinas, entre ellas Francisco P. Moreno, que tenía alto prestigio en esos tiempos.
Durante su visita por el Norte de la Patagonia Roosevelt mantuvo conversaciones con el Perito Moreno que reflejan el inicio de construcción de una “cosmovisión común” en el campo de las políticas territoriales destinadas a impulsar el conservacionismo, explica Perla Zusman en “Panamericanismo y conservacionismo en torno al viaje de Theodore Roosevelt a la Argentina (1913)”, en Modernidades Nº 11.
EN LA PLAZA BELGRANO. Roosevelt saluda a un transeúnte.
Países adelantados y atrasados
Añade que desde finales del siglo XIX, Estados Unidos buscaba superar dificultades para influenciar política y económicamente en los países de América del Sur y se promovía la realización de viajes de políticos e intelectuales norteamericanos a la región a fin de promover el desarrollo de una “visión común”. “Roosevelt consideraba que ésta podía ser una oportunidad para recomponer la imagen que los países del Cono Sur poseían sobre Estados Unidos y su política del Big Stick y propagar su ideario de ‘progreso democrático’ que sustentaba tanto la doctrina Monroe como su corolario. Para este político y viajero, ello implicaba considerar que su misión, en esta coyuntura, era ofrecer a los países elementos para desarrollar las capacidades para gobernarse a sí mismos. En su primera conferencia en el Teatro Colón, Roosevelt reconocía la existencia en el mundo de países adelantados (con capacidades para definir independientemente sus destinos) y atrasados. Esta postura, definida por el director del Museo Social Argentino de ‘evolucionismo progresista’, suponía identificar países en que las condiciones de ‘orden, paz y prosperidad material’ hablaban de sus posibilidades de autogobernarse”. “Roosevelt consideraba que Argentina se encontraba en el grupo de los primeros países. Esto implicaba que, al igual que Estados Unidos, ya se encontraba en condiciones de ‘dirigir su propio destino’. ‘Vosotros sois no solamente una de las grandes naciones libres del futuro, sino que ya sois una gran nación en el presente. En extensión, en estabilidad política, en energía viril, en desenvolvimiento ordenado, en el patriótico autorrespeto y en el derecho al respeto de los demás, vosotros estáis en pie de entera igualdad con todos los grandes países de la tierra. En lo que os concierne, creo que la doctrina Monroe ya no os puede ser aplicada. No necesitáis protección. Estáis preparados para ser los campeones de vuestra propia doctrina Monroe’”, dijo, según señala Zusman.
De su paseo por Buenos Aires hay un filme de 16 mm en el Archivo General de la Nación, de cuando observó maniobras militares en Campo de Mayo. Así relata Francisco. N. Suárez en “Bariloche, sueño americano” (La Nación, 12/10/1997), donde se cita que tuvo un encuentro con el director del Jardín Zoológco, Clemente Onelli, quien lo acompañó en un recorrido por el enrejado de Plaza Italia de la mano de “Cascota”, un dócil mono. Onelli era amigo del gobernador Padilla y sería quien hizo confeccionar el busto del Obispo Colombres que se colocó en julio de 1916 en el parque 9 de Julio.
Elogios a la provincia
En Tucumán el ex presidente visitó la Casa Histórica, la vieja iglesia de La Merced (elogió la gesta de Belgrano y la devoción de los tucumanos); la plaza Belgrano, la Catedral (allí dialogó con el párroco, Joaquín Tula, y se sorprendió de que el cura tuviese una banca en la Legislatura: “¿Cómo, siendo usted sacerdote, es diputado?”). También lo llevaron a la Estación Experimental y elogiaría en su texto el avance industrial y técnico que tenía Tucumán; y asistió a una muestra de gimnasia de las escuelas. Al día siguiente fue a San Pablo y a Villa Nougués. Le gustó tanto el paisaje que el ex gobernador Luis F. Nougués le donó una hectárea en la villa, lugar que hoy se conoce como la “Loma de Roosevelt”. Después visitó el ingenio Mercedes (de su administrador, Isaías Padilla, se despidió diciéndole: “usted es el primer socialista práctico”) y finalmente conoció el ingenio Santa Ana. Asó lo relata Carlos Páez de la Torre (h) en “Teodoro Roosevelt en Tucumán” (La Tarde, 27/12/1984)
VISITA A LA ESTACIÓN EXPERIMENTAL. Fue el mismo día de su llegada.
Limpio y moderno
En su texto sobre la ciudad de Tucumán, recordaría que, con sus 100.000 habitantes, “la encontramos deliciosa, con su peculiar estilo típicamente colonial…. Tucumán es limpio y administrado sobre los más sólidos principios higiénicos modernos”. Afirma que “la población nativa ha demostrado un fuerte desarrollo industrial, transformándose del viejo gaucho factor de a caballo, en competente e industrioso trabajador, tanto en los cañaverales como en las fábricas. El hijo del país trabaja y trabaja fuerte. De esto están justamente orgullosos”. Dijo que Tucumán, que estaba por inaugurar la Universidad, apostaba a la “educación técnica para la mayoría, antes que educación intelectual para los menos, debe ser la aspiración de los maestros de Estado”. “En resumen, quedé impresionado del punto de vista educacional, como que es una notable demostración de un gran esfuerzo. En esta ciudad subtropical del norte de la Argentina, la consagración de los maestros y su inteligente aplicación de los métodos modernos, la universalidad de la educación a los niños, el tipo de educación superior que se practica como un ideal realizable, y también la forma del entrenamiento físico y deportes, son exponentes que reflejarían gran crédito a cualquier ciudad progresista en nuestro país”.
En su nota “Tucumán, bajo al estricto análisis de Roosevelt”, (LA GACETA, 28/09/2019) Federico Türpe compara esa mirada de comienzos del siglo pasado con la ciudad de la actualidad, “surcada por ríos de cloacas, que ya no es pintorescamente colonial, pero tampoco moderna ni deliciosa, y que la otrora elogiosa tranquilidad ha sido atropellada, literalmente, por una desquiciada marea de autos, colectivos y motos sin gobierno”.
Acaso haya que entender las bases sobre las cuales establecer las miradas sobre la evolución de las sociedades en este siglo que ha pasado, para entender qué nos ocurrió. La doctrina que empujaba Roosevelt ha crecido sostenidamente y ahí se ve a Donald Trump empuñando el Big Stick por el mundo. La política tucumana, acorde con la argentina, no ha avanzado según vaticinaban o esperaban en la generación del Centenario. De las ilusiones de crecimiento se pasó a una escasa habilidad para autogobierno, como sugerían a principios del siglo pasado sin juzgar los efectos del Big Stick.


















