Tarucas sigue sumergido en una crisis de rendimiento

La franquicia del NOA perdió 34-20 frente a Peñarol y quedó fuera de los cuatro mejores del torneo; está quinto con 23 unidades

Tarucas sigue sumergido en una crisis de rendimiento LA GACETA / OSVALDO RIPOLL

Tarucas parece atrapado en un pozo sin salida. Una caída que no encuentra freno ni fondo. Todo empezó en Rosario, con la derrota ante Capibaras, en un partido en el que el equipo de Álvaro Galindo ya había mostrado signos de desconcentración y, sobre todo, de pérdida de carácter. En Chile, el golpe fue más profundo: no solo por la caída ante Selknam, sino porque los trasandinos quedaron al acecho en la tabla, esperando un nuevo tropiezo para meterse entre los cuatro mejores. Y ese movimiento se confirmó en Paraguay, donde Selknam venció a Yacaré XV por 34-13 y dejó a Tarucas obligado a un único resultado para sostenerse en zona de semifinales: ganar. Pero ese objetivo, hoy, parece demasiado lejano. El equipo de Galindo volvió a evidenciar una preocupante involución y lo pagó caro: perdió 34-20 y quedó fuera de los cuatro mejores.

Las causas son múltiples y se repiten partido tras partido: la incomodidad en el contacto, la falta de fortaleza física para sostener las segundas mitades y, sobre todo, la falta de profundidad en el ataque terminan siendo letales para sus aspiraciones. Tarucas parece haber retrocedido en aspectos que, semanas atrás, eran parte de su identidad. Como si hubiese dado varios pasos hacia atrás en menos de un mes, en un contexto en el que la presión por los resultados no hizo más que agravar el cuadro.

La tabla, en ese sentido, es contundente. La franquicia del NOA quedó quinta con 23 unidades, las mismas con las que había cerrado la primera rueda, mientras que Selknam escaló al cuarto lugar con 27 puntos. El margen de error desapareció. Y el calendario tampoco ofrece respiro: por delante tendrá dos compromisos exigentes como visitante frente a Dogos y Pampas, dos rivales directos y de peso.

Sin embargo, el problema de Tarucas no está en los inicios de los partidos. De hecho, suele ser el primero en golpear. En La Caldera del Parque volvió a ocurrir. Mateo Pasquini apoyó el primer try del encuentro y adelantó al conjunto tucumano en el marcador. Ignacio Cerrutti no pudo convertir -la pelota dio en el poste-, pero el 5-0 inicial parecía marcar el rumbo.

Esa sensación duró poco. Peñarol reaccionó rápido: Felipe Aliaga apoyó el try del empate y Justo Ferrario, con la conversión, puso a los uruguayos arriba por 7-5. El partido empezaba a mostrar una dinámica clara: Tarucas necesitaba sumar, pero Peñarol era el que encontraba mejores respuestas desde el juego.

En ese contexto, el equipo de Galindo optó por una vía pragmática. Cerrutti se hizo cargo de cada penal disponible y sostuvo al equipo con su efectividad. El apertura anotó cuatro envíos a los palos y permitió que Tarucas llegue a los 20 puntos en la primera mitad. Era un partido de margen mínimo, sostenido más por la eficacia que por el dominio.

Peñarol, por su parte, nunca se desesperó. Agustín Iglesias, formado en Lawn Tennis, apoyó un try cargado de simbolismo al marcar frente a su ex franquicia y en condición de visitante. Luego, Ferrario volvió a aparecer para achicar diferencias y dejar el marcador 20-19 al cierre del primer tiempo.

El resultado parcial favorecía a Tarucas, pero las sensaciones eran otras. El equipo no lograba imponer condiciones, no encontraba fluidez en ataque y, sobre todo, empezaba a mostrar señales de desgaste. Peñarol, en cambio, parecía tener claro su plan: sostener el ritmo y esperar el momento para golpear.

Ese momento llegó en el complemento. Y fue un quiebre total. El segundo tiempo expuso la peor versión de Tarucas en toda la temporada. No pudo hacer pie, no generó peligro y se vio superado en los duelos individuales. Cada intento ofensivo se diluía antes de cruzar la mitad de la cancha, mientras que en defensa comenzaban a aparecer los espacios.

Peñarol no necesitó demasiado para aprovecharlo. Joaquín Myszka apoyó el cuarto try de la tarde y aseguró el punto bonus ofensivo para los uruguayos. Fue el golpe que terminó de desordenar a Tarucas, que ya no encontraba respuestas ni desde lo anímico ni desde lo táctico.

Minutos después, Lucas Bianchi apoyó el quinto try y estiró la ventaja. Ferrario, preciso durante toda la tarde, volvió a convertir y, sobre el cierre, selló el resultado con un penal que estableció el 34-20 definitivo.

El cierre fue una síntesis del presente. Tarucas sin reacción, superado en todos los aspectos, y un rival que, con orden y paciencia, construyó una victoria contundente. No fue solo una derrota: fue la confirmación de un momento.

Ahora, el desafío es otro. Ya no se trata solo de volver a ganar, sino de recuperar una identidad que parece haberse diluido. Porque en este tramo del torneo, más que los puntos, lo que está en juego es la forma. Y hoy, Tarucas, parece haberla perdido.

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