Carmina Varela, psicóloga: “Poner límites implica pagar un precio, y muchas veces es dejar de agradar”
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La psicóloga Carmina Varela analizó en LA GACETA la dificultad de poner límites para priorizar el deseo propio y evitar la culpa en vínculos personales, laborales y familiares.
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Varela propone usar condiciones para negociar y advierte que evitar el 'no' por miedo a desagradar genera relaciones poco auténticas, un patrón muy común en la cultura actual.
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Establecer límites claros fortalece la autonomía individual y promueve vínculos más maduros, transformando la gestión del conflicto en una herramienta de crecimiento personal.
Decir “no” sin culpa y aprender a priorizar el propio deseo sigue siendo una de las deudas más frecuentes en la vida cotidiana. Sobre ese punto puso el acento la psicóloga Carmina Varela, quien analizó en LA GACETA por qué cuesta tanto establecer límites y cómo esa dificultad impacta de lleno en los vínculos personales, laborales y familiares.
En LG Play, la profesional propuso una guía simple pero profunda basada en cuatro palabras clave: “yo, vos, sí y no”. Según indicó, estas nociones permiten analizar cada situación desde una perspectiva más consciente. “Cuando hablamos de límites creemos que tienen que ver con el afuera, con decirle algo al otro. Pero en realidad, cuando no puedo decir que no o que sí, el problema tiene que ver conmigo”.
En ese sentido, planteó que cada decisión implica una renuncia. “Todo sí implica un no, y todo no implica un sí. Cada vez que le digo que sí a alguien, muchas veces me estoy diciendo que no a mí misma”. Esta lógica, explicó, se replica tanto en situaciones cotidianas (como la organización del hogar o la carga de trabajo) como en decisiones más profundas.
Uno de los principales obstáculos a la hora de poner límites es la culpa. “La culpa aparece porque sabemos que hay un precio que pagar. Y muchas veces ese precio es no agradar, que es lo que más nos cuesta”, afirmó. Para la especialista, evitar el conflicto o la incomodidad suele llevar a aceptar situaciones que van en contra del propio deseo.
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Frente a esto, propuso incorporar un concepto intermedio: las condiciones. “No es blanco o negro, sí o no. Podemos decir ‘sí, pero en estas condiciones’ o ‘no, pero en otro momento’”, explicó. Esta herramienta, señaló, permite negociar sin resignar completamente las propias necesidades.
Varela también advirtió sobre una tendencia cultural, especialmente en las mujeres, a postergar el deseo propio en función del otro. “Por cuestiones de crianza, muchas veces tenemos más internalizado esto de renunciar a lo que queremos para sostener la armonía”, indicó, aunque aclaró que se trata de patrones generales y no absolutos.
A modo de cierre, la psicóloga sugirió tres preguntas clave para aplicar en la vida diaria: “¿Qué es lo que yo quiero en esta situación? ¿Qué estoy dispuesto a perder? ¿Y qué condiciones puedo poner?”. Según la profesional, este ejercicio no solo fortalece la autonomía personal, sino que también mejora la calidad de los vínculos. “Decir que no puede generar enojo o incomodidad, pero también permite construir relaciones más auténticas y maduras”.






















