“Esta cancha es mi casa”: Augusto Bruchmann y el legado familiar que atraviesa al golf tucumano

El presidente de la subcomisión de golf del Jockey Club recordó a su padre, Augusto Bruchmann, una de las figuras históricas del deporte en Tucumán, y destacó el regreso del Abierto del Norte a Alpa Sumaj, escenario cargado de historias, finales inolvidables y generaciones enteras ligadas al golf.

Augusto Bruchmann, presidente de la subcomisión de Jockey Club. Augusto Bruchmann, presidente de la subcomisión de Jockey Club.

La 59° edición del Abierto del Norte no significó solamente el regreso de uno de los torneos más importantes del país. También representó una vuelta emocional para muchos de los protagonistas que crecieron caminando los fairways de Alpa Sumaj. Y pocos lo viven de una manera tan personal como Augusto Bruchmann (h), actual presidente de la subcomisión de golf del Jockey Club de Tucumán.

Mientras observaba el movimiento de jugadores, familias y aficionados alrededor de la cancha, Bruchmann no ocultaba la emoción de volver a disputar el torneo en un escenario que considera parte de su vida.

“Estamos muy contentos. Hay mucha expectativa y mucha ilusión. Esta cancha tiene muchísimo significado para nosotros y para el mismo Abierto del Norte”, explicó.

Aunque el club creció en infraestructura y hoy cuenta con otras alternativas, para Bruchmann hay algo especial en Alpa Sumaj. No se trata solamente del diseño del campo ni de la exigencia deportiva. Se trata, sobre todo, de la historia.

“El Abierto nació acá y durante más de 50 ediciones se jugó en esta cancha”, recordó. “El hoyo 18 tiene millones de historias”, indicó.

Y entonces empiezan a aparecer recuerdos. Finales inolvidables, desempates eternos y golpes que quedaron grabados en la memoria del golf tucumano. Bruchmann menciona la definición de Ángel Cabrera, las consagraciones de Andrés “Pigu” Romero y las jornadas históricas protagonizadas por Eduardo “Gato” Romero.

Pero entre todos esos recuerdos también aparece otro mucho más íntimo: el de su padre, Augusto Bruchmann, una de las figuras históricas del golf tucumano y uno de los grandes responsables de que el deporte se transformara en una pasión familiar.

“Mi papá era un apasionado de este deporte”, contó. Aunque rápidamente amplió el concepto: “En realidad, toda mi familia lo es”, señaló.

La historia de los Bruchmann dentro del golf empezó incluso antes. Según relató, el primero en transmitir esa pasión fue su abuelo, Carlos Bruchmann. Después llegó la generación de su padre, sus tíos y luego los primos.

“Prácticamente todos jugamos al golf y muchos llegaron a tener hándicap muy bajo. Somos una familia de golf”, resumió.

La influencia de su padre fue determinante desde muy temprano. Bruchmann recuerda que lo llevaba al club cuando apenas tenía un año y medio.

“Él se ponía a pegar pelotas y yo me quedaba al lado del pelotero mirando durante horas”, recordó.

Sin darse cuenta, aquellas tardes terminaron construyendo una relación definitiva con el deporte. Años después, esa misma cancha de Alpa Sumaj se convertiría también en el escenario de uno de sus momentos más importantes como jugador.

“Creo que el primer torneo del ranking argentino que gané fue acá, en esta cancha”, recordó.

Por eso no duda cuando habla del lugar: “Esta cancha es mi casa”.

El silencio, la ansiedad y el presente

Más allá del costado organizativo, Bruchmann también conoce el golf desde adentro. Y como muchos otros jugadores, reconoce que se trata de un deporte atravesado por emociones difíciles de manejar.

“Dentro de la cancha se mezclan ansiedad, adrenalina y un montón de situaciones”, explicó.

Para él, una de las claves está en aprender a convivir con el presente. En no quedarse atrapado por un mal golpe ni dejarse llevar por la ansiedad de lo que viene.

“El tiro que pasó ya no importa porque no se puede solucionar. Hay que seguir mirando el que viene”, señaló.

Esa filosofía aparece repetidamente entre los golfistas. El deporte obliga a convivir con el silencio, con los pensamientos y con una concentración constante que muchas veces termina agotando más la cabeza que el cuerpo.

El fenómeno tucumano

El Abierto del Norte también funciona como una muestra del enorme crecimiento que tuvo el golf en Tucumán durante las últimas décadas. Para Bruchmann, el torneo genera un movimiento que excede lo deportivo.

“Viene gente de todo el país y eso genera turismo, hotelería, restaurantes y movimiento para la provincia”, destacó.

Pero además cree que existe una especie de “mística” difícil de explicar que convirtió a Yerba Buena en una de las principales cunas del golf argentino.

“Es una pregunta que se hacen en todo el país”, dijo entre risas. “Evidentemente hay algo especial. Acá el golf se vive con mucha pasión”.

Esa tradición produjo figuras como Andrés Romero, César Monasterio, Jorge Monroy, “Zapo” y varios jugadores más que marcaron una época. Y para Bruchmann, el secreto está justamente en el efecto contagio.

“Los buenos jugadores hacen mejores jugadores”, resumió.

El desafío de formar nuevas generaciones

Hoy, desde su rol dentro del club, una de sus mayores preocupaciones pasa por sostener el crecimiento del semillero tucumano.

Según explicó, la escuela de golf del Jockey Club atraviesa uno de sus mejores momentos y actualmente es una de las más numerosas del país.

“Tenemos más de 70 chicos y creo que somos la segunda escuela con más jugadores de Argentina”, destacó.

Para él, competencias como el Abierto del Norte cumplen una función clave en ese proceso formativo. Los chicos pueden ver de cerca cómo entrenan y juegan los mejores golfistas del país, algo que termina funcionando como motivación.

“Ellos ven a los profesionales, ven el nivel y eso les da ganas de seguir mejorando”, explicó.

Mientras tanto, Bruchmann continúa viviendo el torneo desde otro lugar. Ya no con la intensidad competitiva de antes, porque las responsabilidades le quitaron tiempo de entrenamiento y competencia. Pero sí con la misma pasión heredada desde chico.

Una pasión que empezó mirando a su padre pegar pelotas en Alpa Sumaj y que décadas después todavía sigue intacta, en el mismo lugar donde nació gran parte de la historia del golf tucumano.

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