La advertencia detrás del chikungunya: qué puede pasar en Tucumán en los próximos años
-
Tucumán registró este año un récord de 423 casos de chikungunya por la picadura del mosquito Aedes aegypti, ante el aumento de temperaturas y la falta de saneamiento ambiental.
-
El virus irrumpió con fuerza debido a la urbanización desordenada y el cambio climático que extiende los períodos de calor, favoreciendo la reproducción constante del vector.
-
Expertos advierten que el chikungunya será endémico en el NOA. El desafío futuro implica mejorar la infraestructura urbana y prepararse para posibles coinfecciones con dengue.
CONTAGIO. En Alejandro Heredia, entre basura acumulada, los vecinos advierten que los casos de chikungunya siguen en aumento. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.
La epidemia de chikungunya sorprendió este año a Tucumán con un récord de casos. El virus, transmitido por el mosquito Aedes aegypti -el mismo que provoca dengue y zika- irrumpió con fuerza en varios barrios de la provincia. El dolor intenso en las articulaciones, la fiebre alta y las secuelas prolongadas de la enfermedad dejaron de ser imágenes lejanas de otros países tropicales para convertirse en parte de la vida cotidiana de cientos de tucumanos.
En lo que va del año, Tucumán registró más de 423 casos de chikungunya. Y aunque el número todavía está lejos de las grandes epidemias de dengue que atravesó la provincia, el brote encendió una alarma que va mucho más allá de las estadísticas sanitarias. Para los especialistas, el avance del virus es una señal de algo más profundo: un cambio ambiental y urbano que favorece cada vez más la circulación de enfermedades transmitidas por mosquitos. El interrogante es: ¿qué podemos esperar para los próximos años?
El reconocido infectólogo Tomás Orduna, médico tropicalista y jefe del servicio de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital de Infecciosas Muñiz de Buenos Aires, sostiene que el NOA reúne condiciones naturales que favorecen la transmisión de enfermedades vectoriales, pero advierte que el cambio climático está potenciando todavía más ese escenario.
“El calentamiento global y las modificaciones climáticas están acortando los inviernos y extendiendo los períodos cálidos. Eso significa más días favorables para la reproducción de los mosquitos y para la circulación de virus”, explicó.
Según Orduna, el problema no se limita a las temperaturas elevadas. También influyen los cambios en los regímenes de lluvias, las sequías alternadas con períodos de precipitaciones intensas y fenómenos como El Niño y La Niña. Todo eso modifica el comportamiento ambiental del mosquito y amplía los períodos del año en los que puede reproducirse.
En términos concretos, los veranos empiezan antes y terminan después. La primavera y el otoño dejan de funcionar como barreras climáticas capaces de frenar la circulación viral. Y el Aedes aegypti encuentra condiciones ideales durante más meses del año. Pero los especialistas remarcan que el clima, por sí solo, no explica la situación.
Un problema urbano y social
“La urbanización desordenada y la presencia de múltiples criaderos en áreas urbanas y suburbanas son fundamentales para sostener brotes y epidemias”, señaló Orduna.
En Tucumán, el mosquito convive con barrios donde abundan recipientes con agua acumulada, canales contaminados, basurales, pérdidas cloacales y terrenos con maleza. En muchos sectores, las lluvias dejan agua estancada durante días o semanas. Y en zonas vulnerables, la falta de infraestructura básica transforma al ambiente urbano en un escenario ideal para la proliferación del vector.
La infectóloga Aida Torres considera que la aparición del chikungunya no es un fenómeno aislado, sino parte de un proceso más amplio. “El dengue ya había sido un anticipo. Estamos en una región subtropical y eso, sumado a las condiciones sociales y ambientales, favorece la presencia de estas enfermedades”, explicó.
CONCENTRACIÓN. Los casos de chikungunya se agrupan principalmente en el área central de Tucumán, con focos más dispersos en el interior.
Una amenaza que llegó para quedarse
Para Torres, el problema dejó de ser episódico. El dengue, el chikungunya y eventualmente el zika pasaron a formar parte de una realidad sanitaria estable en el norte argentino. “Se transformó en endémica la posibilidad de circulación de cualquiera de las tres enfermedades”, afirmó.
Eso significa que el riesgo ya no depende únicamente de viajeros o de brotes importados. Los virus encuentran condiciones para mantenerse y reaparecer cada temporada.
Y la preocupación no termina ahí. Orduna advierte que además del dengue, chikungunya y zika, existen otros arbovirus que América Latina observa con atención. Entre ellos mencionó al virus oropouche, que actualmente presenta actividad importante en distintos países de la región, y al virus mayaro, históricamente asociado a zonas selváticas pero que en las últimas décadas registró brotes limitados fuera de esos ámbitos.
La región, dicen los especialistas, enfrenta un escenario sanitario mucho más complejo que el de hace 20 años. El mosquito Aedes aegypti ya está instalado. Y el contexto climático y urbano favorece que nuevos virus encuentren condiciones para expandirse.
El riesgo de convivir con varios virus
En ese panorama, una de las grandes preguntas es qué ocurrirá con el dengue. Después de temporadas marcadas por cifras récord y hospitales saturados, el chikungunya irrumpió este año ocupando parte de la atención pública. Pero eso no significa que el dengue haya desaparecido.
Por el contrario, los expertos advierten que el dengue puede reaparecer con fuerza en cualquier temporada. Incluso puede convivir con otros virus circulando al mismo tiempo. La posibilidad de coinfecciones -personas infectadas simultáneamente con dengue y chikungunya, por ejemplo- ya forma parte de los escenarios que los sistemas de salud deben contemplar.
El descacharreo forma parte del protocolo de prevención del dengue y la chikungunya. Foto: Comunicación de la provincia de Tucumán
Cómo prepararse para el futuro
Y ahí aparece otro desafío central: cómo prepararse. Orduna plantea que la respuesta sanitaria necesita anticipación y planificación permanente. Los sistemas de salud deben contar con infraestructura adecuada, personal capacitado, insumos suficientes y vigilancia epidemiológica capaz de detectar rápidamente los primeros casos.
“Cada temporada debería comenzar con entrenamiento específico para los equipos de salud. Hay que reforzar el reconocimiento temprano de síntomas, los sistemas de triage y la identificación de pacientes que pueden requerir internación o cuidados intensivos”, explicó.
La experiencia del dengue dejó una enseñanza clara: los brotes pueden crecer rápidamente y tensionar hospitales y guardias en pocos días. Por eso, la vigilancia epidemiológica se vuelve clave. Detectar precozmente un aumento de casos permite activar alertas sanitarias y responder antes de que el sistema colapse.
La prevención y el rol de la comunidad
Pero la preparación médica no alcanza si no se acompaña de prevención comunitaria. Los especialistas coinciden en que la principal herramienta sigue siendo la eliminación de criaderos. El mosquito necesita pequeñas cantidades de agua limpia acumulada para reproducirse. Un balde, una cubierta, un recipiente olvidado en el patio o una canaleta tapada pueden convertirse en focos de reproducción.
“La comunidad organizada tiene un rol central”, sostuvo Orduna. “Cada familia tiene que eliminar todos los recipientes que puedan acumular agua”, añadió.
Al mismo tiempo, remarcan que el Estado debe intervenir sobre el espacio público: limpieza de basurales, mantenimiento de canales, control ambiental y campañas sostenidas de prevención.
Torres insiste en que el problema no puede abordarse solamente desde el miedo. “Más que asustarnos, tenemos que ocuparnos”, señaló.
Un cambio de época sanitaria
Para la infectóloga, la expansión de estas enfermedades también expone desigualdades estructurales: barrios inundables, viviendas precarias, servicios insuficientes y condiciones ambientales deterioradas. “El clima subtropical favorece naturalmente la presencia del mosquito, pero la pobreza y el deterioro urbano hacen que el problema sea mucho más difícil de controlar”, explicó.
El escenario hacia adelante, coinciden, será complejo. Se trata de un cambio de época sanitaria, donde el clima, la urbanización y las desigualdades sociales empiezan a combinarse para modificar el mapa de las enfermedades en la región. En ese contexto, la epidemia de chikungunya que atraviesa Tucumán este año puede ser, en realidad, una advertencia anticipada del futuro.























