El encierro cambió el carácter de Ema Gómez, condenada por el asesinato del juez Aráoz

  • Ema Gómez, condenada por el asesinato del juez Héctor Aráoz en Tucumán, muestra un cambio radical de conducta en prisión tras años de encierro y dedicación al estudio académico.
  • Expolicía y figura mediática, Gómez perdió el arresto domiciliario por conflictos familiares. El caso vinculó al poder judicial con tramas de romance, drogas y corrupción policial.
  • Mientras la Corte Suprema revisa su condena perpetua, su formación educativa actual podría reducir su pena futura, alejándola de su antiguo perfil de femme fatale criminal.

Ema Gómez Ema Gómez
Gustavo Rodríguez
Por Gustavo Rodríguez 09 Mayo 2026

Escuchar nota

Tu navegador no soporta HTML5 audio

“Ha cambiado totalmente”. Esas son las palabras que repiten los profesionales que la asisten y el personal del Servicio Penitenciario encargado de custodiar a Ema Hortencia Gómez, condenada por el asesinato del juez Héctor Agustín Aráoz. Este no fue un caso más. La víctima era un juez; los acusados, policías. Y el trasfondo mezclaba romance, sexo y, posiblemente, drogas. 

Además, la causa estuvo rodeada de figuras carismáticas que le aportaron todavía más dramatismo. Gómez terminó acaparando toda la atención. Fue la última femme fatale que dominó las páginas policiales de la provincia. 

Imagen

Sobre su figura -atractiva, aunque no necesariamente de portada de revista- se construyó un mito alrededor de sus supuestos romances. Ella misma explotó esa imagen, la misma que le abrió puertas en la Policía, en Tribunales y en Casa de Gobierno. 

Siempre encontraba la manera de llamar la atención. El perfil bajo no era parte de su personalidad. En una oportunidad fue trasladada a Tribunales para ser entrevistada por el fiscal debido a un supuesto problema de salud. A la salida, en medio de empujones y caminando a paso acelerado, un cronista de LA GACETA le preguntó: “¿Ema, cómo estás?”. Ella se dio vuelta con un movimiento que desparramó su cabellera al viento y, con un sensual parpadeo, respondió: “¿Y vos cómo me ves?”. Así era ella. 

Antes de ser condenada a prisión perpetua, rehízo su vida e incluso quedó embarazada. Después de una extensa batalla judicial, obtuvo el beneficio del arresto domiciliario. Sin embargo, perdió ese privilegio tras un conflicto con su suegra, quien la había recibido en su casa. Ante esa situación y al no tener otro lugar donde vivir, regresó a la cárcel. Le costó readaptarse al duro sistema penitenciario. Con el paso de los años comenzó a estudiar y realizó varios cursos que podrían permitirle reducir parte de la pena que finalmente reciba.

Comentarios