Una indagación sobre el tiempo y la muerte

  • Marcos Rosenzvaig lanzó en Tucumán una versión renovada de su novela 'Qué difícil es decir te quiero', una obra que indaga sobre el tiempo, el deseo y la muerte.
  • La trama narra el cruce entre un escritor y una joven mujer, fusionando lenguajes del teatro y la narrativa. Rosenzvaig reedita este texto para explorar lo efímero de la existencia.
  • La obra consolida a Rosenzvaig como referente literario regional. Su enfoque sobre la trascendencia y la lucha de lenguajes invita a una profunda reflexión sobre el sentido vital.

Hace 19 Hs

NOVELA
QUÉ DIFÍCIL ES DECIR TE QUIERO
MARCOS ROSENZVAIG
(La Papa - Tucumán)

Hace ya algunos años, leí la primera versión de esta novela que Marcos Rosenzvaig hoy nos presenta renovada, releída por él mismo a la luz de una época nueva. (No hace tanto de aquella primera edición, pero vivimos tiempos vertiginosos). Es uno de esos libros que se quedan en la memoria por la originalidad del argumento, la vibración de las imágenes y el ritmo obsesivo que atrapa al lector. Pero lo que más recordaba era el deseo. Las vidas de estos personajes son arrastradas incesantemente por un deseo alegre o herido, por momentos desesperado.

La novela empieza por el final, para dejarnos claro de entrada que se trata de una indagación sobre el tiempo y la muerte. Después viene la historia. El encuentro casual entre un escritor y una joven mujer sacude la normalidad, rompe el acuerdo con la vida ordenada. Lorena es el fuego que arde en el centro de la novela, una intensidad destinada a una corta duración. Cuando todo se apaga, los días transcurren como si hubieran perdido su fuerza vital. La vida parece lo que queda de un campo de batalla. Y entre los restos buscamos las pistas que nos puedan explicar lo vivido: lo esencial y lo absurdo de la existencia.

Una obra de teatro cuenta una historia de amor (trágico, oscuro, luminoso). La novela se escribe alrededor de la obra: llena sus baches, duplica sus escenas, explica y discute sus diálogos. Los actores se mimetizan con sus personajes. Todos reclaman ser el original, disputan el estatuto de realidad. Escena y narración entran en conflicto. En esta lucha entre lenguajes de representación, Qué difícil es decir te quiero nos mete de cuerpo entero en una pregunta sobre el sentido de la vida, sobre las formas de apresar ese sentido, los modos de construirlo o de aceptar su renuncia.

Todo es lucha en esta novela. Lucha entre teatro y narración. Lucha por el amor de Lorena. Lucha por ganar visibilidad, como si la mirada de los otros fuera lo que confirma la propia verdad, la luz que hace que los cuerpos existan. Pero la lucha más importante se da entre las formas de escritura. Por un lado, la de Samy, que aspira a que su obra lo sobreviva y logra que Lorena lleve su novela tatuada en la piel. ¿Pero de quién es la obra? ¿De quien inventa las palabras? ¿De quien realiza el arte del tatuaje? ¿De quien la lleva en su cuerpo? ¿De quien la lee? Lorena, por su parte, escribe su diario en envoltorios y papelitos sueltos que se pierden en la avenida de los teatros. Estas formas de escritura, la de Samy (que persigue lo trascendente) y la de Lorena (que asume lo efímero) son dos maneras de entender la vida y la muerte, la relación con un tiempo siempre en huida.

Son apenas algunas líneas de lectura. Lo mejor que ofrece esta novela es el deseo de leer: por la alegría sospechosa de un amor recién descubierto (recién inventado), por el humor, por el dolor, por el placer de la forma. No es fácil sacarse esta novela de la cabeza. Y no dan ganas de hacerlo.

© LA GACETA

Perfil

Marcos Rosenzvaig (Tucumán, 1954) es profesor de Letras egresado de la UNT y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga. Es novelista, director teatral y autor de más de 20 libros. Cabeza de Tigre y Querido Eichmann son dos de sus novelas.

Javier Marín

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