Sin minutos y lejos del equipo: la decisión de Carlos Abeldaño tras perder terreno en Atlético
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Carlos Abeldaño, delantero de Atlético Tucumán, decidió mantenerse en el club y luchar por un lugar tras perder la titularidad con la llegada de Julio César Falcioni este 2026.
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El juvenil debutó ante River en 2025 tras ser goleador en Reserva. Pese a marcar goles clave, su participación disminuyó ante la falta de minutos con el actual cuerpo técnico.
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Abeldaño apuesta a su madurez y fe para consolidarse en Primera. Su permanencia es vital para el recambio ofensivo del Decano en su lucha por mantenerse en la máxima categoría.
SU PRIMERA VEZ. Abeldaño había debutado en 2025, en el triunfo sobre River. Pusineri lo mandó a la cancha en los minutos finales.
Hay jugadores que llegan a Primera de golpe, en cambio hay otros que parecen venir construyendo ese momento desde mucho antes, incluso cuando todavía nadie los mira. Y Carlos Gabriel Abeldaño siente que está transitando justamente ese camino. Después de un 2025 en el que explotó futbolísticamente en la Reserva de Atlético, terminó goleador bajo la conducción de Hugo Colace y finalmente dio el salto al plantel profesional. El premio llegó rápido y “Ogro” se dio el gusto de debutar en Primera nada menos que contra River.
“Sentí algo inexplicable. Fue una noche hermosa que nunca me voy a olvidar”, dice el delantero, que ingresó en los minutos finales de aquel partido y cumplió uno de los sueños que arrastraba desde chico. Si bien pasaron varios meses, Abeldaño todavía lo cuenta con una mezcla de asombro y de felicidad.
Incluso así, lejos de dejarse llevar por la euforia, mantiene los pies sobre la tierra. “Fue un buen semestre personal, aunque siento que todavía tengo muchas cosas por mejorar. Esto recién empieza”, asegura intentando hacer un balance personal en medio de un presente difícil para el “Decano”.
Esa mirada autocrítica aparece varias veces durante la charla y refleja una personalidad mucho más madura que la de un futbolista que apenas empieza a asomarse en la máxima categoría.
En el mundo del fútbol, en el que muchas veces los juveniles viven acelerados por la ansiedad o las expectativas, él parece encontrar refugio en otro lado: la fe. “Siempre tuve mucha confianza en Dios; siempre supe que todo se me iba a dar”, cuenta. Y no lo menciona como una frase hecha. La religión atraviesa buena parte de su vida y también de su forma de afrontar la carrera.
Dentro del plantel profesional encontró rápidamente contención. “Todos me ayudaron mucho desde que subí a entrenarme con el plantel profesional”, explica sobre la convivencia con jugadores de experiencia, a los que antes miraba desde lejos en el complejo “José Salmoiraghi”.
En ese proceso de adaptación hubo momentos que lo marcaron especialmente. Uno de ellos fue el gol que convirtió frente a Instituto Atlético en Córdoba, con un remate desde afuera del área que todavía aparece seguido en su memoria.
Más allá de esos destellos, sabe que el desafío más complejo está en sostenerse.
Durante este 2026 tuvo minutos y algunos partidos como titular, pero todavía no logró consolidarse dentro del equipo dirigido por Julio César Falcioni. Incluso, desde que el “Emperador” tomó el mando del equipo, perdió terreno.
Lejos de frustrarse, prefiere pensar en el proceso. “Tengo fe de que las oportunidades van a volver a aparecer; por eso me sigo entrenando con todo”, sostiene.
También admite que la presión es uno de los aspectos que más trabaja. “Me cuesta mucho manejar la cabeza. Trato de enfocarme y de vivirlo como cuando jugaba partidos de barrio con mis amigos”, explica.
Esa búsqueda de naturalidad parece ser una herramienta para no perderse dentro de un ambiente que suele cambiar rápido alrededor de los futbolistas jóvenes.
Cuando habla de Atlético, el orgullo aparece inmediatamente. “Para mí es el club más grande del norte. Representarlo y ser parte es algo muy lindo”, afirma. Y aunque reconoce que algunos le dicen que cambió desde que llegó a Primera, él insiste en que sigue siendo el mismo. “La gente habla, pero yo me siento una persona común, sencilla y humilde”, remarca tratando de convencer con su mensaje.
El motor que impulsa a Abeldaño para seguir adelante
Detrás de cada paso, asegura, siempre estuvieron las mismas personas: su hija Julieta y sus padres. “Ellos nunca me soltaron la mano”, cuenta emocionado.
De hecho, cuando le toca hablar de los momentos difíciles, vuelve otra vez a su hija como motor principal. “Muchas veces pensé en dejar todo, pero me aferré a ella para salir adelante”, revela, antes de definirse de manera simple como delantero. “Mi fuerte es buscar siempre el gol”.
Y ese deseo también aparece cuando imagina lo que viene. Sueña con terminar el año siendo importante dentro del equipo, poder consolidarse definitivamente en Primera, y ayudar al “Decano” a sostener la categoría y pelear cosas más importantes.
Antes de terminar, deja un mensaje que parece hablar tanto de fútbol como de vida. Sí, Abeldaño intenta contagiar a los chicos que sueñan con llegar a jugar en Primera. “Que no bajen los brazos. Todo puede cambiar en cualquier momento. Hay que seguir insistiendo”, remata.
Lo dice alguien que hace no mucho tiempo soñaba con debutar y que ahora, mientras intenta encontrar su lugar en la máxima categoría, empieza a entender que el verdadero desafío recién comienza. (Producción periodística: Carlos Oardi)





















