Abierto del Norte: por qué el golf es una experiencia que "atrapa"
-
El Abierto del Norte de golf concluyó en el Jockey Club de Tucumán, donde profesionales y cientos de seguidores compartieron cuatro días de competencia y tradición en el Alpa Sumaj.
-
La dinámica permitió a los espectadores caminar junto a los jugadores en silencio absoluto, analizando la técnica y el terreno en un escenario marcado por el frío y la concentración.
-
El evento posiciona al golf como un refugio contra el ruido moderno y una batalla mental adictiva. Se busca atraer nuevos públicos rompiendo prejuicios sobre la complejidad del juego.
TODOS DETRÁS DE ÉL. Decenas de fanáticos acompañaron al tucumano Augusto Núñez en su defensa del título en el Alpa Sumaj. OSVALDO RIPOLL / LA GACETA
“Hay algo en el golf que te atrapa”, dicen los fanáticos que estuvieron en el Alpa Sumaj siguiendo con tanta atención como fascinación el Abierto del Norte. Y es que, efectivamente, el golf tiene algo especial que convoca. Ir a verlo es una especie de ritual, una dinámica muy distinta a la de cualquier otro deporte.
Está el silencio entre golpe y golpe, el comentario esporádico en la caminata de hoyo a hoyo y esa práctica que no existe en otras disciplinas: el espectador camina junto a los golfistas durante todo el recorrido. De alguna manera, en ese trayecto, lo viven juntos. Para dimensionarlo, valga el ejemplo: es como imaginar que caminamos junto al jugador de fútbol en esos pasos previos antes de patear un penal.
OSVALDO RIPOLL / LA GACETA
Es una práctica silenciosa; una batalla mental que se vive al lado de cada jugador. Ahí aparece la admiración por la técnica, el análisis de las condiciones del campo o el estado del césped. Apenas algún rezongo o un murmullo tras un mal tiro rompe el clima. El resto es todo contemplación. Se trata de una práctica casi ancestral que ya se hace presente en pocos aspectos de nuestra vida moderna, y el Alpa Sumaj es el escenario ideal para ese ejercicio.
Un ejemplo de ello es la caminata hacia el hoyo 18. El camino se hace eterno hasta llegar a la parte más pintoresca del circuito, con la vista abierta a las montañas y al salón principal del Jockey Club.
OSVALDO RIPOLL / LA GACETA
“El golf es un deporte que se vive mucho desde el lado del jugador; ahí tenés un panorama mucho más amplio. Si lo ves de afuera o por la tele, es difícil abordarlo en su plenitud porque es muy complejo”, dice Fernando José Yocca, uno de los cientos de fanáticos que acompañaron el torneo en sus cuatro jornadas, incluso en esta última marcada por un frío especial. “A la gente le diría que vivir este deporte es una experiencia muy enriquecedora. Hay un prejuicio de que es aburrido, pero la primera vez que le pegás bien a la pelota y la ves volar con fuerza y distancia, esa sensación te atrapa y ya querés volver”, agrega.
Es esa misma complejidad la que genera una adicción inexplicable. “No sé por qué, pero siempre tenés ganas de volver. Quizás tenés ese momento de decir ‘no juego nunca más’ porque estás molesto por algo que salió mal, pero pasa el tiempo y a la semana ya querés regresar. Algo tiene que te atrapa”, coincide Juan Cossio.
Esa es, quizás, la mayor victoria de este deporte. En un mundo que nos empuja a la reacción constante y al ruido, el golf propone el camino inverso: la pausa, el paso a paso y la pelea contra los propios fantasmas. Estos cuatro días otoñales en el Jockey Club fueron el ejemplo perfecto de ello.




















