Caída de la popularidad del mandatario: Trump viaja a China con necesidad de victorias
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Donald Trump llega a Pekín este jueves para reunirse con Xi Jinping, buscando una victoria política ante su baja popularidad y el conflicto en Irán antes de las elecciones.
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Tras fallidas presiones arancelarias y reveses judiciales, Trump viaja debilitado por el rechazo social a la guerra con Irán, enfocándose ahora en acuerdos comerciales mínimos.
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Se prevé una tregua superficial que favorezca a China. Lograr estabilidad global es clave para mejorar la imagen de Trump frente a un electorado que hoy prefiere la cooperación.
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PEKÍN, China.- Hace un año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, predijo que los elevados aranceles comerciales obligarían a su principal rival económico a someterse. Al igual que sus declaraciones sobre una inminente victoria sobre Irán, eso no ha sucedido.
“Esta semana, llegará a China con esa ambición debilitada por fallos judiciales, lo que ha reducido sus objetivos a unos pocos acuerdos sobre soja, carne vacuna y aviones de Boeing, así como a conseguir la ayuda de China para resolver su impopular guerra con Irán”, escribieron los periodistas y analistas politicos Mei Mei Chu, Antoni Slodkowski y Trevor Hunnicutt, en una publicación para The Thompson Reuters Trust.
En el artículo, destacan que las modestas expectativas para las reuniones con el líder chino Xi Jinping, previstas para mañana y el viernes -las primeras desde que pausaron la guerra de aranceles iniciada por el propio Trump- destacan que el enfoque agresivo no ha logrado proporcionar una ventaja antes de las conversaciones, de acuerdo con los analistas.
Trump “necesita un poco más a China de lo que China lo necesita a él”, afirmó Alejandro Reyes, profesor especializado en política exterior china en la Universidad de Hong Kong. “Necesita una especie de victoria en política exterior: una victoria que demuestre que busca garantizar la estabilidad en el mundo y que no solo está desarticulando la política global”, añadió Reyes.
Desde su último breve encuentro en una base aérea en Corea del Sur, donde Trump suspendió los aranceles de tres dígitos sobre productos chinos y Xi desistió de asfixiar los suministros globales de tierras raras, China ha afilado silenciosamente sus herramientas de presión económica dirigidas a Washington.
Desde su propio hemisferio, Trump lucha contra fallos judiciales estadounidenses contra sus aranceles y una guerra con Irán que ha mermado sus índices de aprobación antes de las elecciones de noviembre.
La reunión de esta semana en la capital china tendrá un gran lustre. Los líderes tienen previsto celebrar una cumbre en el Gran Salón del Pueblo, recorrer el Templo del Cielo (patrimonio de la UNESCO), cenar en un banquete estatal y tomar el té y almorzar juntos.
Los resultados que se esperan son menos espectaculares: un puñado de acuerdos y mecanismos para gestionar el comercio futuro. Sigue sin estar claro si acordarán extender la tregua comercial, según funcionarios involucrados en la planificación.
Acompañantes
Trump estará acompañado por directivos que incluyen a Elon Musk de Tesla y Tim Cook de Apple, aunque la delegación empresarial es más pequeña que cuando visitó Pekín por última vez en 2017.
El clima ha cambiado drásticamente desde que Trump declaró en una publicación de Truth Social en abril de 2025 que sus aranceles harían que China reconociera de que los “días de estafar” a Estados Unidos habían terminado.
Esos gravámenes impulsaron a Pekín a restringir exportaciones de tierras raras, lo que expuso brutalmente la dependencia de Occidente de elementos vitales para la fabricación de todo, desde coches eléctricos hasta armas, y finalmente llevaron a la frágil tregua entre Trump y Xi.
Desde entonces, Trump libra una batalla tras otra: capturar al líder de Venezuela, agitar a la OTAN con su amenaza de anexar Groenlandia e iniciar una guerra con Irán, que ha llevado caos a Medio Oriente y avivado una crisis energética global.
Más del 60% de los estadounidenses desaprueba su guerra en Irán, según una encuesta de Reuters/Ipsos del mes pasado.
La mayoría de los estadounidenses (53%) dice ahora que Estados Unidos debería tener una cooperación amistosa y un compromiso con China, frente al 40% en 2024, según una encuesta del Consejo de Chicago sobre Asuntos Globales publicada en octubre. Por leso, simplemente mantener relaciones estables y extender la tregua de la guerra comercial podría ser suficiente para que Trump reclame una victoria.
Eso hace que el resultado más probable sea “un alto el fuego superficial que es en gran medida ventajoso para China”, afirma Scott Kennedy, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington.
























