Cambio climático, humedad y riesgo: ¿cuánto calor hará en los partidos de Argentina?

  • Un informe del WWA advierte que Argentina jugará el Mundial 2026 en sedes con calor extremo peligroso, como Dallas el 22 de junio, debido al impacto directo del cambio climático.
  • Científicos usaron el índice WBGT (calor y humedad) para alertar que el riesgo se duplicó desde 1994. El duelo ante Austria superará el umbral de seguridad fijado por la FIFPRO.
  • La FIFA aplicará pausas de hidratación, pero el clima condicionará el rendimiento físico y táctico, planteando un desafío inédito para la salud en la alta competencia deportiva.

El calor extremo podría afectar varios partidos del Mundial 2026. El calor extremo podría afectar varios partidos del Mundial 2026.
Hace 1 Hs

El Mundial 2026 todavía no empezó, pero ya tiene un rival imposible de esquivar: el calor. No se trata solo de una incomodidad para los futbolistas ni de una cuestión menor vinculada al verano norteamericano. Detrás de las temperaturas extremas que podrían atravesar varias sedes aparece una advertencia mucho más profunda: el impacto concreto del cambio climático sobre el evento deportivo más importante del planeta.

La alarma se encendió a partir de un informe elaborado por científicos del grupo World Weather Attribution (WWA), encabezados por especialistas del Imperial College de Londres, que analizó las condiciones meteorológicas previstas para los 104 partidos que se disputarán en Estados Unidos, México y Canadá. El resultado fue contundente: uno de cada cuatro encuentros podría jugarse bajo condiciones consideradas peligrosas para la salud de futbolistas y espectadores.

La selección argentina no quedó al margen de ese escenario. De hecho, uno de sus partidos de la fase de grupos aparece entre los más comprometidos de toda la competencia. El duelo frente a Austria, programado para el 22 de junio en Dallas, tiene un 100% de probabilidades de superar el umbral de seguridad térmica fijado por FIFPRO, el sindicato internacional de futbolistas. Y no solo eso: también presenta más de un 20% de chances de atravesar niveles considerados directamente peligrosos para la práctica deportiva.

El dato no se mide únicamente con la temperatura tradicional. Los científicos utilizan una variable conocida como WBGT (Wet Bulb Globe Temperature), que contempla no solo el calor ambiente, sino también la humedad, la radiación solar y la velocidad del viento. Es decir, un índice mucho más preciso para determinar el estrés térmico que soporta el cuerpo humano.

Según las recomendaciones de FIFPRO, los partidos deberían contar con pausas especiales de refrigeración cuando el índice supera los 26 grados WBGT. Por encima de 28, directamente se aconseja postergar los encuentros. Para tomar dimensión: un WBGT de 28°C puede equivaler a unos 38°C de calor seco o a cerca de 30°C con humedad elevada.

En el caso argentino, el problema no se limita únicamente al partido contra Austria. El debut frente a Argelia, en Kansas City, también presenta riesgo, aunque menor: un 13,8% de probabilidades de superar el límite recomendado. Allí el panorama preocupa especialmente porque el estadio Arrowhead no cuenta con techo ni sistemas de climatización. El tercer compromiso de la fase de grupos, frente a Jordania, otra vez en Dallas, también aparece bajo observación.

Curiosamente, Lionel Scaloni había anticipado este escenario mucho antes de que se conociera el informe. Apenas terminado el sorteo del Mundial, el entrenador argentino habló de la influencia que podría tener el clima sobre el desarrollo de los partidos. No parecía una frase casual ni una preocupación menor. En un torneo que tendrá viajes extensos, planteles exigidos tras temporadas larguísimas y futbolistas sometidos a calendarios cada vez más intensos, el calor puede transformarse en un factor decisivo.

El desafío no afecta únicamente al rendimiento físico. También modifica las estrategias. La intensidad de presión, los ritmos de circulación, la recuperación y hasta los cambios podrían verse condicionados por las altas temperaturas. El fútbol moderno se volvió mucho más dinámico que hace dos o tres décadas y sostener ese despliegue en condiciones extremas puede convertirse en un problema. 

Exequiel Palacios lo resumió durante la semana con una frase que mezcla resignación y advertencia: los jugadores saben que habrá más desgaste, más viajes y temperaturas difíciles, pero entienden que deberán adaptarse porque el contexto ya forma parte de la competencia. 

Mundial 1994 

El estudio del WWA también deja otra señal inquietante: el riesgo de calor extremo prácticamente se duplicó respecto del Mundial de Estados Unidos 1994. Según los investigadores, el planeta hoy es aproximadamente 0,7 grados más cálido que entonces debido al avance del cambio climático asociado principalmente a la quema de combustibles fósiles.

Y el problema excede largamente al fútbol. Los Juegos Olímpicos, las maratones, el ciclismo y hasta los deportes de invierno comenzaron a modificar calendarios y sedes por las nuevas condiciones climáticas. Qatar 2022 ya había obligado a mover un Mundial completo hacia noviembre y diciembre para escaparle al calor extremo del Golfo Pérsico. Ahora, la discusión reaparece en Norteamérica.

Por eso, la FIFA implementará por primera vez pausas obligatorias de hidratación en todos los partidos del torneo, independientemente de la sede o el horario. La medida busca reducir riesgos, aunque muchos especialistas consideran que podría no alcanzar si las olas de calor continúan intensificándose.

El camino de Argentina también podría complicarse más allá de la fase de grupos. Si termina primera de su zona, jugaría los 16avos de final en Miami, otra de las ciudades marcadas en rojo por los científicos, con un 100% de probabilidades de superar el umbral de seguridad térmica.

En medio de ese panorama aparece una ventaja relativa para la “Scaloneta”: Lionel Messi conoce como pocos las condiciones climáticas de Estados Unidos gracias a su experiencia en la MLS con Inter Miami CF. Pero ni siquiera eso garantiza inmunidad frente a un Mundial que amenaza con jugarse bajo temperaturas inéditas.

Porque el debate ya no es solamente futbolístico. El Mundial 2026 puede convertirse en la primera gran Copa del Mundo atravesada completamente por una pregunta: qué pasa cuando el cambio climático deja de ser una amenaza futura y empieza a jugar, literalmente, dentro de la cancha. 

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