Quién es Luca Montero, el tucumano que jugará el Mundial U21 de Básquetbol Silencioso con Argentina

El joven de Villa Carmela,que juega en Talleres de Tafí Viejo, viajará a Polonia con la selección argentina. Su historia de superación emociona al deporte tucumano.

ENFOCADO. Luca Montero maneja la bola, durante un partido con su club Talleres de Tafí Viejo. ENFOCADO. Luca Montero maneja la bola, durante un partido con su club Talleres de Tafí Viejo.
Hace 1 Hs

Hay chicos que aprenden a crecer pateando una pelota contra una pared; otros lo hacen persiguiendo una bola naranja en una cancha de parquet; y están algunos, como Luca Montero, que descubren demasiado temprano que la vida también se juega contra el reloj, contra los miedos y contra los límites que parecen escritos de antemano.

En Villa Carmela, mientras el otoño tucumano empezaba a enfriar la tarde, las valijas ya descansaban abiertas en un rincón de la casa. Un buzo de la Selección, zapatillas gastadas por entrenamientos infinitos y la ansiedad de quien está a punto de cruzar el océano convivían en silencio. Luca hablaba bajito, casi con timidez. Pero bastaba nombrar una cancha para que los ojos se le encendieran como si alguien hubiese activado un interruptor invisible.

A los 18 años, el alero de Talleres de Tafí Viejo está por cumplir el sueño que millones imaginan alguna vez y muy pocos alcanzan: representar a Argentina en un Mundial. El destino será Polonia; pero antes, se entrenará en el CeNARD y después sí viajará a Europa. Sin embargo, la verdadera historia empezó mucho antes, lejos de los estadios internacionales y de las camisetas celestes y blancas.

Todo comenzó en una casa de Villa Carmela en la que el deporte se transformó en una herramienta para construir el futuro. “Mi casa es mi búnker”, dice el joven, y la frase no parece armada para una entrevista. Le sale natural, como quien sabe exactamente de dónde viene.

Su papá, Juan Manuel, lo acompañará este miércoles a Buenos Aires para la última concentración antes del Mundial de Básquetbol Silencioso U21. Su mamá, Lucía, y sus hermanos se quedarán en Tucumán y lo alentarán desde la distancia. Pero él siente que todos viajarán con él. Y probablemente eso también sea cierto.

PLANTEL. La Selección U-21, que viajará a Polonia, posa para la foto con Luca Montero (tercero de derecha a izquierda, arriba) listo para la acción. PLANTEL. La Selección U-21, que viajará a Polonia, posa para la foto con Luca Montero (tercero de derecha a izquierda, arriba) listo para la acción.

Porque detrás de cada entrenamiento en Tafí Viejo hubo kilómetros, horarios imposibles, sacrificios silenciosos y una familia que eligió apostar por un sueño cuando todavía parecía demasiado lejano.

Luca no nació dentro del básquet, ni siquiera creció imaginándose ahí. Hasta 2020 jugaba al fútbol en Villa Mitre, pero algo pasó cuando agarró por primera vez una pelota naranja. Algo que ni él puede explicar del todo. “El básquet me voló la cabeza”, resume.

Desde entonces, todo ocurrió rápido; demasiado rápido. Pasó de ser un chico que recién descubría el deporte a transformarse en una de las figuras jóvenes de la Súper Liga tucumana con la camiseta de Talleres. Hoy compite contra jugadores más grandes, más fuertes y con más experiencia. Pero incluso en ese contexto no se achica. Luca siempre tiene una batalla más por superar; tal vez porque aprendió a convivir con los desafíos de otra manera.

Fuera de la cancha, estudia segundo año de Programación en la UTN. Entre entrenamientos, viajes y concentraciones, también encuentra tiempo para escribir líneas de código. Habla de disciplina con la misma naturalidad con la que otros chicos hablan de ocio. Como si entendiera que el talento, por sí solo, nunca alcanza.

“Aplico la misma disciplina para sentarme a programar que para meter un triple bajo presión”, cuenta. Y hay algo simbólico en eso; porque mientras muchos buscan atajos, él parece haber entendido que la vida funciona como un algoritmo: prueba, error, constancia y paciencia; una ecuación silenciosa para ganarle a los obstáculos.

Luca Montero consume básquet casi por tiempo completo

Después están las noches eternas mirando NBA. Los videos repetidos de Anthony Edwards atacando el aro sin miedo, la admiración por Emiliano Lezcano y esa necesidad de ver en otro tucumano la confirmación de que sí se puede llegar lejos desde acá, desde el interior, desde una provincia que tantas veces mira el deporte grande por televisión.

Luca consume básquet como quien estudia un idioma nuevo. Analiza movimientos, interpreta decisiones y aprende detalles mínimos. Pero detrás de esa obsesión también aparece el chico común; el fanático de Boca, el hincha de San Martín, el hermano que se ríe con Milena y debate jugadas con Matías en la cocina de su casa. Quizás por eso emociona escucharlo hablar del Mundial.

Porque no habla como una estrella, sino como alguien que todavía no termina de creer lo que está viviendo.

El 31 de mayo subirá al avión rumbo a Europa. Del otro lado lo esperan las grandes potencias del básquet silencioso juvenil, partidos difíciles y escenarios desconocidos. Una dimensión totalmente competitiva. Pero Luca ya sabe qué llevará consigo cuando suene la pelota en Polonia.

Los entrenamientos en Tafí Viejo, las tardes de Villa Carmela, el sacrificio de sus padres, las madrugadas de NBA, las horas frente a la computadora, y el sueño intacto de ese chico que empezó hace apenas cuatro años y ahora se convirtió en bandera del NOA saltarán a la cancha junto a él. “Voy a dejar la vida”, promete.

Y mientras lo dice, en esa casa en la que las valijas ya esperan listas, da la sensación de que no está hablando solamente de básquet; sino de todo lo que tuvo que hacer para llegar hasta acá. (Producción periodística: Carlos Oardi)

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