Chernóbil: osos, linces y bisontes habitan la zona de exclusión mientras los humanos deberán esperar 300 años para regresar
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Svitlana Kudrenko demostró recientemente en Ucrania que la fauna prospera en Chernóbil debido a la ausencia humana, que se mantendrá por 300 años por la radiación.
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El estudio usó cámaras trampa entre 2020 y 2021 en 60.000 km², registrando osos, bisontes y linces que ocuparon el área evacuada tras el accidente nuclear de 1986.
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Los hallazgos sugieren que la ausencia humana es más beneficiosa para la fauna que el daño por radiación, perfilando a la zona como un refugio de biodiversidad a largo plazo.
Caballos de Przewalski .
Se estima que dentro de unos 300 años recién la vida humana podrá seguir en Chernóbil. Mientras tanto la fauna en la zona prospera en ausencia de personas, mostrando adaptaciones sorprendentes a la radiación, pero los expertos estiman que la zona de exclusión seguirá siendo peligrosa para la vida humana durante siglos.
Tras la evacuación de más de 100.000 personas en 1986 y la delimitación de una zona de exclusión de 2.600 kilómetros cuadrados en Ucrania, el veto definitivo a la caza, la agricultura y el tráfico de vehículos ha generado un insólito refugio natural para especies sumamente sensibles.
Chernóbil se ha convertido en un ecosistema difícil de comparar con cualquier otro, moldeado tanto por la radiación como por décadas de abandono humano y cambios ecológicos inesperados.
Y eso es lo que sigue atrayendo a los científicos. Una reciente investigación liderada por la ecóloga ucraniana Svitlana Kudrenko, de la Universidad Albert Ludwig de Friburgo, en Alemania, ha constatado este fenómeno mediante la instalación de cámaras trampa entre los años 2020 y 2021. El estudio, que analizó una extensión de 60.000 kilómetros cuadrados en el norte del territorio ucraniano, registró más de 31.000 detecciones de fauna pertenecientes a 13 especies distintas.
Perros azules Chernóbil. (Imagen: Clean Futures Fund)
Sorprendentemente, más de la mitad de estos registros se localizaron dentro de la propia área prohibida de Chernóbil, arrojando unos índices de diversidad y densidad de mamíferos significativamente mayores que los obtenidos en espacios protegidos bajo supervisión institucional constante. Especies como el oso pardo, el lince euroasiático, el bisonte europeo o el caballo de Przewalski deambulan hoy libres de interferencias.
Los datos de este análisis confirman que la desaparición de las molestias humanas beneficia principalmente a las especies más esquivas de grandes mamíferos. En definitiva, Chernóbil no demuestra que la radiación sea inofensiva. Pero sí sugiere algo más incómodo: que, para muchas especies, la ausencia casi total de actividad humana puede resultar más favorable que convivir.
LIBRE. Un ciervo salvaje captado por una cámara trampa en la zona de exclusión de Chernóbil.






















