Clima caliente en La Ciudadela: nervios, silbidos y peleas en las tribunas durante la derrota de San Martín
La apatía del equipo ante Atlanta rompió la tolerancia de los hinchas. El partido terminó entre insultos, reprobación total al plantel, un amague de cántico contra los jugadores y tumultos entre los simpatizantes "santos".
LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
Los primeros 20 minutos del duelo frente a Atlanta ofrecieron una postal extraña, casi irreal para el estadio de San Martín: un silencio incómodo y espeso envolvió las tribunas.
La ausencia momentánea de la barra, que volvió a demorar su ingreso habitual con los bombos, las trompetas y las banderas, dejó en evidencia una realidad más profunda que la falta de instrumentos musicales: el resto del estadio no encontró motivos para cantar por cuenta propia. Un San Martín, apático, predecible y carente de luces, nunca contagió desde el césped hacia afuera. Sin el empuje artificial de la percusión que suele maquillar los baches anímicos, La Ciudadela quedó desnuda, reflejando el desencanto de una noche que ya pintaba fría desde el juego.
Una tensa calma
Mientras el marcador se mantuvo clavado en cero durante la etapa inicial, los hinchas contuvieron el aliento. No hubo una catarata de insultos, pero sí una inquietud subyacente que se devoraba las uñas de los simpatizantes. El enojo iba creciendo: cada entrega errática, cada control fallido en tres cuartos de cancha o cada pase hacia atrás que ralentizaba el avance generaba esa sensación de descontento colectivo que avisa que la tolerancia camina por la cornisa. El hincha quería empujar, pero el bostezo que salía desde el césped anulaba cualquier intento de épica popular.
El gol visitante terminó de romper la represa. La Ciudadela pasó del letargo a la furia en un parpadeo. Los reclamos airados llovieron de inmediato y no se salvó nadie.
Nervios y peleas
La frustración fue tan grande que la violencia no tardó en trasladarse a las butacas. Lo que comenzó como una discusión futbolística entre hinchas por los rendimientos individuales terminó degenerando en insultos cruzados y amenazas entre los propios plateístas, en un triste espectáculo donde la bronca nubló la razón.
Y en medio del fastidio, desde un sector intentaron arrancar, de forma tímida pero con rabia, el clásico y temido “Jugadores...”.
La canción de guerra no encontró el eco suficiente para colonizar todo el estadio y se terminó diluyendo rápido entre el murmullo general, pero el amague quedó flotando en el aire como un aviso. Están ahí, a muy poco de romper el límite.
Cuando el árbitro señaló el círculo central, la sentencia del público fue categórica. El plantel se retiró envuelto en una silbatina que bajó desde los cuatro costados, como hace bastante no sucedía.
La bronca, lejos de disiparse con el pitazo final, se trasladó a la zona del playón. A los pocos minutos, comenzó a viralizarse en los teléfonos de los socios un video que sintetiza el estado de ebullición actual: una violenta gresca entre varios hinchas explotó cerca de la cantina. Corridas, gritos y golpes de puño expusieron la herida abierta que dejó el resultado.
La Ciudadela siempre fue una caldera capaz de asfixiar al rival, pero cuando el fútbol brilla por su ausencia, el fuego se vuelve contra los propios. San Martín acumuló su segunda caída en fila, pero lo que realmente encendió las alarmas fue el quiebre de la paz en las tribunas. El hincha ya dictó su veredicto: la paciencia comenzó a escasear y el crédito, que parecía largo, empieza a evaporarse entre la impotencia y el silencio.






















