Por qué muchos jóvenes sienten que no pueden salir del malestar emocional, según un estudio
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Un estudio de la Univ. de Copenhague reveló que los jóvenes no logran salir del malestar emocional porque el estrés, el insomnio y la soledad se conectan y retroalimentan.
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Analizando 175 conexiones biológicas y sociales, el modelo muestra cómo el estrés daña el sueño, lo que genera aislamiento y fatiga, refutando que el celular sea la única causa.
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El hallazgo impulsa a Dinamarca a diseñar políticas públicas preventivas y cambia el enfoque de la salud mental juvenil, dejando de culpar a la falta de voluntad individual.
CONEXIONES ENTRE HÁBITOS Y EMOCIONES. Especialistas en psicología, biología y epidemiología construyeron un modelo para entender por qué muchos jóvenes permanecen atrapados en cuadros de ansiedad y agotamiento emocional. / PEXELS
Dormir mal, sentirse agotado, aislarse, perder motivación y volver a dormir peor. Para muchos jóvenes, el malestar emocional funciona así: como una cadena de problemas que se conectan y terminan potenciándose entre sí.
Un estudio realizado por investigadores de la University of Copenhagen intentó entender por qué la ansiedad, la depresión o el agotamiento emocional pueden sostenerse durante largos períodos incluso cuando las personas hacen esfuerzos por mejorar. La conclusión fue clara: los problemas emocionales rara vez aparecen aislados.
El trabajo identificó 175 conexiones entre factores psicológicos, sociales y biológicos que impactan sobre la salud mental de adolescentes y adultos jóvenes.
Cómo se forman los “círculos” del malestar emocional
El equipo de investigación desarrolló un modelo dinámico para observar cómo situaciones cotidianas pueden transformarse en ciclos difíciles de romper.
Según los especialistas, el estrés puede empeorar la calidad del sueño; dormir poco aumenta la irritabilidad; la irritabilidad afecta las relaciones sociales y el aislamiento termina profundizando el malestar emocional. Con el tiempo, cada problema alimenta al siguiente.
Los investigadores compararon este proceso con una rueda que gira cada vez más rápido: mientras más tiempo permanece activa, más difícil resulta frenarla.
Uno de los ejemplos analizados fue la relación entre tabaquismo, depresión e insomnio. El modelo mostró que fumar puede empeorar síntomas depresivos; la depresión altera el descanso nocturno; dormir peor aumenta la fatiga y la necesidad de consumir nicotina; y ese incremento vuelve a afectar el estado emocional y el sueño.
Para los autores, muchos jóvenes sienten frustración porque intentan cambiar un hábito puntual, pero continúan atrapados en dinámicas más amplias que siguen afectando su bienestar.
Más allá del celular y las redes sociales
El estudio también cuestiona las explicaciones simplificadas sobre la crisis de salud mental juvenil. Según los investigadores, suele buscarse una causa única —como el uso del celular o las redes sociales— cuando en realidad intervienen múltiples factores al mismo tiempo.
El modelo incluyó variables como estrés, actividad física, calidad del sueño, soledad, entorno social, hábitos de consumo e incluso procesos biológicos vinculados a la inflamación.
“La mayoría de las causas están interconectadas”, explicó la investigadora Naja Hulvej Rod, una de las responsables del proyecto.
Los especialistas remarcaron que reducir el tiempo frente a pantallas o modificar un único hábito puede ayudar, pero generalmente no alcanza cuando existen varios factores negativos actuando simultáneamente.
Un problema que preocupa cada vez más
La investigación aparece en un contexto de creciente preocupación global por la salud mental juvenil. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, durante el primer año de pandemia los casos de ansiedad y depresión aumentaron un 25% en el mundo, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes.
Además, la OMS estima que uno de cada siete adolescentes convive con algún trastorno mental.
A partir de este nuevo modelo, autoridades locales de Dinamarca ya comenzaron a trabajar junto a investigadores para diseñar políticas públicas enfocadas en interrumpir estos ciclos antes de que se vuelvan crónicos.
Para los especialistas, uno de los principales aportes del estudio es cambiar la mirada sobre el sufrimiento emocional juvenil. Muchas veces, explican, no se trata de falta de voluntad individual, sino de una combinación compleja de hábitos, emociones y condiciones sociales que terminan atrapando a las personas en un círculo difícil de cortar.






















