Arte, patrimonio y una inquietud: ¿cómo hacer relevante nuestra vida?

  • La artista Marisa Rossini inauguró el viernes la muestra 'Apellido de calle' en el Museo Iramain de Tucumán para reflexionar sobre el patrimonio y la memoria colectiva.
  • Mediante grabados, documentos intervenidos y una genealogía ficcionada, la obra resignifica la historia cotidiana de la casa-museo y su integración con el barrio del Bajo.
  • La muestra impulsa al museo a redefinir su nexo territorial y su identidad, invitando al público a cuestionar qué decidimos conservar y cómo valoramos nuestro presente.

NUEVOS SIGNIFICADOS. Papeles que parecen destinados al descarte pueden releerse con el prisma adecuado.  LA GACETA / FOTOS DE DIEGO ARÁOZ NUEVOS SIGNIFICADOS. Papeles que parecen destinados al descarte pueden releerse con el prisma adecuado. LA GACETA / FOTOS DE DIEGO ARÁOZ
Hace 4 Hs

Objetos, historias, presencias, recuerdos. Y silencios, por supuesto. Todo nutre la atmósfera del Museo Provincial Escultor Juan Carlos Iramain, ubicado en Entre Ríos 27, allí donde el trajín cotidiano del Bajo se cruza con los profundos recovecos de la memoria. Sobre esa tensión que proponen dos velocidades de habitar el mundo trabajó Marisa Rossini y el resultado tiene forma de muestra: “Apellido de calle. La irrelevancia de nuestros días”.

Con curaduría de Eugenia Bulacios Zamora y Gaspar Núñez, la exposición inaugurada el viernes forma parte de un proyecto de la Dirección de Artes Visuales del Ente Cultural, en el marco de las actividades por el Día Internacional de los Museos. Pero más que una muestra convencional se presenta como una intervención integral sobre la casa-museo, una experiencia site-specific construida a partir de una relación prolongada entre la artista y el lugar. Por eso la propia casa se convierte en parte de la obra.

El resultado es un entramado de grabados, dibujos, técnicas mixtas, documentos intervenidos, una ficción genealógica y reflexiones sobre aquello que una sociedad decide conservar y aquello que deja perder.

Cuenta Santiago Soria, encargado del Iramain, que el disparador del proyecto fue una visita realizada por estudiantes de la Facultad de Artes al museo. Quedaron movilizados y el resultado fue un mural, que hoy puede apreciarse en el patio de la casa. Esa intervención es parte del proceso creativo en el que se sumergió Rossini.

En detalle

¿Qué convierte a algo en patrimonio? ¿Quién decide qué merece ser conservado? ¿Qué historias quedan afuera de los relatos oficiales? ¿Qué sucede con los objetos aparentemente insignificantes que acompañan la vida cotidiana? Las preguntas acompañan la búsqueda planteada por la artista y las respuestas van asomando en el legado de Leonardo Iramain y María del Huerto Soria Bravo, matrimonio que habitó la casa durante décadas, la transformó en un museo y terminó donándola al Estado.

La exposición dialoga de manera directa con una consigna impulsada por el Consejo Internacional de Museos (ICOM): la necesidad de tender puentes entre mundos aparentemente separados. Rossini la vincula con el contexto específico del Iramain. “Una de las cosas que nos interesaba y que uno de los curadores pone en el texto, es que este museo está en el Bajo y que esa cara está cambiando -apunta-. Entonces la propuesta es acercar la cultura a lo que es esta zona comercial y viceversa, como traer lo comercial de la zona dentro del museo”. La observación resulta significativa porque durante décadas los museos fueron percibidos como espacios aislados de la vida cotidiana.

Uno de los aspectos más llamativos es la manera en que Rossini trabaja sobre materiales que normalmente pasarían inadvertidos. Tickets, formularios, logotipos empresariales, registros administrativos, carnés y papeles destinados al descarte reaparecen convertidos en piezas capaces de narrar historias complejas. Rossini observa esos documentos con una mirada casi arqueológica. Lo que parece un simple papel viejo se transforma entonces en una ventana hacia otra época.

“Un ticket de Casa Tía te está hablando de una inmigración europea, te está hablando de un sistema de comercio que no existía en la época de 1920 aproximadamente dentro de nuestro país”, explicó. La operación artística consiste precisamente en eso: devolver visibilidad a aquello que parecía condenado a la irrelevancia.

Recorridas

Otro de los núcleos de la exposición está dedicado a la historia de quienes habitaron la casa, aunque Rossini no se limita a reconstruir un árbol genealógico tradicional. Lo que propone es una genealogía híbrida donde conviven datos reales, interpretaciones, fragmentos documentales y elementos ficcionales. Fotos que en una vitrina se prestan a lecturas de lo más variadas: amantes potenciales, fisicoculturismo, Raúl Alfonsín e Isabelita. Un poco real, un poco ficción.

La obra se preocupa por recuperar el papel de las mujeres dentro de la historia familiar. Advierte Rossini que la casa se compró con el dinero de dos hermanas y que son señales de lo que poco se habla, como la huellas del matriarcado en el norte. Una reflexión que excede el ámbito doméstico para convertirse en una lectura más amplia sobre las formas de organización social y económica en el Tucumán de antaño.

Desde ese lugar, el árbol genealógico deja de ser una simple sucesión de nombres para transformarse en una exploración sobre las relaciones de poder, las memorias familiares y las herencias culturales.

Claro que uno de los espacios que más sorprende a los visitantes es el baño de la casa, que está lejos de proponer una experiencia provocadora porque tiene antecedentes como espacio expositivo. Allí estaban, por ejemplo, los cuadros de María del Huerto (“es mi lugar favorito”, confiesa Rossini). La observación revela otra de las virtudes del proyecto, como es su capacidad para dialogar con la historia del museo sin imponer una ruptura artificial. Conviven así el recuerdo de José Luis Cabezas, Famaillá, tapas de libros de Derecho y un Rock Hudson que saluda acodado en la bañera, pintada de un refulgente rosado.

Decisiones

Uno de los aspectos más llamativos de la muestra es el homenaje a la práctica de la Abogacía, a partir de la historia misma de quienes hicieron posible la existencia de este espacio patrimonial (Iramain y su esposa eran abogados). ¿Y dónde encaja el arte ahí? “El derecho tiene que ver con lo creativos que pueden llegar a ser los abogados -destaca Rossini-. Por ejemplo, para ganar un juicio hay que tener mucha creatividad”.

“Todo lo que ellos sabían de jurisprudencia y del Derecho Administrativo permitió que pudiera haber existido la Fundación que crearon, porque al campo del arte le cuesta mucho todo lo que es administrativo -agrega-. Entonces, cuando fusionás un artista y un abogado puede salir adelante una Fundación y es muy necesaria para preservar el patrimonio”.

¿Y esto por qué?

Sol Rodríguez Díaz, integrante de la Dirección de Artes Visuales del Ente Cultural y encargada del Museo Timoteo Navarro, destacó que el Iramain se encuentra inmerso en un proceso permanente de redefinición. Sostuvo que uno de los grandes desafíos actuales consiste en pensar qué significa un museo en Tucumán y cómo debe vincularse con su territorio, con los artistas y con las comunidades.

“El Iramain es una institución que todo el tiempo se está pensando a sí misma”, enfatizó, y remarcó que una de las búsquedas centrales de la gestión consiste en seguir explorando cuál es su identidad específica y cuál debe ser su papel dentro del campo cultural contemporáneo. En ese sentido, consideró que propuestas como la de Rossini permiten mantener abiertas preguntas fundamentales: qué es el patrimonio, cómo funciona un museo, de qué manera se construye la memoria colectiva y cuál debería ser el anclaje territorial de estas instituciones.

Por todo esto, “Apellido de calle. La irrelevancia de nuestros días” habla de una familia, de un museo y de una colección patrimonial, y al mismo tiempo habla de todos nosotros. De la necesidad humana de dejar huellas, de construir memoria y de encontrar significado en medio del paso siempre inexorable del tiempo.

Pero, ¿qué significa que una vida sea irrelevante? La pregunta aparece cuando el visitante se encuentra frente al título de la exposición. Es que la irrelevancia de nuestros días provoca curiosidad y cierta incomodidad. Rossini reconoce que el concepto surge de una observación sobre la forma en que solemos relacionarnos con el pasado.

“Siempre queremos buscar un antepasado exitoso, famoso. Todos quieren tener parientes nobles o héroes de la independencia -analiza-. Mientras estamos parados en el presente, nuestra vida es irrelevante comparada con la del pasado, pero somos nosotros mismos los que le damos o no la relevancia a la vida. Entonces, ¿cómo hago para que mi vida no sea irrelevante y contribuya a un cambio profundo en el contexto social?”

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios