El maíz para choclo necesita la mano de la industria

En Tucumán debe encararse un proyecto industrial-conservero de hortalizas. Variedades.

16 Agosto 2002
Hasta 1970 en Tucumán se producían menos de 2.000 hectáreas de choclo, con variedades para grano seco, que se cosechaban anticipadamente a fin de lograr un óptimo contenido de azúcar. Los bajos rendimientos que rondaban los 10.000 choclos por hectárea y la falta de calidad, tanto para consumo fresco como para industria, limitaron su expansión masiva en la provincia.
Con la liberación de la variedad de maíz para choclo de grano amarillo "TEEA-DULCE" de la EEAOC, que rendía unos 15.000 choclos por hectárea, a partir de 1980 el gusto del consumidor de choclo fresco y la demanda de la industria se inclinaron por el grano blanco. Así fue que se desarrollaron las variedades "Morocho INTA" y "TUC-Blanco dulce", que abastecieron los mercados locales y nacionales.
En estos vaivenes de los mercados, tanto los organismos oficiales como algunos privados, respondieron a la producción primaria generando nuevas variedades o mejorando el manejo agronómico del cultivo. La asignatura pendiente fue siempre la falta de industrias locales que procesen nuestra producción.
Con la introducción de híbridos superdulces exitosos de Brasil, se triplicaron los rendimientos, lográndose un producto de alta competencia local y nacional. Así los híbridos Bereta, Rival, Sundance, por nombrar algunos, con óptima fertilización, riego y control del gusano cogollero, rinden unos 60.000 choclos de excelente calidad por hectárea en el pedemonte tucumano.

Riesgos y limitaciones
El productor de choclo en escala en Tucumán no está libre de riesgos, ya que las condiciones climáticas juegan a veces en contra de su sistema productivo.
En efecto, como las siembras se inician a partir de que las temperaturas de suelo superen los 12ºC, y esto sucede a inicio de agosto, las heladas tardías pueden afectar el cultivo en algunos microclimas del pedemonte. Esta situación es inmanejable por el hombre, pero aún persiste el problema de la falta de industria. Esto obliga a que la producción viaje a Catamarca o Santiago del Estero, donde cuentan con enlatadoras de choclos con capacidad de 20 toneladas diarias. Una vez más, zonas con serias limitaciones agroecológicas para producir determinados productos agrícolas, son beneficiadas con medidas impositivas para radicar plantas procesadoras de productos foráneos. Es hora de que Tucumán despierte, y de que el Estado y los empresarios concreten un emprendimiento industrial-conservero de hortalizas para que los productos sean competitivos local e internacionalmente.

Tamaño texto
Comentarios