Hay que defender la vocación ecológica

Tucumán está sumida en una de las contaminaciones más graves de su historia. El ecosistema local está totalmente hipotecado.

30 Agosto 2002
Al comenzar la "Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible", Juan Pablo II aseguró el domingo pasado, que la "vocación ecológica" del hombre se hace más urgente que nunca en nuestro tiempo, en el que el equilibrio ambiental sufre graves amenazas. El Papa formuló su pronunciamiento en la víspera de la apertura de la Cumbre que convoca la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la ciudad sudafricana de Johannesburgo, que comenzó el 26 de agosto y se extenderá hasta el 4 de septiembre. "Ante la admirable providencia divina, que se manifiesta en la creación y en la historia, el hombre se siente sumamente pequeño y muchas veces avasallado", afirmó el pontífice ante varios miles de personas congregadas en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo, a 30 kilómetros de Roma. Al mismo tiempo el Papa afirmó que los hombres, de hecho, son puestos por Dios como administradores de la tierra, para cultivarla y custodiarla y no para abusar de ella o tornarla estéril".
De aquí deriva lo que podríamos llamar la "vocación ecológica", que se hace más urgente que nunca en nuestro tiempo.
Por eso, desde esta columna, hacemos votos para que tanto en la Cumbre de Johannesburgo en Sudáfrica como en el día a día en nuestro Tucumán, los funcionarios responsables de hacer respetar el medio ambiente asuman el compromiso por el que fueron convocados, y no miren hacia un costado dejando que los intereses económicos mediáticos se sobrepongan a los intereses comunitarios presentes y futuros.
Tanto en Sudáfrica como en la Argentina, los funcionarios y los empresarios relacionados al quehacer agroalimentario deben encontrar caminos eficaces para un desarrollo humano integral, teniendo en cuenta la dimensión económica, social y ambiental.
En Tucumán, los funcionarios ambientales sólo posan para las fotos cuando frenan la quema de un pequeño cañaveral, pero miran para otro lado cuando el problema es aún mayor. Y la prueba es que hoy la provincia se encuentra sumida en una de las contaminaciones más grande que se recuerde en toda su historia.
Basta con salir hacia las zonas rurales y recorrer las rutas provinciales para observar cómo en una provincia, que décadas atrás era considerada el "Jardín de la República" (en gran parte por el respeto hacia la naturaleza), en la actualidad esté convertida en una tierra arrazada.

Los perjuicios
Contaminación ambiental por la brutal quema de los cañaverales y los residuos de la cosecha de la caña de azúcar; chimeneas de ingenios azucareros que despiden humos y gases nocivos para la salud humana sin ningún tipo de control y respeto por el medio ambiente y mucho menos por la salud de la población. Ríos contaminados con efluentes nocivos originados en diferentes tipos de fábricas (azucareras, citrícolas, frigoríficos, papeleras), que en su conjunto es más el daño que provocan que los remedios que brindan. Por el sólo hecho de generar mano de obra o de silenciar a piqueteros con Planes Trabajar, para que no quemen cubiertas, no se puede poner en peligro las futuras generaciones que habitarán esta región.
Hoy el ecosistema de Tucumán está plenamente hipotecado y contaminado, y es hora de decir ¡basta!. No nos debemos conformar con las lluvias torrenciales del verano que lavan la cara de los ríos y del ambiente, porque el daño sufrido y el desequilibrio ecológico provocado no tiene camino de vuelta y ya habrá ocurrido.
La destrucción es irreversible. Esta historia se repite año a año en Tucumán y desde las esferas gubernamentales nadie hace absolutamente nada al respecto, para que los habitantes de esta región puedan vivir con un mínimo de dignidad respetándoles su salud y no endeudando su futuro. Es hora de trabajar en nuestros campos y en las fábricas a consciencia, respetando y haciendo respetar el medio ambiente, sancionando a quienes transgreden la ley, desde el más pequeño al más grande. Sólo si esto ocurre y logramos concientizar a todos por igual, seguramente el futuro por venir brindará a nuestros hijos un aire más puro y cauces de agua sin contaminantes. Llegó la hora de despertar en la gente la verdadera "vocación ecológica", la misma que nos pidió el Papa desde Italia y, precisamente, desde una de las regiones del mundo más respetuosas del medio ambiente.

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