El hombre de campo es el único garante de la alimentación mundial

En las manos de los productores descansa el presente y el futuro de la humanidad. El gobierno provincial debería proteger a la sociedad rural. Las inversiones.

06 Septiembre 2002
"El que labra su tierra se hartará de pan", esta frase tan ancestral como bíblica (Libro de los Proverbios, capítulo 12, versículo 11) vale la pena desempolvarla del libro sagrado, para hacerles recordar a nuestros hombres de campo, que en sus manos, gestoras del pan de cada día, no tan sólo está el presente, sino también el futuro de la humanidad.
El próximo domingo se celebra mundialmente el "Día del Agricultor" y precisamente, desde esta sección, queremos rendirle un homenaje a todos los hombres que, con el sudor de su frente por la dura labranza de la tierra, no tan sólo ganan el pan para sus familias, sino para toda una sociedad que necesita de tan noble sacrificio para abastecerse con los alimentos que los hará vivir.
El agricultor es el garante de la alimentación mundial y frente a su lucha contra la naturaleza, es paradógicamente el trabajador más sufrido, marginado y olvidado. El tiene la dicha y la dignidad de, no tan sólo poder vivir en contacto directo con la naturaleza sino, además, de guardar la historia y la rica cultura de nuestros orígenes. Todo el que trabajó alguna vez en el campo sabe de la bondad, de la sencillez y de la humildad, pero también del sacrificio y del esfuerzo que realizan estos trabajadores, que día a día se deben sobreponer a las inclemencias climáticas y luchar, a brazo partido, para obtener el fruto de la madre tierra.
Estamos totalmente convencidos de que, la mejor inversión que pueden hacer todos los gobiernos y más aún el de nuestra provincia, es proteger a la sociedad rural, preservándola de todas las injusticias y marginaciones que sufre, y brindarle un marco adecuado para que el hombre de campo y más aún el agricultor puedan crecer en un entorno digno de ser vivido plenamente, en donde la educación de sus hijos esté garantizada y la salud de sus habitantes no sea un tema preocupante.
De esta manera se le estaría brindando al agricultor y a su familia un entorno digno, evitándose así su migración hacia los centro urbanos, con la conformación de cinturones de pobreza y marginalidad fruto de la falta de contención en su entorno natural.

Las prioridades
Es necesario recrear el campo como una política de prioridades, con inversiones directas en centros educacionales, comedores escolares, dispensarios y hospitales, infraestructura en agua potable, energía eléctrica y vías de comunicación. Estas herramientas, que podríamos considerar elementales o básicas, hoy no existen en nuestros campos. En países desarrollados, con gobernantes más competentes o más racionales y coherentes que los nuestros, el presupuesto que se destina para el desarrollo de los agricultores y de sus familias, constituyen la expresión real de una política de desarrollo rural digna de ser imitada.
El gasto agrario, más que gasto, es considerado en Europa o en EE.UU. como una inversión agraria, contempla el otorgamiento de subsidios a fondo perdido a grupos sociales, para proyectos de infraestructura colectiva o bien créditos blandos, cuando van dirigidos a los proyectos económicos de los productores.

Solidaridad
El objetivo prioritario debería estar basado en la solidaridad; y la mejor forma es dando prioridad al desarrollo del agricultor y su familia, en su entorno natural, privilegiando así el desarrollo rural. Todo lo que se pueda hacer, será poco; no se deben limitar las ayudas para el campo.
Es necesario fortalecer las economías de los agricultores, hacerlos menos dependientes de la nefasta migración hacia las ciudades y mejorar en forma duradera las condiciones de vidas de sus habitantes. De esta manera se podrá cumplir el proverbio bíblico y solamente así, todos nos hartaremos de pan.

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