22 Noviembre 2002
Ante los tristes hechos de público conocimiento ocurridos recientemente en la provincia de Tucumán con el fallecimiento de varios niños por problemas alimentarios, cabe que todos nos preguntemos dónde están los verdaderos causales de estos lamentables sucesos. No pude disimular mi indignación y a la vez vergüenza cuando leí en varias sitios de Internet de diferentes organizaciones humanitarias del mundo entero, y sobre todo de las españolas, pidiendo ayuda alimenticia y económica para Tucumán, provincia que -por otra parte y según cualquier libro que se consulte-, se caracteriza por su gran variedad de climas y genera envidia en diversas partes del mundo por la bondad de la naturaleza que reina en esta tierra.
Y no porque no agradezca el gesto de personas de todo el mundo de buena voluntad, sino porque vi que nosotros mismos, los tucumanos, somos incapaces de mejorar lo que tenemos la obligación moral de mejorar, que es nuestro medio, la sociedad en la cual vivimos.
Citrus, caña de azúcar, granos, productos hortícolas, frutales, tabaco y ganado figuran entre los muchos productos que esta tierra tucumana produce a lo largo de todo el año.
No sin antes citar que en la provincia existe un gran centro concentrador de frutas y hortalizas (Mercofrut) que recibe productos frescos, saludables y a precios muy accesibles, para ser comprado por cualquier programa alimentario estatal que se implante en el medio sin tener que gastar sumas fabulosas en productos enlatados de otras regiones.
Trabajar la tierra
Viene a mi memoria la frase bíblica del libro de los Proverbios que nos indica muy gráficamente como se pueden superar todos estos problemas y es a través del trabajo ordenado y sistemático de la madre tierra: "El que labra su tierra se hartará de pan"...
En este medio lo único que hace falta para hartarnos de ese pan de cada día es solamente ponernos a trabajar la tierra.
No necesitamos ayuda humanitaria del mundo, no necesitamos sentirnos víctimas ni dar lástima. Necesitamos poner en movimiento la maquinaria humana y comenzar a producir para poder consumir, en primer lugar, y luego, vender los productos alimentarios obtenidos a todo el mundo. ¿Para qué están los programas rurales Prohuerta, Cambio Rural o Programa Social Agropecuario si no es para capacitar, transferir tecnología y enseñarle al hombre de la ciudad y del campo sobre la importancia del trabajo buscando la autosuficiencia?.
Es obligatorio potenciar el desarrollo de estos programas y dotarlos de mayores recursos para que lleguen a todos los rincones de esta región, capacitando, concientizando, transfiriendo tecnología y brindando todas las herramientas, sobre todo para que los más necesitados puedan generar sus propios alimentos.
El progreso
Por otra parte, esta autosuficiencia no significa un retroceso al pasado idealizado en el que las personas se afanaban por conseguir los alimentos por medios primitivos. La autosuficiencia, y sobre todo en los más necesitados, es llegar al progreso hacia una nueva y mejor calidad de vida, hacia una vida más grata, saludable y autosustentable.
Hacia una vida que devuelve al trabajo el aliciente y la iniciativa diaria, desde sembrar el propio trigo hasta comer el propio pan, desde sembrar el propio maíz hasta comer la propia polenta, desde sembrar el grano para la cría de cerdos hasta comer su propio jamón.
Es preciso educar y transferir esa tecnología que está al alcance de todos para progresar, para vivir de manera más sana, para alcanzar una vida grata en un ambiente agradable, para vivir con salud corporal y paz mental, donde nadie sufra por no tener que comer, donde no existan niños que se mueran como moscas por causa de la falta de alimentos.
Debemos comenzar ya a producir nuestro sustento de lo que la tierra puede producir.
En este sentido, todos debemos, y digo todos sin excepción y sobre todos de los que se consideran hombres de buena voluntad, comenzar a trabajar en forma urgente por un futuro mejor.
Esta otra forma de vida merece nuestra consideración, merece ser vivida.
Y no porque no agradezca el gesto de personas de todo el mundo de buena voluntad, sino porque vi que nosotros mismos, los tucumanos, somos incapaces de mejorar lo que tenemos la obligación moral de mejorar, que es nuestro medio, la sociedad en la cual vivimos.
Citrus, caña de azúcar, granos, productos hortícolas, frutales, tabaco y ganado figuran entre los muchos productos que esta tierra tucumana produce a lo largo de todo el año.
No sin antes citar que en la provincia existe un gran centro concentrador de frutas y hortalizas (Mercofrut) que recibe productos frescos, saludables y a precios muy accesibles, para ser comprado por cualquier programa alimentario estatal que se implante en el medio sin tener que gastar sumas fabulosas en productos enlatados de otras regiones.
Trabajar la tierra
Viene a mi memoria la frase bíblica del libro de los Proverbios que nos indica muy gráficamente como se pueden superar todos estos problemas y es a través del trabajo ordenado y sistemático de la madre tierra: "El que labra su tierra se hartará de pan"...
En este medio lo único que hace falta para hartarnos de ese pan de cada día es solamente ponernos a trabajar la tierra.
No necesitamos ayuda humanitaria del mundo, no necesitamos sentirnos víctimas ni dar lástima. Necesitamos poner en movimiento la maquinaria humana y comenzar a producir para poder consumir, en primer lugar, y luego, vender los productos alimentarios obtenidos a todo el mundo. ¿Para qué están los programas rurales Prohuerta, Cambio Rural o Programa Social Agropecuario si no es para capacitar, transferir tecnología y enseñarle al hombre de la ciudad y del campo sobre la importancia del trabajo buscando la autosuficiencia?.
Es obligatorio potenciar el desarrollo de estos programas y dotarlos de mayores recursos para que lleguen a todos los rincones de esta región, capacitando, concientizando, transfiriendo tecnología y brindando todas las herramientas, sobre todo para que los más necesitados puedan generar sus propios alimentos.
El progreso
Por otra parte, esta autosuficiencia no significa un retroceso al pasado idealizado en el que las personas se afanaban por conseguir los alimentos por medios primitivos. La autosuficiencia, y sobre todo en los más necesitados, es llegar al progreso hacia una nueva y mejor calidad de vida, hacia una vida más grata, saludable y autosustentable.
Hacia una vida que devuelve al trabajo el aliciente y la iniciativa diaria, desde sembrar el propio trigo hasta comer el propio pan, desde sembrar el propio maíz hasta comer la propia polenta, desde sembrar el grano para la cría de cerdos hasta comer su propio jamón.
Es preciso educar y transferir esa tecnología que está al alcance de todos para progresar, para vivir de manera más sana, para alcanzar una vida grata en un ambiente agradable, para vivir con salud corporal y paz mental, donde nadie sufra por no tener que comer, donde no existan niños que se mueran como moscas por causa de la falta de alimentos.
Debemos comenzar ya a producir nuestro sustento de lo que la tierra puede producir.
En este sentido, todos debemos, y digo todos sin excepción y sobre todos de los que se consideran hombres de buena voluntad, comenzar a trabajar en forma urgente por un futuro mejor.
Esta otra forma de vida merece nuestra consideración, merece ser vivida.












