29 Noviembre 2002
El análisis del actual período de crecimiento de la caña de azúcar y las perspectivas de producción para la zafra 2003, obliga a realizar una serie de consideraciones sobre las condiciones en que se está desenvolviendo este período inicial del ciclo vegetativo de la caña de azúcar.
Es importante evaluar las características de la zafra del presente año; las renovaciones del cañaveral practicadas durante el invierno y el inicio de la primavera; el desenvolvimiento del tiempo, especialmente en lo que se refiere a las precipitaciones. Y en general, la calidad del manejo que se brinda a los cañaverales ya que es un factor altamente determinante de las posibilidades de crecimiento de la caña.
Finalización de la zafra 2002: Este año la zafra tucumana concluyó en la primera quincena de octubre, lo que es sumamente auspicioso, ya que la cosecha tardía provoca importantes definiciones en la producción de caña y de azúcar en el año siguiente. Cuanto más se demore mayores resultan las pérdidas, que son significativas a partir de la primera quincena de octubre en reducciones que varían desde un 17% a fines de ese mes hasta el 74% para cosecha de fines de diciembre.
Si se analizan los finales de zafra de la última década, podemos apreciar que la mayoría de ellos son en octubre, algunas en diciembre, y solamente una (1997) finalizó a comienzos de octubre.
La finalización de la zafra 2002 a comienzos de octubre genera la posibilidad de un período de crecimiento mejor, que para el caso de que las condiciones hídricas y térmicas sean favorables, podrían inducir a un mejor crecimiento y maduración de la caña.
Renovación de cañaverales: a partir de la segunda quincena de agosto y asociada a las mejoras en el precio del azúcar, se registro una notable inclinación del productor cañero a reservar sus cañaverales, que en general estaban sobrepasados en su vida útil. Esto disminuye ostensiblemente su capacidad productiva. A partir de la plantación importante que se dio en invierno y en primavera, Tucumán dispone de cañaverales más jóvenes y con mayor potencial de producción.
Nuevas variedades: la renovación del cañaveral se realizó en muchos casos con nuevas variedades que tienen una curva de maduración que posibilitaría lograr mejoras en la calidad de la materia prima desde el inicio hasta la finalización de la zafra. El aumento de la participación dentro del cañaveral de variedades como LCP85-384, LCP85-376 y RA87-2 degenera la perspectiva de mejores rendimientos sacarinos, aunque, como conocemos por experiencia, la evolución del proceso de maduración y la presencia de heladas son factores altamente determinantes de la calidad final que se pueda lograr.
Influencia de las lluvias: setiembre fue seco y con precipitaciones por debajo de los valores normales. En octubre y noviembre fueron irregulares en la zona cañera y determinaron algunas situaciones difíciles, especialmente para la caña planta. Se precisaron detenciones de crecimiento de las cañas en aquellas áreas de menos lluvias.
Manejo del cañaveral: en general se podría decir que las labores fueron más apropiadas que otros años, en razón de que la finalización temprana de la cosecha permitió realizar labores mecánicas de control de malezas y fertilización en forma más oportuna y efectiva.
Sin embargo, hay que destacar que algunos productores no hicieron las operaciones de compra de insumos con la suficiente antelación, de manera que se produjeron inconvenientes en la disponibilidad de productos como fertilizantes.
Es importante evaluar las características de la zafra del presente año; las renovaciones del cañaveral practicadas durante el invierno y el inicio de la primavera; el desenvolvimiento del tiempo, especialmente en lo que se refiere a las precipitaciones. Y en general, la calidad del manejo que se brinda a los cañaverales ya que es un factor altamente determinante de las posibilidades de crecimiento de la caña.
Finalización de la zafra 2002: Este año la zafra tucumana concluyó en la primera quincena de octubre, lo que es sumamente auspicioso, ya que la cosecha tardía provoca importantes definiciones en la producción de caña y de azúcar en el año siguiente. Cuanto más se demore mayores resultan las pérdidas, que son significativas a partir de la primera quincena de octubre en reducciones que varían desde un 17% a fines de ese mes hasta el 74% para cosecha de fines de diciembre.
Si se analizan los finales de zafra de la última década, podemos apreciar que la mayoría de ellos son en octubre, algunas en diciembre, y solamente una (1997) finalizó a comienzos de octubre.
La finalización de la zafra 2002 a comienzos de octubre genera la posibilidad de un período de crecimiento mejor, que para el caso de que las condiciones hídricas y térmicas sean favorables, podrían inducir a un mejor crecimiento y maduración de la caña.
Renovación de cañaverales: a partir de la segunda quincena de agosto y asociada a las mejoras en el precio del azúcar, se registro una notable inclinación del productor cañero a reservar sus cañaverales, que en general estaban sobrepasados en su vida útil. Esto disminuye ostensiblemente su capacidad productiva. A partir de la plantación importante que se dio en invierno y en primavera, Tucumán dispone de cañaverales más jóvenes y con mayor potencial de producción.
Nuevas variedades: la renovación del cañaveral se realizó en muchos casos con nuevas variedades que tienen una curva de maduración que posibilitaría lograr mejoras en la calidad de la materia prima desde el inicio hasta la finalización de la zafra. El aumento de la participación dentro del cañaveral de variedades como LCP85-384, LCP85-376 y RA87-2 degenera la perspectiva de mejores rendimientos sacarinos, aunque, como conocemos por experiencia, la evolución del proceso de maduración y la presencia de heladas son factores altamente determinantes de la calidad final que se pueda lograr.
Influencia de las lluvias: setiembre fue seco y con precipitaciones por debajo de los valores normales. En octubre y noviembre fueron irregulares en la zona cañera y determinaron algunas situaciones difíciles, especialmente para la caña planta. Se precisaron detenciones de crecimiento de las cañas en aquellas áreas de menos lluvias.
Manejo del cañaveral: en general se podría decir que las labores fueron más apropiadas que otros años, en razón de que la finalización temprana de la cosecha permitió realizar labores mecánicas de control de malezas y fertilización en forma más oportuna y efectiva.
Sin embargo, hay que destacar que algunos productores no hicieron las operaciones de compra de insumos con la suficiente antelación, de manera que se produjeron inconvenientes en la disponibilidad de productos como fertilizantes.












