29 Noviembre 2002
En Tucumán, el control de malezas en caña de azúcar cambió notablemente respecto de una década atrás, pero aún se observan cañaverales dónde este progreso no ocurrió y producen menos de lo que potencialmente podría obtenerse con las nuevas variedades en los ambientes donde se recomienda su implantación, señaló a La Gaceta, el ingeniero agrónomo Ignacio Olea, de la sección Manejo de Malezas de la EEAOC.
La concentración de propiedades que resulta de los datos preliminares del último censo agropecuario, también se traduce en un mayor empleo de herbicidas. "Podemos estimar que un 50% del área cultivada con caña en la provincia se maneja empleando esta tecnología en alto grado, pero aún alrededor de un 20% de la superficie no los utiliza. En este último caso, esa particularidad no implica que el control de las malezas resulte ineficiente, ya que el productor dispone de los medios mecánicos para hacerlo, mientras que en la otra situación, esa alternativa ya no resulta factible. El gran problema que queda por superar en Tucumán es el de la oportunidad en que se realizan las diferentes prácticas de manejo", resaltó el especialista.
Si bien, para diferentes fechas de aplicación el gasto en insumos puede ser igual, el retorno de la inversión no es el mismo. Las nuevas variedades y sistemas de plantación imprimen una dinámica de crecimiento más rápida de la caña. Esto facilita el control de las malezas, siempre y cuando se realice una adecuada elección del momento y de la alternativa tecnológica, según enfatizó Olea. Y agregó que con las últimas lluvias, está casi asegurado el cierre de la mayoría de los cañaverales.
A su juicio, deben atenderse las siguientes recomendaciones. Caña planta: con la costumbre de no utilizar herbicidas residuales en forma temprana (inmediatamente después del desboquille), se observa que numerosas malezas de hoja ancha y los problemáticos pastos blancos, invaden la línea del surco y pueden afectar la capacidad de macollaje de las cañas plantas. En esos casos es insustituible para su control, el empleo de Ametrina o Terbutrina en mezcla con 2,4-D, fórmula que debería complementarse con Atrazina u otro herbicida residual con características graminicidas a fin de cubrir el espectro de las malezas anuales que constituyen el gran problema de las cañas plantas. En el mercado local están disponibles los dos herbicidas.
Túpulo: es la maleza más importante en Tucumán, y desde ahora y hasta el cierre del cañaveral se debe realizar su control en pos emergencia, ya que se demostró que si nace y crece bajo la sombra de la caña, no puede ser un competidor vigoroso. Existen dos fórmulas para su control efectivo en pos emergencia. Son: a) Dicamba 500 cm3 + Atrazina 50% 2 l/ha; ésta no se recomienda si existen cultivos de soja en la vecindad; b) Fluroxipir 500 cm3 + Atrazina 50% 2 l/ha.
En ambos casos, el agregado de Atrazina implica un sinergismo cuyos resultados en eficiencia de control, no se logra sin su presencia en la dosis indicada. También se demostró que el herbicida Flumetsulan en la dosis de 1 l/ha, controla el túpulo mientras están emergiendo sus diferentes camadas hasta el cierre del cañaveral, por lo que se aconseja su empleo en las cañas plantas que tengan esta maleza.
Pasto ruso, cebollin y grama: el gran avance en el manejo de estas especies fue aportado por la rotación con sojas resistentes al Glifosato y el empleo de este herbicida para su manejo, como en el barbecho químico de presiembra. En estos momentos resulta indiscutible su conveniencia técnico-económica para disminuir drásticamente la población de estas especies.
El pasto ruso y el cebollín cuentan con herbicidas para su control en pos emergencia, ya que estas malezas no son tan dependientes de la rotación con soja, como en cambio resulta el caso de la grama. Hoy no se cuenta con disponibilidades de TCA o Dalapón, productos utilizados por más de 30 años para su control con relativa eficiencia.
Las variaciones del costo no detienen a las fertilizaciones
Durante 2002 fueron muchas las circunstancias que se sumaron para que sea esta una campaña con rasgos particulares respecto de las últimas campañas. Una mejora sensible de los precios del azúcar, una finalización de la zafra un mes antes que las anteriores, la dolarización del valor de los insumos y la variación según precio del gasoil de las labores culturales, representan los principales factores de diferenciación de años anteriores.
Respecto de la fertilización nitrogenada específicamente, un análisis de costos realizado en septiembre por los técnicos de la EEAOC y de las principales empresas productoras de caña, advirtió sobre la mayor participación que tendría en esta campaña el valor la fertilización nitrogenada dentro del costo total de manejo del cañaveral. En efecto, hasta la campaña 2001 la fertilización significaba un 20% o un 25% del costo de que incluía cultivo, fertilización y amortización de la plantación; en 2002 representó entre un 40% y un 50%, según el uso de herbicidas que se hiciera.
A pesar del mayor costo de fertilización, los productores, concientes de su efecto en la obtención de altos rendimientos, priorizaron su aplicación usando criterios técnicos difundidos por la EEAOC para la obtención del mayor beneficio en la práctica.
La concentración de propiedades que resulta de los datos preliminares del último censo agropecuario, también se traduce en un mayor empleo de herbicidas. "Podemos estimar que un 50% del área cultivada con caña en la provincia se maneja empleando esta tecnología en alto grado, pero aún alrededor de un 20% de la superficie no los utiliza. En este último caso, esa particularidad no implica que el control de las malezas resulte ineficiente, ya que el productor dispone de los medios mecánicos para hacerlo, mientras que en la otra situación, esa alternativa ya no resulta factible. El gran problema que queda por superar en Tucumán es el de la oportunidad en que se realizan las diferentes prácticas de manejo", resaltó el especialista.
Si bien, para diferentes fechas de aplicación el gasto en insumos puede ser igual, el retorno de la inversión no es el mismo. Las nuevas variedades y sistemas de plantación imprimen una dinámica de crecimiento más rápida de la caña. Esto facilita el control de las malezas, siempre y cuando se realice una adecuada elección del momento y de la alternativa tecnológica, según enfatizó Olea. Y agregó que con las últimas lluvias, está casi asegurado el cierre de la mayoría de los cañaverales.
A su juicio, deben atenderse las siguientes recomendaciones. Caña planta: con la costumbre de no utilizar herbicidas residuales en forma temprana (inmediatamente después del desboquille), se observa que numerosas malezas de hoja ancha y los problemáticos pastos blancos, invaden la línea del surco y pueden afectar la capacidad de macollaje de las cañas plantas. En esos casos es insustituible para su control, el empleo de Ametrina o Terbutrina en mezcla con 2,4-D, fórmula que debería complementarse con Atrazina u otro herbicida residual con características graminicidas a fin de cubrir el espectro de las malezas anuales que constituyen el gran problema de las cañas plantas. En el mercado local están disponibles los dos herbicidas.
Túpulo: es la maleza más importante en Tucumán, y desde ahora y hasta el cierre del cañaveral se debe realizar su control en pos emergencia, ya que se demostró que si nace y crece bajo la sombra de la caña, no puede ser un competidor vigoroso. Existen dos fórmulas para su control efectivo en pos emergencia. Son: a) Dicamba 500 cm3 + Atrazina 50% 2 l/ha; ésta no se recomienda si existen cultivos de soja en la vecindad; b) Fluroxipir 500 cm3 + Atrazina 50% 2 l/ha.
En ambos casos, el agregado de Atrazina implica un sinergismo cuyos resultados en eficiencia de control, no se logra sin su presencia en la dosis indicada. También se demostró que el herbicida Flumetsulan en la dosis de 1 l/ha, controla el túpulo mientras están emergiendo sus diferentes camadas hasta el cierre del cañaveral, por lo que se aconseja su empleo en las cañas plantas que tengan esta maleza.
Pasto ruso, cebollin y grama: el gran avance en el manejo de estas especies fue aportado por la rotación con sojas resistentes al Glifosato y el empleo de este herbicida para su manejo, como en el barbecho químico de presiembra. En estos momentos resulta indiscutible su conveniencia técnico-económica para disminuir drásticamente la población de estas especies.
El pasto ruso y el cebollín cuentan con herbicidas para su control en pos emergencia, ya que estas malezas no son tan dependientes de la rotación con soja, como en cambio resulta el caso de la grama. Hoy no se cuenta con disponibilidades de TCA o Dalapón, productos utilizados por más de 30 años para su control con relativa eficiencia.
Las variaciones del costo no detienen a las fertilizaciones
Durante 2002 fueron muchas las circunstancias que se sumaron para que sea esta una campaña con rasgos particulares respecto de las últimas campañas. Una mejora sensible de los precios del azúcar, una finalización de la zafra un mes antes que las anteriores, la dolarización del valor de los insumos y la variación según precio del gasoil de las labores culturales, representan los principales factores de diferenciación de años anteriores.
Respecto de la fertilización nitrogenada específicamente, un análisis de costos realizado en septiembre por los técnicos de la EEAOC y de las principales empresas productoras de caña, advirtió sobre la mayor participación que tendría en esta campaña el valor la fertilización nitrogenada dentro del costo total de manejo del cañaveral. En efecto, hasta la campaña 2001 la fertilización significaba un 20% o un 25% del costo de que incluía cultivo, fertilización y amortización de la plantación; en 2002 representó entre un 40% y un 50%, según el uso de herbicidas que se hiciera.
A pesar del mayor costo de fertilización, los productores, concientes de su efecto en la obtención de altos rendimientos, priorizaron su aplicación usando criterios técnicos difundidos por la EEAOC para la obtención del mayor beneficio en la práctica.












