Hay que aprovechar las ventajas que otorga el conocimiento y la formación

Tanto la gente de campo como de la ciudad debe esforzarse para alcanzar su propio sustento y producir desde las granjas familiares.

29 Noviembre 2002
En este Tucumán que nos depara sorpresas todos los días vemos cómo hay gente del campo o de la ciudad que puede hacer las cosas por sí misma, trabajando con gran esfuerzo en busca de su propio sustento, labrando sus huertas o cuidando sus propias granjas.
Por otro lado, vemos cómo hay personas que sólo esperan y desean que otros trabajen por ellos, esperando dádivas que sólo le llevan dependencia y falta de dignidad. Los primeros suelen estar bien alimentados y generalmente llevan una vida digna; los segundos, sufren por no saber trabajar y por la incertidumbre de lo que vendrá.
Estamos frente a dos sistemas de vida y abastecimiento que bien los podríamos denominar "sistemas de autarquía" en el primer grupo y "sistemas de dependencia" en el segundo.
Nuestro país, desde su mismo nacimiento, siempre luchó por la independencia política y cultural; sin embargo, habiendo transcurrido tanto tiempo, podemos decir con certeza que la clase política en las últimas décadas se encargó de inculcarle a la gente que el único sistema válido de vida era el de la dependencia del propio Estado paternalista.

La naturaleza
Craso error, las consecuencias están a la vista. Para todos aquellos que conocen las bondades de la naturaleza en que vivimos y la riqueza de nuestra tierra, se demuestra sencillamente que a través de la autarquía, en primer lugar, y luego de la organización en segundo lugar, los hombres y las mujeres pueden vivir mejor, integrándose y trabajando por su propio sustento y por el de la comunidad que los aglutina.
Si es que queremos vivir en un mundo moderno y de avanzada, deberíamos producir un cambio enorme en nuestros sistemas de vida y pasar de la dependencia a la organización.
La sociedad debe organizarse para vivir más segura, y la sociedad rural debe producir para generar riquezas.
Esta misma sociedad debe invertir en las huertas y en las granjas (sociedad urbana) o en el campo para vivir con dignidad, y más aún en un país de extensas llanuras y valles fértiles como el nuestro.
En épocas de crisis sólo sobreviven dignamente aquellos que trabajan organizadamente, ya que por lo general el Estado en países desorganizados -como el nuestro-, no los suele contener.

Adiestramiento
Pero para que esto ocurra es necesario, en primer lugar, capacitar al hombre para que sepa cultivar la tierra, enseñarle por dónde deberá comenzar y motivarlo para que intente el cambio. Aquí está la función del Estado y de las organizaciones intermedias. No hay nada capaz de detener el florecimiento de una sociedad que consiga dar rienda suelta a la creatividad de sus miembros.

Educación
No podemos encomendarle al Gobierno que organice nuestras vidas, pero sí que las capacite, que invierta en la educación de la sociedad en todos los niveles. El conocimiento conducirá a que cada barrio, cada pueblo o cada sociedad pueda organizarse por si sola en busca de su abastecimiento.
Gran parte de la sociedad que formamos debería estar constituida por agricultores.
El aprovechamiento variado y concienzudamente planeado de la granja autosuficiente promoverá una gran variedad de formas de vida. Un agricultor que está rodeado de otro agricultor se verá obligado a colaborar con él, se generará obligadamente una acción de cooperación, y llegarán muy pronto a formar parte de una comunidad cordial.

El desafío
Sin embargo, la facultad de tener una huerta o de producir alimentos para el autoabastecimiento no está reservado a quienes poseen en el campo una hectárea de tierra.
El dueño de una pequeña parcela en una ciudad o en el cono urbano, también puede tener su pequeña huerta.
Es tiempo de reflexión, es tiempo de capacitación, es tiempo de acciones concretas, es tiempo de cambiar para lograr la verdadera independencia.

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