29 Octubre 2004
Al finalizar la campaña exportadora de limones de Tucumán, vale la pena hacer el balance para definir cuál es la verdadera situación por la que atraviesa esta importante actividad económica tucumana y comenzar a pensar en nuevas estrategias que se deberán asumir de inmediato para sacar al sector limonero, de lo que se considera es ya una crisis en puerta.
Por un lado se puede decir que el volumen exportado de fruta fresca fue un 15% inferior a la campaña anterior, y que alcanzó un volumen de ventas de 300.000 toneladas. Pero esta importante cantidad exportada lejos de convertirse en un factor de éxito, fue un verdadero lastre para la actividad. El limón español, como no había ocurrido otros años, se mantuvo los 12 meses en el mercado europeo al lado del limón que llegaba de la Argentina.
Las ofertas española y argentina fueron desmesuradas y, muy a pesar de la buena calidad de la fruta de ultramar, muchos precios de venta fueron de quebranto. Las consecuencias -a pesar de haber sido previsibles- no se tuvieron en cuenta y esto fue un grave error estratégico: mayor oferta global en los mercados (por más fruta española); estancamiento en la demanda y los precios por la inelasticidad propia del limón; precios bajos desde el inicio hasta el final de la campaña exportadora; barreras comerciales o fitosanitarias sobre el limón argentino; entre otras.
En la actualidad hay una gran cantidad de pallets de limón de la Argentina esperando para ser vendidos en Europa y en Rusia, pagando un elevado precio por el frío (que no sobra en el viejo mundo), con un mercado que este año no se llegará a recuperar.
Todavía los números no están cerrados y muchos exportadores que esperaban un final feliz, se equivocaron. Las liquidaciones adicionales de fines de zafra que deberían llegar a manos del sector productivo local, no llegarán en muchos casos por la gran depresión del mercado limonero, tanto en la UE como en Rusia. El mercado es lapidario y es el que manda y contra esto no se puede hacer nada.
En lo que respecta a la actividad industrial, la situación no es muy diferente. Las fábricas tucumanas molieron más limón del esperado, ya que la realidad productiva superó los aforos que se realizaron al inicio de la zafra citrícola, y el volumen final producido e industrializado será aún mayor que el de 2003.
Se suma, por otro lado, las expectativas incumplidas y que se crearon al inicio de 2004, cuando preveían que los precios de los derivados industriales crecerían, y esto llevó a pagar -en algunos casos- por la materia prima valores superiores a los de la convertibilidad.
Esto fue otro grave error. No se pueden pagar precios elevados por la materia prima cuando los productos industriales están en baja en el mundo. Es la pura y dura realidad, aunque pueda molestar. Los precios de los derivados del limón no tan sólo no subieron sino que el mercado está virtualmente parado. Además existe en estos momentos una gran disponibilidad de productos industriales que las empresas no pueden colocar en el mercado mundial a precios razonables, ni siquiera para cubrir sólo sus costos.
Muchas ventas se están haciendo a quebranto para bajar los stock y no encarecer más los costos en estructuras de logística y de frío, que hoy son muy elevados.
Ante esta dramática situación, con muchas empresas endeudadas y que no están cumpliendo con los compromisos asumidos, vale la pena sentarse a pensar en la búsqueda de una estrategia conjunta de salvataje. Para ello, es necesario sincerar la realidad, blanquearla y, a partir de allí, los sectores privado y oficial estudiar las medidas para ordenar las tareas.
Los efectos negativos del mercado sufridos por el sector este año superan con creces a cualquier efecto negativo del clima sobre las producciones (sequía, piedra, exceso de agua, etc). Sería loable, entonces, que el Estado evalúe en profundidad esta realidad y declare la emergencia económica para el sector limonero local, sentando así la piedra basal para un replanteo de nuevas estrategias para sacar al sector de la crisis actual, cuyas consecuencias pueden ser imprevisibles. (Por Ernesto José Caram, sección rural)
Por un lado se puede decir que el volumen exportado de fruta fresca fue un 15% inferior a la campaña anterior, y que alcanzó un volumen de ventas de 300.000 toneladas. Pero esta importante cantidad exportada lejos de convertirse en un factor de éxito, fue un verdadero lastre para la actividad. El limón español, como no había ocurrido otros años, se mantuvo los 12 meses en el mercado europeo al lado del limón que llegaba de la Argentina.
Las ofertas española y argentina fueron desmesuradas y, muy a pesar de la buena calidad de la fruta de ultramar, muchos precios de venta fueron de quebranto. Las consecuencias -a pesar de haber sido previsibles- no se tuvieron en cuenta y esto fue un grave error estratégico: mayor oferta global en los mercados (por más fruta española); estancamiento en la demanda y los precios por la inelasticidad propia del limón; precios bajos desde el inicio hasta el final de la campaña exportadora; barreras comerciales o fitosanitarias sobre el limón argentino; entre otras.
En la actualidad hay una gran cantidad de pallets de limón de la Argentina esperando para ser vendidos en Europa y en Rusia, pagando un elevado precio por el frío (que no sobra en el viejo mundo), con un mercado que este año no se llegará a recuperar.
Todavía los números no están cerrados y muchos exportadores que esperaban un final feliz, se equivocaron. Las liquidaciones adicionales de fines de zafra que deberían llegar a manos del sector productivo local, no llegarán en muchos casos por la gran depresión del mercado limonero, tanto en la UE como en Rusia. El mercado es lapidario y es el que manda y contra esto no se puede hacer nada.
En lo que respecta a la actividad industrial, la situación no es muy diferente. Las fábricas tucumanas molieron más limón del esperado, ya que la realidad productiva superó los aforos que se realizaron al inicio de la zafra citrícola, y el volumen final producido e industrializado será aún mayor que el de 2003.
Se suma, por otro lado, las expectativas incumplidas y que se crearon al inicio de 2004, cuando preveían que los precios de los derivados industriales crecerían, y esto llevó a pagar -en algunos casos- por la materia prima valores superiores a los de la convertibilidad.
Esto fue otro grave error. No se pueden pagar precios elevados por la materia prima cuando los productos industriales están en baja en el mundo. Es la pura y dura realidad, aunque pueda molestar. Los precios de los derivados del limón no tan sólo no subieron sino que el mercado está virtualmente parado. Además existe en estos momentos una gran disponibilidad de productos industriales que las empresas no pueden colocar en el mercado mundial a precios razonables, ni siquiera para cubrir sólo sus costos.
Muchas ventas se están haciendo a quebranto para bajar los stock y no encarecer más los costos en estructuras de logística y de frío, que hoy son muy elevados.
Ante esta dramática situación, con muchas empresas endeudadas y que no están cumpliendo con los compromisos asumidos, vale la pena sentarse a pensar en la búsqueda de una estrategia conjunta de salvataje. Para ello, es necesario sincerar la realidad, blanquearla y, a partir de allí, los sectores privado y oficial estudiar las medidas para ordenar las tareas.
Los efectos negativos del mercado sufridos por el sector este año superan con creces a cualquier efecto negativo del clima sobre las producciones (sequía, piedra, exceso de agua, etc). Sería loable, entonces, que el Estado evalúe en profundidad esta realidad y declare la emergencia económica para el sector limonero local, sentando así la piedra basal para un replanteo de nuevas estrategias para sacar al sector de la crisis actual, cuyas consecuencias pueden ser imprevisibles. (Por Ernesto José Caram, sección rural)
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