10 Noviembre 2006
Es preciso que el Estado desarrolle políticas sectoriales a favor del sector exportador citrícola
Reporte rural por Ernesto José Caram, sección rural. La gran carga impositiva
La década de los 90 fue una de las más nefastas para la fruticultura argentina, en términos de pérdida de competitividad.
Es que la famosa convertibilidad del 1 a 1 dejó lisa y llanamente fuera del negocio a la mayoría de los exportadores frutícolas argentinos. En esa época no podían insertarse en los principales mercados del mundo por la agresividad comercial de otros países del Hemisferio Sur, con similares condiciones en tecnología, clima y producción argentinos, como eran Chile, Sudáfrica y Nueva Zelanda. También se sumaba Uruguay, con una mejor convertibilidad monetaria que la nuestra. Esta mala experiencia, que duró más de una década en la Argentina, comenzó a cambiar con la salida de la convertibilidad a fines de 2001, lo que le dio un respiro al sector. De a poco, recuperó su competitividad monetaria y logró insertarse nuevamente en el mundo y ganar el terreno perdido, gracias al nuevo tipo de cambio que trepó hasta $ 3,5 por cada dólar.
Hoy, la gran carga impositiva y los aumentos en los costos productivos y en la mano de obra, llevaron a que la actividad volviera a tener los mismos costos en dólares que en la nefasta política neoliberal de los 90.
Y esta realidad que encuentra la resistencia estatal a ser analizada, y más si se la cuestiona, se torna más sórdida si vemos cómo -además del incremento de los costos- surgen o se mantienen impuestos distorsivos que otros países competidores del Hemisferio Sur no tienen.
En la Argentina rigen las retenciones a la exportación (5% para los cítricos y 10% para otros frutales); el Impuesto a las Ganancias es elevado (35%); se grava también con los Impuestos al Débito y al Crédito Bancario (1,2%), y a los Combustibles (23%), y está prohibido -por el ente recaudador- el ajuste contable en las empresas por la inflación, entre otros imponderables.
Llegado a este punto, hay que analizar, en un marco de realidad absoluta, que son varios los factores que asfixian, cada vez más, a los empresarios.
La viabilidad del sector frutícola exportador está cada vez más comprometida. La baja competitividad actual entre los exportadores de frutas frescas es similar a la que se vivió durante la convertibilidad menemista.
Ahora bien, si hay que analizar la realidad del sector limonero tucumano, estos hechos se agravan, ya que los productores deben enfrentar una compleja situación de mercados sobreofertados, de elevada competencia internacional (limón "Verna" español), con una escasa demanda en los mercados y con bajos precios.
La situación se agrava para los exportadores al tener que pagar un elevado arancel para ingresar a su principal mercado, la UE, y, para colmo, si el precio de venta es bajo, son penalizados con una sobretasa que licúa la escasa competitividad que les quedaba.
El panorama para el limón en 2007 no será muy distinto al que vivieron los exportadores tucumanos durante la campaña de este año.
En España se espera producir alrededor de un 15% más de limones respecto de 2006.
Además, hoy los precios de venta son tan malos que ya hicieron poner en estado de alerta a los productores murcianos, que reclaman desesperadamente a Bruselas una mayor protección a sus producciones, mayores subsidios y, lo que es peor aún, mayores restricciones al ingreso de los cítricos del Hemisferio Sur.
En diálogo con LA GACETA Rural, el especialista Miguel Angel Giacinti sostuvo que esta compleja situación nos debe llevar a reflexionar y avizoró algunas alternativas sobre las que se debería posicionar el Estado para dictar nuevas políticas para las economías regionales. Una, sería reducir los impuestos sectoriales y distorsivos que hoy no existen entre los exportadores de otros países competidores del Hemisferio Sur, sobre todo en Chile, y eliminar las retenciones a las exportaciones. También el Gobierno debería activar, con más rapidez, los reintegros a esas exportaciones (devolución de impuestos).
Por otra parte, es preciso que se formulen políticas de desarrollo sectorial para cada actividad (limones, peras, manzanas, uvas, etc.) que sean sustentables en el tiempo, con lo que se estaría incentivando a los empresarios a realizar más inversiones para no perder la competitividad, y motivarlos -así- a crecer y no tener, como en la actualidad, que son más los que quieren salir de este negocio, que los que quieren apostar al crecimiento.
Para los citricultores tucumanos la crisis es profunda y, al parecer, llegó la hora de que el Estado se anime a aceptar esta realidad y asuma la negociación de nuevas reglas del juego, para el bien de la región y, por ende, de la economía nacional.
Es que la famosa convertibilidad del 1 a 1 dejó lisa y llanamente fuera del negocio a la mayoría de los exportadores frutícolas argentinos. En esa época no podían insertarse en los principales mercados del mundo por la agresividad comercial de otros países del Hemisferio Sur, con similares condiciones en tecnología, clima y producción argentinos, como eran Chile, Sudáfrica y Nueva Zelanda. También se sumaba Uruguay, con una mejor convertibilidad monetaria que la nuestra. Esta mala experiencia, que duró más de una década en la Argentina, comenzó a cambiar con la salida de la convertibilidad a fines de 2001, lo que le dio un respiro al sector. De a poco, recuperó su competitividad monetaria y logró insertarse nuevamente en el mundo y ganar el terreno perdido, gracias al nuevo tipo de cambio que trepó hasta $ 3,5 por cada dólar.
Hoy, la gran carga impositiva y los aumentos en los costos productivos y en la mano de obra, llevaron a que la actividad volviera a tener los mismos costos en dólares que en la nefasta política neoliberal de los 90.
Y esta realidad que encuentra la resistencia estatal a ser analizada, y más si se la cuestiona, se torna más sórdida si vemos cómo -además del incremento de los costos- surgen o se mantienen impuestos distorsivos que otros países competidores del Hemisferio Sur no tienen.
En la Argentina rigen las retenciones a la exportación (5% para los cítricos y 10% para otros frutales); el Impuesto a las Ganancias es elevado (35%); se grava también con los Impuestos al Débito y al Crédito Bancario (1,2%), y a los Combustibles (23%), y está prohibido -por el ente recaudador- el ajuste contable en las empresas por la inflación, entre otros imponderables.
Llegado a este punto, hay que analizar, en un marco de realidad absoluta, que son varios los factores que asfixian, cada vez más, a los empresarios.
La viabilidad del sector frutícola exportador está cada vez más comprometida. La baja competitividad actual entre los exportadores de frutas frescas es similar a la que se vivió durante la convertibilidad menemista.
Ahora bien, si hay que analizar la realidad del sector limonero tucumano, estos hechos se agravan, ya que los productores deben enfrentar una compleja situación de mercados sobreofertados, de elevada competencia internacional (limón "Verna" español), con una escasa demanda en los mercados y con bajos precios.
La situación se agrava para los exportadores al tener que pagar un elevado arancel para ingresar a su principal mercado, la UE, y, para colmo, si el precio de venta es bajo, son penalizados con una sobretasa que licúa la escasa competitividad que les quedaba.
El panorama para el limón en 2007 no será muy distinto al que vivieron los exportadores tucumanos durante la campaña de este año.
En España se espera producir alrededor de un 15% más de limones respecto de 2006.
Además, hoy los precios de venta son tan malos que ya hicieron poner en estado de alerta a los productores murcianos, que reclaman desesperadamente a Bruselas una mayor protección a sus producciones, mayores subsidios y, lo que es peor aún, mayores restricciones al ingreso de los cítricos del Hemisferio Sur.
En diálogo con LA GACETA Rural, el especialista Miguel Angel Giacinti sostuvo que esta compleja situación nos debe llevar a reflexionar y avizoró algunas alternativas sobre las que se debería posicionar el Estado para dictar nuevas políticas para las economías regionales. Una, sería reducir los impuestos sectoriales y distorsivos que hoy no existen entre los exportadores de otros países competidores del Hemisferio Sur, sobre todo en Chile, y eliminar las retenciones a las exportaciones. También el Gobierno debería activar, con más rapidez, los reintegros a esas exportaciones (devolución de impuestos).
Por otra parte, es preciso que se formulen políticas de desarrollo sectorial para cada actividad (limones, peras, manzanas, uvas, etc.) que sean sustentables en el tiempo, con lo que se estaría incentivando a los empresarios a realizar más inversiones para no perder la competitividad, y motivarlos -así- a crecer y no tener, como en la actualidad, que son más los que quieren salir de este negocio, que los que quieren apostar al crecimiento.
Para los citricultores tucumanos la crisis es profunda y, al parecer, llegó la hora de que el Estado se anime a aceptar esta realidad y asuma la negociación de nuevas reglas del juego, para el bien de la región y, por ende, de la economía nacional.















