22 Junio 2007
La solución al trabajo infantil rural es un desafío para el sector público y el privado
En Ginebra, líderes de organizaciones, laborales y autoridades políticas de todo el mundo asumieron el compromiso de luchar contra la explotación de los niños. Por Ernesto José Caram - Sección Rural.
UN FLAGELO QUE ESTA A LA VISTA. La actividad azucarera suele emplear mano de obra infantil para la cosecha. ARCHIVO LA GACETA
Líderes de organizaciones sindicales, laborales y autoridades políticas de todo el mundo asumieron la semana pasada, en Ginebra, el compromiso de fijar a 2007 como el punto de inflexión para iniciar la protección de la población infantil rural y buscarles alternativas de vida digna que eviten diferentes forma de explotación. Este compromiso implica darles calidad de vida, con programas efectivos para evitar que esos trabajos indignos los lleven, indefectiblemente, a convertirse en potenciales jóvenes y adultos excluidos de todos los sistemas sociales del planeta. En el NOA, NEA y Cuyo viven más de 4 millones de niños y gran parte de ellos habita en las zonas rurales. A su vez, más de 400.000, de entre 5 y 13 años de edad, trabajan en actividades laborales similares a las de un adulto. A esta cifra hay que sumarle los niños y adolescentes de hasta 17 años que son explotados bajo diferentes formas de trabajo ilegal, en actividades como la cosecha del tabaco; de la caña de azúcar, de cítricos y del algodón, es decir, en todas las actividades que demandan gran cantidad de mano de obra.
Precariedades
Y esto está a la vista de todos. No hace falta ocultarlo. El trabajo infantil causa un fuerte impacto negativo en su educación, ya que los lleva a incurrir en inasistencias reiteradas que finalmente culminan con la deserción escolar y con una hipoteca sobre su futuro. Tampoco hay que dejar de mencionar el riesgo de que los niños contraigan enfermedades de distinto tipo, debido a las precarias condiciones en que deben trabajar (frío, desnutrición, intoxicación, chagas, etc).
Desde el Ministerio de Trabajo de la Nación se conformó una comisión (CONAETI) para la erradicación del trabajo infantil en un país como la Argentina, en donde cientos de miles de niños trabajan bajo el manto de la actividad agropecuaria. La solución no es evitar que ellos vayan a los campos acompañando a sus padres sino que pasa por buscar los medios de contención que los proteja, no lleguen a los campos y vivan dignamente en sus hogares, mientras sus padres trabajan por un salario digno. De esta manera se creará un ámbito adecuado para la educación y el desarrollo de eso chicos, en un ambiente protegido. En el Tucumán que nos toca vivir poco se hizo desde el sector público como el privado para evitar el trabajo de los niños en el campo. Enfrentar el problema y buscar soluciones es la mejor manera de promover la educación, la lucha contra el analfabetismo y la dignificación de la vida de esos niños. Ningún negocio puede justificar la explotación infantil.
Otra gran verdad es que el trabajador rural históricamente no fue bien remunerado y su salario depende de las condiciones climáticas. Si llueve no trabaja, si no trabaja no cobra y si no cobra su familia no tiene posibilidades de desarrollarse. Pero esto no es culpa de la actividad privada; las soluciones deben compartirse entre lo público y lo privado. Este es el gran desafío, en procura de que los niños tucumanos jueguen con juegos de chicos y no a ser adultos. Hay que dejarlos soñar con llegar a grandes.















