20 Julio 2007
Las heladas causaron daños importantes a la caña
Tres técnicos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres evaluaron que la ocurrencia severa del frío invernal dañó principalmente los lotes ubicados en el este y en el sur tucumano, donde hay implantadas algunas variedades más sensibles a la temperaturas bajas y con cañaverales de menor nivel de producción.
EFECTOS. Los daños observados en los cañaverales fueron quema del follaje superior y, en muchos casos, los efectos se dieron en las yemas apicales. ARCHIVO LA GACETA
En Tucumán, la ocurrencia de heladas severas provocó pérdidas importantes en la producción de azúcar, tanto en la cantidad de caña y como en la calidad. En este último caso, además del deterioro de la materia prima las dificultades se generaron en la recuperación fabril de azúcar, señalaron, a través de un informe, Eduardo Romero, Jorge Scandaliaris y Patricia Digonzelli, técnicos de la EEAOC.
Durante el 9 y el 12 de este mes, ocurrieron los fríos más intensos y prolongados. Fueron heladas desde suaves a muy severas, por lo que su incidencia fue generalizada y con efectos variables sobre el cañaveral. Estos dependen en gran medida de su localización, de la variedad implantada, del nivel de crecimiento y producción y del grado de vuelco. Por eso resultaron con daños de mayor importancia los lotes ubicados en el este y en el sur de la provincia, áreas éstas con variedades mas sensibles al frío y con cañaverales de menor nivel de producción y/o volcados.
También las yemas fueron dañadas en grado variable, desde casos con afectación del brote guía a situaciones extremas, en que prácticamente todas las yemas resultaron afectadas. Los expertos recomendaron, en el caso de caña semilla, realizar un monitoreo cuidadoso de los lotes semilleros.
Si bien los daños ocasionados por las heladas dependen en primera instancia de su intensidad y duración, la magnitud final de las pérdidas de azúcar estará condicionada por la incidencia de otros factores. Entre ellos, se destacan la influencia de las condiciones ambientales que se registren tras las heladas (temperatura, humedad y lluvias), el comportamiento de los cultivares comerciales (nivel de maduración, capacidad productiva y cobertura, tolerancia al deterioro), pero adquiere una vital importancia la oportunidad y la calidad de la cosecha, remarcaron los especialistas de la EEAOC.
El impacto negativo de las heladas sobre el rendimiento fabril es una consecuencia de dos efectos importantes. El primero deriva del daño que el frío provoca en el follaje del cañaveral, que afecta a la fotosíntesis y paraliza la maduración. Así, el contenido máximo de azúcar en campo queda prácticamente determinado por el nivel que alcanzó el cañaveral, antes de la ocurrencia de las heladas.
El otro efecto perjudicial se expresa en el período post helada e implica el progresivo deterioro de los jugos, la reducción del contenido de sacarosa, el aumento de las sustancias no deseables y la afectación de la recuperación del azúcar y su calidad.
En los casos de heladas severas el proceso de deterioro se inicia a los pocos días de su ocurrencia. Pero hasta mediados o fines de agosto registran una disminución más suave del rendimiento fabril. Por esta razón, debería priorizarse la cosecha de estos cañaverales.
En este sentido, los especialistas apuntaron que adquiere una significativa importancia adecuar, en función del grado de afección de los cañaverales, la secuencia de cosecha.
En cuanto a los cultivares, resulta importante considerar su nivel madurativo actual y la tolerancia de los jugos al deterioro post helada, especialmente orientado a establecer un orden de cosecha.
En las áreas en las que se registraron las heladas de mayor duración e intensidad es conveniente iniciar rápidamente la cosecha de las variedades mas sensibles (RA 87-3; TUC 77-42, otras) y luego CP 65-357 y LCP 85-384.
Un aspecto central para minimizar las pérdidas de azúcar asociadas al deterioro por el frío, radica en acelerar y optimizar el ritmo de cosecha y de molienda. Respecto de la primera, resulta fundamental evitar, restringir y controlar la quema de los cañaverales y reducir el estacionamiento de la materia prima en el campo, durante el transporte y en la fábrica. Debe priorizarse la cosecha integral sin quema y en el menor tiempo.
La ejecución de un despuntado más severo en la cosecha de cañaverales afectados por heladas puede tener influencia en la calidad de la materia prima, al favorecer una mayor recuperación de azúcar y minimizan las pérdidas.
Si a esto se agrega un manejo inadecuado de la cosecha (uso del fuego, estacionamiento, mal despuntado, etc.), el deterioro puede significar la pérdida total del valor económico de la materia prima.
“Los esfuerzos del sector productivo deberían centrarse en evitar -de cualquier manera- que el fuego ingrese a los cañaverales debido al alto grado de combustibilidad”, resaltaron Romero, Scandaliaris y Digonzelli, en su completo informe.
Concluyeron en que es imprescindible que tanto los productores como la población tomen conciencia de que el fuego es el peor enemigo de la actividad. Apuntaron que Vialidad debería suprimir la quema de las banquinas, para evitar que desde allí se propague el fuego a los cañaverales.
Durante el 9 y el 12 de este mes, ocurrieron los fríos más intensos y prolongados. Fueron heladas desde suaves a muy severas, por lo que su incidencia fue generalizada y con efectos variables sobre el cañaveral. Estos dependen en gran medida de su localización, de la variedad implantada, del nivel de crecimiento y producción y del grado de vuelco. Por eso resultaron con daños de mayor importancia los lotes ubicados en el este y en el sur de la provincia, áreas éstas con variedades mas sensibles al frío y con cañaverales de menor nivel de producción y/o volcados.
También las yemas fueron dañadas en grado variable, desde casos con afectación del brote guía a situaciones extremas, en que prácticamente todas las yemas resultaron afectadas. Los expertos recomendaron, en el caso de caña semilla, realizar un monitoreo cuidadoso de los lotes semilleros.
Si bien los daños ocasionados por las heladas dependen en primera instancia de su intensidad y duración, la magnitud final de las pérdidas de azúcar estará condicionada por la incidencia de otros factores. Entre ellos, se destacan la influencia de las condiciones ambientales que se registren tras las heladas (temperatura, humedad y lluvias), el comportamiento de los cultivares comerciales (nivel de maduración, capacidad productiva y cobertura, tolerancia al deterioro), pero adquiere una vital importancia la oportunidad y la calidad de la cosecha, remarcaron los especialistas de la EEAOC.
El impacto negativo de las heladas sobre el rendimiento fabril es una consecuencia de dos efectos importantes. El primero deriva del daño que el frío provoca en el follaje del cañaveral, que afecta a la fotosíntesis y paraliza la maduración. Así, el contenido máximo de azúcar en campo queda prácticamente determinado por el nivel que alcanzó el cañaveral, antes de la ocurrencia de las heladas.
El otro efecto perjudicial se expresa en el período post helada e implica el progresivo deterioro de los jugos, la reducción del contenido de sacarosa, el aumento de las sustancias no deseables y la afectación de la recuperación del azúcar y su calidad.
En los casos de heladas severas el proceso de deterioro se inicia a los pocos días de su ocurrencia. Pero hasta mediados o fines de agosto registran una disminución más suave del rendimiento fabril. Por esta razón, debería priorizarse la cosecha de estos cañaverales.
En este sentido, los especialistas apuntaron que adquiere una significativa importancia adecuar, en función del grado de afección de los cañaverales, la secuencia de cosecha.
En cuanto a los cultivares, resulta importante considerar su nivel madurativo actual y la tolerancia de los jugos al deterioro post helada, especialmente orientado a establecer un orden de cosecha.
En las áreas en las que se registraron las heladas de mayor duración e intensidad es conveniente iniciar rápidamente la cosecha de las variedades mas sensibles (RA 87-3; TUC 77-42, otras) y luego CP 65-357 y LCP 85-384.
Un aspecto central para minimizar las pérdidas de azúcar asociadas al deterioro por el frío, radica en acelerar y optimizar el ritmo de cosecha y de molienda. Respecto de la primera, resulta fundamental evitar, restringir y controlar la quema de los cañaverales y reducir el estacionamiento de la materia prima en el campo, durante el transporte y en la fábrica. Debe priorizarse la cosecha integral sin quema y en el menor tiempo.
La ejecución de un despuntado más severo en la cosecha de cañaverales afectados por heladas puede tener influencia en la calidad de la materia prima, al favorecer una mayor recuperación de azúcar y minimizan las pérdidas.
Si a esto se agrega un manejo inadecuado de la cosecha (uso del fuego, estacionamiento, mal despuntado, etc.), el deterioro puede significar la pérdida total del valor económico de la materia prima.
“Los esfuerzos del sector productivo deberían centrarse en evitar -de cualquier manera- que el fuego ingrese a los cañaverales debido al alto grado de combustibilidad”, resaltaron Romero, Scandaliaris y Digonzelli, en su completo informe.
Concluyeron en que es imprescindible que tanto los productores como la población tomen conciencia de que el fuego es el peor enemigo de la actividad. Apuntaron que Vialidad debería suprimir la quema de las banquinas, para evitar que desde allí se propague el fuego a los cañaverales.












