Para ser más competitivo, el campo tucumano necesita del apoyo oficial

El aumento de los agroquímicos y de los costos de producción desalientan a los pequeños sojeros. Las retenciones también actúan en contra de la región Noroeste. Por Gustavo Frías Silva - Sección Rural.

CON OPTIMISMO. Los excesivos aumentos de los costos de producción no impidieron que los productores tucumanos comiencen la siembra de la soja. ARCHIVO LA GACETA CON OPTIMISMO. Los excesivos aumentos de los costos de producción no impidieron que los productores tucumanos comiencen la siembra de la soja. ARCHIVO LA GACETA
14 Diciembre 2007
Los campos dedicados a la actividad de granos en Tucumán muestran un gran movimiento de pulverizadoras, aviones aplicadores, sembradoras y tractores, lo que indica que la campaña agrícola 2007/2008 está en plena marcha.
Los productores de la provincia más chica de la Argentina siguen apostando fuerte a la siembra de la oleaginosa, ya que actualmente es el grano que ostenta la mayor rentabilidad, si la cosecha llega sin ningún inconveniente que sorprenda a los productores.
La campaña pasada registró unas 283.000 hectáreas sembradas con soja y otras 36.000 con maíz.
Los agricultores conocen a la perfección el gran aumento de los costos de producción que se dieron a lo largo del año, como en semillas, agroquímicos, combustibles y salarios. Como ejemplo inmediato, cabe citar que el gasoil en noviembre de 2006 costaba $ 1,49 el litro, mientras que este mes la tarifa supera los $ 2,20 el litro. El glifosato, en tanto, pasó de U$S 2,80 a U$S 4,90 y la urea de U$S 330 a más de U$S 470.
Además de estos costos, el productor sabe cuáles son los límites hasta dónde debe llevar sus esfuerzos para satisfacer las necesidades permanentes del fisco, “el gran socio sin aporte”, que quiere engrosar sus arcas a toda costa con aumentos impositivos, como son las retenciones a las exportaciones de los commodities y de sus derivados.
En diferentes estudios que realizaron técnicos y economistas, tanto privados como de otras instituciones, inclusive del propio Estado, dejaron en claro que la rentabilidad que pueden lograr los productores depende fuertemente de que no surjan inconvenientes en el cultivo, y que obtengan rendimientos que permitan recuperar todos los gastos directos e indirectos que se generan durante la producción de granos.
Actualmente se habla que para la región NOA los rendimientos de indiferencia que deben tener los campos de los productores para “no perder”, deben superar los 1.700 kilogramos por hectárea en soja y de más de 4.700 kilogramos para el maíz. Esta ecuación “cierra” siempre que no se considere el gasto del arriendo de las tierras de producción.
Esta es una práctica normal en la región por parte de los grandes productores y/o pooles de siembra, ya que muchos productores chicos o medianos -por una cuestión de economía de escala- les conviene alquilar y no ser ellos los que produzcan.
Esta situación se presenta porque el productor de una región marginal, como es el NOA, tiene en claro que cultivar bajo parámetros que él no puede manejar -la suba de precios de insumos, salarios o políticas de gobierno poco claras-, hacen que al negocio no lo vean como rentable.
Los rendimientos de indiferencia subieron fuertemente. Hoy se debe producir con más eficiencia y con todas las precauciones del caso para obtener buenas cosechas y comercializarla como corresponde  -siempre que los buenos precios de la soja se mantengan-. Producir en las actuales circunstancias es más riesgoso y el Estado debe entenderlo.
Por suerte, en Tucumán los factores políticos y productivos se sentaron en una misma mesa a discutir sobre estos temas, en procura de llegar a un acuerdo que satisfaga a todos.
Contra las retenciones impuestas y el actual costo de producción nada se puede hacer; pero sí se puede dar pelea para que los fletes a los puertos de todo el grano producido tenga un costo diferencial, que aporte algo más a los bolsillos del productor.
En general, cuando el productor recibe ese “plus”, se ubica nuevamente en el campo.
Respecto de la mesa de negociaciones, esta práctica -bienvenida sea- debe ser permanente. Desde ella se pueden obtener resultados positivos para el sector y también mejorar las condiciones ante cualquier inconveniente que pueda entorpecer el sistema de producción.

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