Los países vecinos del Mercosur son los únicos beneficiados por el conflicto campo-Gobierno

Es preocupante advertir que, en el corto plazo, Brasil puede convertirse en el principal proveedor de alimentos de la Argentina, que incluirá carne y trigo. Por Ernesto José Caram - Sección Rural.

PARA EXPORTAR. En el puerto de Rosario se realizaron millonarias inversiones para mejorar el complejo de recepción y de carga de las producciones. LA GACETA PARA EXPORTAR. En el puerto de Rosario se realizaron millonarias inversiones para mejorar el complejo de recepción y de carga de las producciones. LA GACETA
23 Mayo 2008
Una vez más quedó demostrado que los hombres de campo tienen suficientes gestos de grandeza. Decidieron levantar el paro agropecuario y esperar el convite a un diálogo sincero por parte de las principales autoridades del Gobierno nacional.
El comité de enlace conformado por las cuatro entidades más representativas de los productores argentinos convencieron a sus bases, apostadas a los costados de las rutas de todo el país, para que interrumpan sus legítimos reclamos, ya que irritaban de manera injustificada al Gobierno Central.
Ya son más de cinco los años que el matrimonio Kirchner no quiere escuchar los reclamos de un sector que se esforzó por cumplir con las exigentes metas impositivas impuestas desde la Nación, hasta el estallido de hace 60 días, con el tema de las retenciones móviles a las exportaciones de granos.
En los próximos días deberían buscarse soluciones concretas a los planteos de las entidades ruralistas abarcando a sectores tan emblemáticos para la economía nacional. Entre ellos, el granario, el lechero, el cárnico y la mayoría de las economías regionales que hoy busca una salida a sus alicaídas cuentas, que por fin se habían recompuesto luego de la crisis de 2001.
Mientras tanto, y hasta que las aguas se aquieten, los únicos que salieron ganando de esta profunda crisis nacional fueron las naciones vecinas del Mercosur.
Es de tal magnitud la preocupación, que no es temerario decir que si no es brusco el golpe de timón en la actual política agropecuaria argentina, Brasil se convertirá en el corto plazo en uno de los principales países proveedores de alimentos a la Argentina, que incluirá carne, trigo y hasta leche en polvo.
Uruguay también está aprovechando esta bonanza y continúa recibiendo, en el transcurso de los días, importantes inversiones provenientes de la Argentina en materia productiva. Son muchos los agricultores argentinos que cruzaron hace más de dos años la frontera y actualmente producen trigo, maíz, soja y hasta carne al otro lado del río.
Por otra parte, lo que asombra y desconcierta más aún es la inteligencia desplegada por el presidente Hugo Chávez en la captación de tecnología e intelecto agropecuario argentino. Y es que los principales polos de desarrollos agropecuarios en el país del controvertido bolivariano están siendo desarrollados por empresarios argentinos, que ya pusieron en marcha la producción de leche, de carne, de soja y hasta poroto con tecnología y material genético argentino.
En estos días se vio salir, desde los principales puertos del país, cientos de sembradoras, pulverizadoras, cultivadoras y cosechadoras argentinas hacia el nuevo socio comercial del Mercosur: Venezuela.
Es seguro que Chávez también está sacando ventajas de este mar revuelto que sacude a toda Argentina. El bolivariano logró comprender lo que los Kirchner todavía no se dan cuenta: “las grandezas y riquezas de un país no están sólo en el petróleo sino también en el material humano que fue capacitado profesionalmente para producir con elevada calidad, alimentos para darle de comer a más de 500 millones de seres humanos”.
Por eso es reiterativo decir que el sector alimentario es estratégico en la política de cualquier país que quiera posicionarse seriamente en un contexto internacional, que es altamente exigente y competitivo. Y precisamente esto es lo que en la Argentina se está debatiendo por estos días. Si seguirá siendo un líder en la provisión de agroalimentos o quedará relegado a ser furgón de cola en el plano mundial, resignado a un futuro que difícilmente podrá remontar.
Todos apostamos para que se selle un gran acuerdo agropecuario y nacional antes del 25 de Mayo, fecha tan querida y memorable para todos los argentinos. La esperanza está latente y no hay nadie que no quiera que el Gobierno y el campo demuestren que, en los momentos más difíciles, ambos sectores están a la altura de las circunstancias.

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