27 Junio 2008
Los sectores productivos de soja reclaman reglas claras de juego para incentivar las inversiones
En todo el mundo, tanto los pequeños y medianos cultivadores como los pool de siembra buscan la escala de producción para que el negocio sea rentable. Por el contrario, nadie está dispuesto a invertir para perder. La controversia por la tributación de productores chicos y grandes se instaló en el Congreso. Distintos factores quieren que pagen más impuestos quienes más ganan. Por Ernesto Caram - Sección Rural
El efecto multiplicador que produjo el campo en la economía argentina en las últimas décadas es un hecho tangible. La situación, hoy en un marco controversial, se instaló en la sociedad argentina a partir del conflicto entre el Gobierno nacional y el campo, y dividió las opiniones. Las referencias a favor o en contra de los ruralistas surgen desde sectores que analizan con liviandad el trabajo de los productores, o de otros que saben lo que es el riesgo de invertir para conseguir lo que la tierra puede dar, pero cruzando los dedos para que la naturaleza ayude con el clima y otros factores exógenos.
En todo el mundo, tanto los grandes y medianos productores como los pool de siembra (grupo de inversores), buscan la escala productiva (grandes volúmenes) para que el negocio sea rentable. Caso contrario, para nadie es atractivo invertir y arriesgar sin rentabilidad.
El negocio del agro necesita de altas inversiones que deben someterse a un elevado riesgo, muchos de ellos inmanejables como -siempre lo fue- el climático. La bibliografía cuando habla de los pool de siembra establece que es un sistema de producción agraria caracterizado por el papel que juega el capital financiero y la organización de un sistema empresarial. Estos asumen el control de la producción agropecuaria mediante el arrendamiento de campos y la contratación de equipos de siembra, cosecha y transporte, con el fin de generar economías de escala y altos rendimientos.
Pero hay que aclarar que este tipo de sistema abre el juego productivo y genera un efecto multiplicador entre las empresas de servicios, contratistas, comercializadores y transportistas, además de fuertes movimientos en las economías del interior del país. Cuando estos inversores finalizan la cosecha y comercializan el producto, las ganancias son distribuidas y nuevamente invertidas en el agro, en la industria, en el comercio o en la construcción.
La ley ampara estos emprendimientos productivos bajo la figura legal de fideicomisos agropecuarios. Y como todo negocio de esta envergadura, genera rispideces por algunos beneficios propios de la gran inversión. De allí que sean razonables los cuestionamientos referidos a la exención del Impuesto a la Ganancia de estos fideicomisos, así como el pedido de revisión de esa ley en el Congreso, para generar el marco legal donde todo aquel que gane más tribute más. Pero siempre a través de un impuesto que grave a las ganancias, y siempre en forma equitativa.
Un pool de siembra se conforma con un fondo que reúne el aporte en dinero de varios inversores, y ese fondo se utiliza para contratar los bienes y servicios necesarios que requiere un nuevo emprendimiento. Este incluye la siembra para una cosecha agraria y también la distribución de la ganancia entre los miembros del pool.
En este tipo de inversiones, algunos apuestan a “los ladrillos” (negocios inmobiliarios) y otros a los granos.
El destino que cada uno le da a sus ahorros es un derecho que se puede ejercer en un país democrático. Los negocios financieros existen en todo el mundo. En el caso de los pool de siembra, desempeña, inevitablemente, un papel relevante en la producción de soja, de maíz o de trigo, que son en estos momentos los negocios de “moda”, por su alta renta.
Cuestionados o no en el mundo financiero, dan trabajo a más de 200.000 pequeños y medianos productores. En este marco, la Argentina se convirtió en las últimas décadas en el tercer productor mundial en el mercado de venta de semillas y en el primero en el mercado exportador de aceites de soja.
Además, el país logró ingresos por las exportaciones agropecuarias por cientos de millones de dólares, que estabilizaron la crisis de 2001. Paradójicamente, los pool de siembra nacieron en el país en la década del 90 (durante el gobierno de Carlos Menem), cuando se cultivaban unas 400.000 hectáreas bajo esta modalidad, pero tomaron un gran auge a partir de 2003 (con el gobierno de Néstor Kirchner).
Se estima que actualmente el 20% del área sembrada con soja en la Argentina la manejan estos inversores bajo la modalidad de pool de siembra. La iniciativa productiva no es combatida desde los sectores ruralistas, pero las voces del campo piden que se fortalezcan con reglas claras de juego, como la producción sustentable, las rotaciones, con contratos de arriendo a largo plazo, con tributos acordes a las ganancias, entre otros tópicos.
Hasta el mismo Hugo Chávez comprendió la importancia de producir soja a gran escala y para lograr su objetivo contrató al “Grupo Los Grobos”, el mayor pool de siembra argentino, para que lleve toda la tecnología que existe para producir la oleaginosa y convertir a Venezuela en un gran país productor del alimento.
Argentina tiene la oportunidad de aprovechar su ventaja competitiva en la producción sustentable de soja, para no atarse a un monocultivo.
Lo más popular















