El campo sufre por la falta de agua

La severidad del estrés hídrico ya se siente en todo el Noroeste Argentino. Los campos sufren sus efectos, sobre todo en los principales cultivos de la región. A los cañaverales los dañó la falta de agua.

PERJUICIOS. La brotación de las cañas socas, el nacimiento de las cañas plantas y el macollaje futuro se verán afectados por la falta de agua en el cañaveral. PERJUICIOS. La brotación de las cañas socas, el nacimiento de las cañas plantas y el macollaje futuro se verán afectados por la falta de agua en el cañaveral.
10 Octubre 2008

La sequía es la ocurrencia transitoria de limitaciones en la disponibilidad de humedad del suelo, que produce un déficit de agua en la planta lo bastante importante como para afectar su normal crecimiento. Estos conceptos se desprenden de un informe elaborado por la Sección Caña de Azúcar de la EEAOC, al que tuvo acceso LA GACETA Rural.
La severidad del estrés hídrico depende de su intensidad, de su duración y de la fase fenológica del cultivo, generando desde ligeras alteraciones metabólicas hasta la muerte de órganos e individuos.
Estimaciones realizadas en Tucumán indican que para un ciclo de 10 meses la caña de azúcar tiene un requerimiento hídrico de alrededor de entre 1.200 milímetros (mm) de agua y 1.300 mm.
La ingeniera Patricia Digonzeli sostuvo a LA GACETA Rural que el mayor consumo de agua se produce en el verano, durante la fase que se conoce como "gran crecimiento", período crítico durante el cual se construye el "rendimiento cultural" del cañaveral (toneladas de caña/ha).

La producción
Sin embargo, las fases iniciales del cultivo (brotación y macollaje) también requieren de una buena disponibilidad hídrica que asegure su cumplimiento en forma rápida y eficiente, y permita el establecimiento de una buena y uniforme población de tallos.
Por lo tanto, para obtener elevadas producciones de caña es importante satisfacer los requerimientos hídricos del cultivo en cada una de sus fases. En las condiciones ambientales que existen en Tucumán, con una primavera seca, es frecuente que las necesidades hídricas de la caña de azúcar -en las fases de brotación y macollaje- no lleguen a ser adecuadamente satisfechas.
Durante el verano, la frecuencia e intensidad de las lluvias permite, normalmente, satisfacer los requerimientos hídricos del cañaveral. Debemos recordar que en nuestra provincia, aproximadamente el 75% de la caña de azúcar se realiza sin el aporte de riego, por lo cual -y dependiendo de su intensidad, duración y momento de ocurrencia- la sequía afectará en mayor o menor medida la producción de los cañaverales.

Los cambios
El comportamiento de la caña de azúcar frente a condiciones de déficit hídrico varía según se trate de "caña planta" o "caña soca".
Estudios realizados en Tucumán por la EEAOC, comparando años con suministros de agua diferenciales, demostraron que en "caña planta" el componente del rendimiento cultural más afectado fue el número de tallos.
En esta edad, la sequía afectó la emergencia de los brotes, produjo la muerte de tallos ya establecidos y retrasó significativamente el macollaje, llegando a provocar una disminución de la población de tallos de aproximadamente un 38%.
En "caña soca", en cambio, la sequía afectó en mayor medida el peso y la altura de los tallos, más que su población.
En este caso, se reportaron disminuciones de peso y de altura cercanas al 50% y al 40%, respectivamente.

Los perjuicios
Existen evaluaciones realizadas en cañaverales de Tucumán que indican que "en condiciones de sequías severas las pérdidas de producción de los cañaverales pueden superar el 50%".
Algunas prácticas de manejo pueden ayudar a reducir los efectos negativos del déficit hídrico.
Por ejemplo, el mantenimiento de los residuos de la cosecha sobre el suelo favorece una mayor conservación de la humedad edáfica. Además, contribuye a subsanar las deficiencias hídricas estacionales características de nuestra zona.
Cuando se queman esos restos de la cosecha, como publicamos en la edición anterior de LA GACETA Rural, el suelo se queda sin protección por lo que el agua de lluvia no logra infiltrarse en profundidad, con lo que el subsuelo no alcanza un buen nivel de humedad).
Otras prácticas de fundamental importancia son aquellas que se realizan para eliminar las capas compactadas de suelo, las cuales favorecen el desarrollo de sistemas radiculares más profundos capaces de explorar capas de suelo que todavía conservan humedad y ayudan a mejorar la respuesta del cañaveral cuando se producen situaciones de estrés hídrico como las que sufre actualmente.

Comentarios