Por Leo Noli
14 Enero 2013
Papá Renato lo empujó a seguir sus pasos. Francisco, de apenas cinco años, no dudó y le dio el sí al viejo campeón de motocross chileno que supo dominar la década del 80. Tres campeonatos nacionales hacían de "Chaleco" senior una verdadera figura. Ahí fue cuando Francisco decidió volar bajo el alero de la sangre familiar. Entonces, "Chaleco" junior pronto saltó a la fama, a fuerza de superación, ganas y mucho trabajo.
No conforme de tanto triunfo, dejó los viejos hábitos y mutó a otros estilos hasta llegar a irrumpir en el cross country y hacerse de un nombre en la carrera que todos sueñan ganar pero que pocos apenas si tienen oportunidad de concluirla: el Rally Dakar.
En 2010, con la experiencia de un veterano, rompió los moldes llevándose el tercer lugar siendo debutante. En 2011 fue por todo y padeció el final menos pensando: un colega lo arrió hasta la meta. Pasó de casi confirmado tercero a un cuarto y dolorosísimo casillero. El año pasado llegó entre algodones, después de pegarse un palazo en Túnez, abandonó. Y hoy, con medio Dakar 2013 en el bolsillo, López vuelve al lugar que su público ansía desde la primera vez que saltó a la fama: al de los protagonistas de siempre.
"Argentina es difícil. El terreno es complicado. Acá se define la carrera", pronostica con la sabiduría de los que entienden lo que puede pasar de antemano, aunque él mismo confiese luego que prefiere vivir el día a día y no pensar a futuro. "La moto puede romperse. Acá empezó el rally", inisite el chileno, quizás el gran candidato junto con el francés y campeón defensor Cyril Despres.
"El apoyo de la gente es tremendo; muy bueno, muy bueno. Me quieren mucho en la Argentina, así que estoy muy contento. Gracias a los argentinos porque en la ruta me apoyan siempre", regala Francisco sus sensaciones al fan de carne y hueso, aquel que, según afirma, le da fuerzas.
"Ha sido buena esta semana, gané tres etapas y los tiempos están apretados. Hay muchos pilotos que vienen con fuerza. Yo, en cambio, estoy buscando una estrategia donde pueda ser constante. Todo va bien. La moto, el equipo y yo, que estoy bien físicamente. Esperemos que la semana que viene sigamos por este mismo camino para pasar a Chile. Ojalá sea metidos entre los cinco primeros", se ilusiona el Nº 3 de la clasificación general de las motos, quien tiene al francés David Casteu, el líder, en la mira, a poco más de 12 minutos. Nada.
La serenidad es su as de espadas. "Cuando uno se pone a atacar, comete errores. En mi caso, he sido muy constante, he dejado llevar las cosas. Mi motocicleta se ha portado muy bien, el equipo también. Gracias a eso fui muy regular en esta semana que se va", dice y vuelve al definir la paridad que existe entre la veteranos como él (37) y los jóvenes. "Esta carrera está para cualquiera".
Punto de quiebre
"Chaleco" no reniega de la realidad. Entiende que cada uno sabe o debe saber cómo vivir su propio infierno. "Las horas de sueño, que han sido muy pocas, y la cantidad de kilómetros arriba de la moto han sido notorios", enumera López lo complicado del rally, incluso por encima de los especiales. El trasfondo, lo que no se ve, lo que no suma para la tabla, se convierte en una verdadera trampa mortal. Así lo demuestran las estadísticas del Dakar por estas latitudes. Desde que largó en 2009, en cada edición al menos una víctima se cobró.
Hace unos días, cruzando el Paso de Jama, el francés Thomas Bourgin, aparentemente se quedó dormido, chocó y falleció. "La altura da mucho sueño, imagínate a las 3.30 de la mañana. Yo creo que cualquiera se pude quedar dormido. Yo pegué dos o tres cabezazos. Cuando alguien pierde la vida es duro. Sobre todo cuando se trata de un niño", reconoce el ídolo trasandino, pero no exige cambios.
No hay nada que revisar. "Es que es parte de la carrera. El cruce de país por altura y hacerlo de madrugada al enlace, es parte de la competencia. Si no, todo sería prácticamente especial y especial. Acá andás 10.000 kilómetros en la moto. Es parte del riesgo de la carrera", explica, y entrega una panorama claro de la situación.
"(El viernes) dormimos en el piso de un Gimnasio y eso es parte del espíritu del Dakar. Nos despertamos a las 4 AM con frío; llovía. Es fuerte todo eso; es lo que busca la gente acá. En mi caso, yo vengo a correr, pero los pilotos amateurs, algunos europeos o todo aquel que quiere hacer la experiencia Dakar, eso es lo que se lleva a la casa", puntualiza sin bajarse de la moto López, y acelera por el carril de la denominada autoeliminación deportiva. Una encrucijada de lo que recién mencionó.
"Vienen pilotos jóvenes que no tienen experiencia de navegación ni de abrir pista, pero vienen al ritmo, a la par de los punteros. El sábado, por caso, se me pegó uno que no sé quién es y tuve que levantarle la mano porque no venía haciendo la hoja de ruta. Iba a fondo y se comía todas las curvas. En un momento le dije: 'para, para, cálmate'. Esas ganas terminan pagándose caro cuando el piloto se equivoca".
No conforme de tanto triunfo, dejó los viejos hábitos y mutó a otros estilos hasta llegar a irrumpir en el cross country y hacerse de un nombre en la carrera que todos sueñan ganar pero que pocos apenas si tienen oportunidad de concluirla: el Rally Dakar.
En 2010, con la experiencia de un veterano, rompió los moldes llevándose el tercer lugar siendo debutante. En 2011 fue por todo y padeció el final menos pensando: un colega lo arrió hasta la meta. Pasó de casi confirmado tercero a un cuarto y dolorosísimo casillero. El año pasado llegó entre algodones, después de pegarse un palazo en Túnez, abandonó. Y hoy, con medio Dakar 2013 en el bolsillo, López vuelve al lugar que su público ansía desde la primera vez que saltó a la fama: al de los protagonistas de siempre.
"Argentina es difícil. El terreno es complicado. Acá se define la carrera", pronostica con la sabiduría de los que entienden lo que puede pasar de antemano, aunque él mismo confiese luego que prefiere vivir el día a día y no pensar a futuro. "La moto puede romperse. Acá empezó el rally", inisite el chileno, quizás el gran candidato junto con el francés y campeón defensor Cyril Despres.
"El apoyo de la gente es tremendo; muy bueno, muy bueno. Me quieren mucho en la Argentina, así que estoy muy contento. Gracias a los argentinos porque en la ruta me apoyan siempre", regala Francisco sus sensaciones al fan de carne y hueso, aquel que, según afirma, le da fuerzas.
"Ha sido buena esta semana, gané tres etapas y los tiempos están apretados. Hay muchos pilotos que vienen con fuerza. Yo, en cambio, estoy buscando una estrategia donde pueda ser constante. Todo va bien. La moto, el equipo y yo, que estoy bien físicamente. Esperemos que la semana que viene sigamos por este mismo camino para pasar a Chile. Ojalá sea metidos entre los cinco primeros", se ilusiona el Nº 3 de la clasificación general de las motos, quien tiene al francés David Casteu, el líder, en la mira, a poco más de 12 minutos. Nada.
La serenidad es su as de espadas. "Cuando uno se pone a atacar, comete errores. En mi caso, he sido muy constante, he dejado llevar las cosas. Mi motocicleta se ha portado muy bien, el equipo también. Gracias a eso fui muy regular en esta semana que se va", dice y vuelve al definir la paridad que existe entre la veteranos como él (37) y los jóvenes. "Esta carrera está para cualquiera".
Punto de quiebre
"Chaleco" no reniega de la realidad. Entiende que cada uno sabe o debe saber cómo vivir su propio infierno. "Las horas de sueño, que han sido muy pocas, y la cantidad de kilómetros arriba de la moto han sido notorios", enumera López lo complicado del rally, incluso por encima de los especiales. El trasfondo, lo que no se ve, lo que no suma para la tabla, se convierte en una verdadera trampa mortal. Así lo demuestran las estadísticas del Dakar por estas latitudes. Desde que largó en 2009, en cada edición al menos una víctima se cobró.
Hace unos días, cruzando el Paso de Jama, el francés Thomas Bourgin, aparentemente se quedó dormido, chocó y falleció. "La altura da mucho sueño, imagínate a las 3.30 de la mañana. Yo creo que cualquiera se pude quedar dormido. Yo pegué dos o tres cabezazos. Cuando alguien pierde la vida es duro. Sobre todo cuando se trata de un niño", reconoce el ídolo trasandino, pero no exige cambios.
No hay nada que revisar. "Es que es parte de la carrera. El cruce de país por altura y hacerlo de madrugada al enlace, es parte de la competencia. Si no, todo sería prácticamente especial y especial. Acá andás 10.000 kilómetros en la moto. Es parte del riesgo de la carrera", explica, y entrega una panorama claro de la situación.
"(El viernes) dormimos en el piso de un Gimnasio y eso es parte del espíritu del Dakar. Nos despertamos a las 4 AM con frío; llovía. Es fuerte todo eso; es lo que busca la gente acá. En mi caso, yo vengo a correr, pero los pilotos amateurs, algunos europeos o todo aquel que quiere hacer la experiencia Dakar, eso es lo que se lleva a la casa", puntualiza sin bajarse de la moto López, y acelera por el carril de la denominada autoeliminación deportiva. Una encrucijada de lo que recién mencionó.
"Vienen pilotos jóvenes que no tienen experiencia de navegación ni de abrir pista, pero vienen al ritmo, a la par de los punteros. El sábado, por caso, se me pegó uno que no sé quién es y tuve que levantarle la mano porque no venía haciendo la hoja de ruta. Iba a fondo y se comía todas las curvas. En un momento le dije: 'para, para, cálmate'. Esas ganas terminan pagándose caro cuando el piloto se equivoca".
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